Trigésimo domingo del Tiempo Ordinario
Amar como Dios ama: un corazón que acoge al prójimo
Hermanos y hermanas, la Palabra de Dios nos conduce al corazón del Evangelio:
amar a Dios y al prójimo.
En
el Éxodo (Éxodo 22:20-26), Dios escucha el clamor del extranjero, la viuda, el huérfano y el pobre, y nos llama a proteger su dignidad.
San Pablo (1 Tesalonicenses 1:5c-10) nos recuerda que la fe auténtica se hace testimonio. Jesús une los dos mandamientos más importantes como dos latidos de un mismo corazón: no podemos amar a Dios sin amar concretamente al prójimo.
Hoy, este
Evangelio (Mateo 22:34-40) llama a nuestra parroquia de Saints Peter and Paul a
ver a quienes han sido olvidados,
escuchar a quienes sufren,
defender a las personas vulnerables y
acompañar a quienes están solos.
Pidamos al Espíritu Santo un corazón como el de Cristo, para que nuestras familias y ministerios sean signos vivos de su amor.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero de Saints Peter and Paul
Director y fundador de las Semanas Misioneras Católicas de Utah
West Valley City, UT
West Valley City, 25 de octubre de 2026
Vigésimo noveno domingo del Tiempo Ordinario
Domingo Mundial de las Misiones
La imagen que llevamos
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy Jesús
(Mateo 22:15-21) nos da una lección poderosa:
«Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
La moneda con la que se pagaban los impuestos llevaba la imagen del César, así que le pertenecía al César. Pero nosotros llevamos la imagen de Dios. Por lo tanto, nuestras vidas le pertenecen a Dios.
La primera lectura
(Isaías 45:1, 4-6) nos recuerda que Dios es el Señor de toda la historia: «Yo soy el SEÑOR, no hay otro». Toda autoridad y todo poder provienen, en última instancia, de él.
San Pablo
(1 Tesalonicenses 1:1-5b) elogia a los tesalonicenses por su fe, su amor y su esperanza. Así es como nos entregamos a Dios, no solo con palabras, sino con la forma en que vivimos cada día.
Como cristianos, cumplimos nuestras responsabilidades en la sociedad, el trabajo y nuestras familias. Pero, ante todo, pertenecemos a Dios. Preguntémonos hoy:
¿De verdad le he entregado a Dios mi corazón, mi tiempo y mi vida?
Que esta Eucaristía nos ayude a ofrecernos por completo al Señor.
Al salir hoy, recordemos:
La moneda lleva la imagen del César y pertenece al César; nosotros llevamos la imagen de Dios y pertenecemos a Dios.
Que nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestra vida reflejen a aquel cuya imagen llevamos.
Santos Juan de Brébeuf, Isaac Jogues, Pedro de Alcántara, Pablo de la Cruz, Juan Pablo II, Juan de Capistrano y Antonio María Claret, rueguen por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero de Saints Peter and Paul
Director y fundador de las Semanas Misioneras Católicas de Utah
West Valley City, UT
Domingo, 18 de octubre de 2026
Vigésimo octavo domingo del Tiempo Ordinario
La invitación de Dios al banquete de la vida
Queridos hermanos y hermanas:
Las lecturas de hoy nos ofrecen una hermosa imagen:
Dios prepara un banquete para su pueblo.
Isaías (Isaías 25,6-10a) describe un banquete abundante en el que Dios destruye la muerte, enjuga toda lágrima y colma de alegría a su pueblo. Esta promesa se cumple en Jesucristo, quien invita a todos al Reino de los Cielos.
En el
Evangelio (Mateo 22:1-14), un rey prepara un banquete de bodas, pero muchos de los invitados se niegan a asistir porque están distraídos con el trabajo y sus asuntos personales.
La parábola nos pregunta:
¿Cómo respondo a la invitación de Dios? Nos llama a través de la oración, las Escrituras, los sacramentos y el servicio, pero las preocupaciones mundanas pueden impedir que respondamos.
Entonces el rey invita a todos, tanto a buenos como a malos. La misericordia de Dios se ofrece a todos, y la Iglesia reúne en Cristo a personas de todas las naciones, culturas y procedencias.
Sin embargo, el invitado que no lleva traje de boda nos recuerda que no basta con aceptar la invitación. El traje simboliza una vida transformada por la gracia. Debemos dejar que Cristo nos revista de fe, caridad, humildad, perdón y santidad.
San Pablo (Filipenses 4:12-14, 19-20) nos muestra esta confianza:
«Todo lo puedo en aquel que me fortalece». Tanto en la abundancia como en la necesidad, su fuerza viene de Cristo.
Cada Misa es un anticipo del banquete celestial. Cristo nos invita a su mesa, nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre, y nos pide que respondamos con un corazón agradecido y renovado.
Que nunca demos por sentada su invitación. Que respondamos con alegría, revestidos de fe y amor, y que un día compartamos el banquete nupcial eterno del Cordero.
Santos Calixto I, Teresa de Jesús, Eduviges, Margarita María Alacoque e Ignacio de Antioquía, rueguen por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
Fundador y director de las Semanas Misioneras Católicas de Utah
West Valley City, UT
Domingo, October 11, 2026
Vigésimo séptimo domingo del Tiempo Ordinario
Domingo por el Respeto a la Vida
La viña del Señor: llamados a dar fruto
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy la Palabra de Dios nos presenta la imagen de una viña.
En la primera lectura, Isaías (Isaías 5:1-7) describe a un propietario que prepara cuidadosamente su viña y le da todo lo necesario para que dé fruto. Sin embargo, solo produce uvas silvestres. Esta imagen nos invita a preguntarnos: Dios nos ha dado la fe, la familia, la comunidad y un sinnúmero de bendiciones. ¿Qué frutos ofrecemos a cambio?
En el
Evangelio (Mateo 21:33-43),
el problema no es la viña, sino los arrendatarios. Olvidan que la viña pertenece al dueño. Jesús nos advierte contra esa misma tentación.
Nuestra vida, nuestros dones y nuestros ministerios no nos pertenecen únicamente a nosotros; Dios nos los ha confiado. Estamos
llamados a dar frutos de amor, misericordia, justicia, unidad y servicio.
¿Qué frutos están creciendo en nuestros hogares y en nuestra parroquia?
Los buenos frutos aparecen cuando las familias
rezan juntas, cuando
acogemos a quienes se sienten solos, cuando
perdonamos y cuando
servimos a los demás con humildad.
San Pablo (Filipenses 4:6-9)
nos recuerda que no debemos dejarnos dominar por la ansiedad, sino presentarlo todo a Dios en oración. Cuando llenamos nuestro corazón de lo que es
verdadero, bueno y bello,
damos más fruto como discípulos.
En el centro de todo está Jesús, la piedra angular. Si Cristo es nuestro fundamento, nuestra parroquia estará unida no por preferencias, idiomas o culturas, sino por la fe en él. Pidamos al Señor que quite todo lo que nos impide dar fruto y nos haga trabajadores fieles en su viña.
Que nuestra fe se convierta en una cosecha que bendiga a nuestras familias y a nuestra comunidad. «Aunque venimos de distintos idiomas, culturas y experiencias, somos una sola viña en el Señor, llamados a dar fruto juntos para el Reino de Dios».
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT
Domingo, 4 de octubre de 2026
Vigésimo sexto domingo del tiempo ordinario
Decir sí con nuestra
vida
Queridos hermanos y hermanas:
El Evangelio de hoy
nos invita a examinar la diferencia entre las palabras y las acciones.
El primer hijo rechaza la petición de su padre, pero luego cambia de parecer y va a trabajar a la viña.
El segundo hijo dice lo correcto, pero no actúa.
Jesús nos recuerda que Dios no desea solo promesas, sino corazones dispuestos a convertirse y obedecer.
La
primera lectura de Ezequiel (Ezequiel 18:25-28)
proclama un mensaje de esperanza. Nadie está atrapado por sus errores del pasado. Cuando una persona se aparta del pecado y elige lo que es recto y justo, Dios le ofrece una vida nueva.
La conversión siempre es posible porque la misericordia de Dios es más grande que nuestros fracasos.
San Pablo (Filipenses 2:1-11)
nos lleva aún más lejos al invitarnos a adoptar la actitud de Cristo.
Jesús se humilló, se hizo servidor y dio su vida por los demás.
En nuestra comunidad parroquial,
esto significa dejar de lado el egoísmo, escucharnos, respetar nuestra diversidad cultural y buscar el bien de todos.
Una parroquia cobra vida de verdad cuando sus miembros imitan la humildad y la generosidad de Cristo.
Al comenzar una nueva semana, preguntémonos: ¿Se ve mi «sí» a Dios en la forma en que trato a los demás? ¿Reflejan mis acciones el Evangelio que proclamo? Que el Señor nos ayude
a seguirlo no solo con palabras, sino también con nuestra vida,
y a ser una parroquia unida en la fe, el amor y el servicio.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT
Domingo, 27 de septiembre de 2026
Vigésimo quinto domingo del tiempo ordinario
Domingo Catequético
La generosidad de Dios no tiene límites
Hermanos y hermanas de Derar:
Las lecturas de hoy nos recuerdan que los caminos de Dios son muy distintos de los nuestros.
Por medio del
profeta Isaías (Isaías 55:6-9),
el Señor nos invita a buscarlo mientras está cerca y a confiar en que sus pensamientos son más elevados que los nuestros. A menudo,
medimos la vida según lo que nos parece justo, pero Dios la mide con misericordia, amor y generosidad.
En el Evangelio (Mateo 20:1-16a), los trabajadores que habían laborado todo el día se molestaron porque quienes llegaron a última hora recibieron el mismo salario. Se fijaron en las comparaciones en vez de agradecer. La generosidad del dueño refleja el amor de Dios por cada persona. Tanto si alguien ha seguido a Cristo durante muchos años como si apenas ha iniciado su camino de fe, la invitación y la misericordia de Dios son las mismas.
San Pablo (Filipenses 1:20c-24, 27a)
nos recuerda que la vida encuentra su verdadero sentido en Cristo.
Como discípulos, estamos llamados a vivir de manera digna del Evangelio, confiando en que Dios obra en cada momento de nuestra vida. En lugar de compararnos con los demás, estamos invitados a alegrarnos siempre que otra persona recibe la gracia de Dios.
Como comunidad parroquial,
acojamos a todas las personas con la misma generosidad que Dios tiene con nosotros. Que
nuestros corazones permanezcan abiertos a quienes llegan temprano y a quienes llegan tarde, recordando que siempre hay lugar en la viña del Señor. ¿Me alegro cuando otros reciben las bendiciones de Dios, o me comparo con ellos?
Señor, enséñame a confiar en tu sabiduría y a alegrarme de tu generosidad. Ayúdame a acoger a los demás con el mismo amor y misericordia que me muestras cada día.
San Mateo, san Pío de Pietrelcina, san Cosme y san Damián, rueguen por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT
Domingo, 20 de septiembre de 2026
Vigésimo cuarto domingo del tiempo ordinario
El río inagotable de la misericordia
Perdonados para perdonar, amados para amar
Queridos hermanos y hermanas,
Las lecturas de este domingo
presentan un mensaje desafiante, pero que da vida:
el perdón está en el corazón del discipulado cristiano.
Sirácides (Sirácides 27:30—28:7) nos recuerda que
el rencor y la ira pueden arraigarse en nuestro corazón cuando nos aferramos a las heridas del pasado. Sin embargo,
Dios nos llama a renunciar a la venganza y mostrar misericordia a los demás, así como él ha tenido misericordia de nosotros.
En el
Evangelio (Mateo 18, 21-35),
Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar a alguien que peca contra él. Probablemente Pedro pensaba que era generoso al sugerir siete veces. Pero
la respuesta de Jesús, «setenta y siete veces», revela que el perdón no tiene límites. Mediante la parábola del siervo que no quiso perdonar, Jesús nos enseña que
hemos recibido de Dios un don inconmensurable de misericordia. Como
hemos sido perdonados tanto, estamos llamados a perdonar a los demás de corazón.
Perdonar no significa olvidar el daño ni fingir que la ofensa no ocurrió. Más bien,
significa confiar la justicia a Dios y negarse a dejar que el resentimiento gobierne nuestra vida. El perdón libera tanto a quien perdona como a quien recibe el perdón.
Esta semana,
preguntémonos: ¿Hay alguien a quien necesito perdonar? ¿Hay una herida que sigo cargando? Recordemos que pertenecemos al Señor, como
nos dice san Pablo (Romanos 14:7-9),
y procuremos reflejar la misericordia de Dios en nuestros hogares, en la parroquia y en la comunidad.
Padre misericordioso, has perdonado nuestros innumerables pecados por medio de tu Hijo, Jesucristo. Danos un corazón humilde y compasivo, dispuesto a perdonar. Sana nuestras heridas, aleja todo rencor y ayúdanos a ser instrumentos de tu paz y reconciliación.
Nuestra Señora de los Dolores, santos Cornelio, Cipriano, Roberto Belarmino, Hildegarda de Bingen y Jenaro, rueguen por nosotros. Amén.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT
Domingo, 13 de septiembre de 2026
Vigésimo tercer domingo del tiempo ordinario
El amor que busca la reconciliación
Queridos hermanos y hermanas:
Las lecturas de hoy
nos presentan un hermoso camino para vivir como cristianos:
escuchar la voz de Dios, amar al prójimo y buscar la reconciliación.
En la
primera lectura (Ezequiel 33,7-9), Dios nombra a Ezequiel centinela del pueblo. Un centinela no guarda silencio cuando se acerca el peligro. Del mismo modo, todo cristiano tiene la responsabilidad de velar por el bienestar espiritual de los demás.
El amor verdadero no es indiferente. Advierte con delicadeza, anima y guía a los demás hacia lo que es justo. Callar cuando alguien se está desviando del camino puede ser más fácil, pero Dios nos llama a decir la verdad con valentía y compasión.
El
salmo (Salmo 95:1-2, 6-7, 8-9)
nos invita a abrir el corazón a la voz de Dios: «Si hoy escuchan su voz, no endurezcan el corazón». A menudo, nuestro mayor
obstáculo no es que Dios guarde silencio, sino que nuestro corazón se cierra por orgullo, ira, miedo o indiferencia. El Señor nos habla continuamente por medio de las Escrituras, la oración y las personas que nos rodean.
La pregunta es si estamos dispuestos a escuchar.
San Pablo (Romanos 13, 8-10)
nos recuerda que toda la ley se resume en un mandamiento: «Ama a tu prójimo como a ti mismo».
La fe cristiana no consiste simplemente en cumplir reglas. Consiste en permitir que el amor de Dios transforme nuestras relaciones.
El amor auténtico busca el bien de los demás, respeta su dignidad y se niega a hacerles daño con palabras o acciones.
En el Evangelio (Mateo 18:15-20), Jesús nos da pautas concretas para afrontar los conflictos. Cuando alguien nos ofende, no nos dice que chismeemos, busquemos venganza o dividamos a la comunidad. En cambio, nos llama a buscar la reconciliación paso a paso, comenzando con una conversación personal basada en la caridad. El objetivo no es derrotar a otra persona, sino restablecer una relación rota.
Este mensaje es especialmente importante para la vida parroquial. A veces, las familias, los ministerios y las comunidades viven tensiones y malentendidos.
Cristo nos enseña que la unidad se construye mediante el diálogo sincero, la paciencia, el perdón y la oración.
Cuando escuchamos la voz de Dios, amamos al prójimo y buscamos la reconciliación, Cristo se hace verdaderamente presente entre nosotros. Como promete Jesús: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». ¿Cómo me llama Dios a ser instrumento de reconciliación en mi familia, parroquia o comunidad?
Señor Jesús, ablanda nuestros corazones para que escuchemos tu voz. Llénanos de un amor que busque el bien de los demás y del valor para reconciliarnos cuando nuestras relaciones estén heridas. Ayúdanos a ser testigos fieles de tu misericordia y tu paz.
San Pedro Claver y la Virgen María, rueguen por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT
Domingo, 6 de septiembre de 2026
CARTA PASTORAL PARA EL AÑO PASTORAL 2026-2027
«JESUCRISTO, SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO» (JN 20:28)
Encontrarnos con Cristo y vivir como discípulos misioneros
«Así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a los demás». (Romanos 12:5)
Introducción
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
1. Estas palabras de san Pablo nos recuerdan que vivimos nuestra fe no de manera aislada, sino en comunión. Por el Bautismo, nos convertimos en miembros del Cuerpo de Cristo, unidos en la fe, fortalecidos por la esperanza y llamados a amarnos unos a otros como discípulos del Señor. Al comenzar nuestro año pastoral 2026-2027, invito a cada miembro de nuestra familia parroquial a reflexionar sobre el don y la responsabilidad de pertenecer a una comunidad de fe.
2. Con gratitud a Dios y llenos de esperanza, comenzamos nuestro Año Pastoral 2026–2027 bajo el lema:
«Jesucristo, mi Señor y mi Dios».
3. Estas palabras de Santo Tomás, pronunciadas cuando se encontró con el Señor resucitado, expresan la profesión de fe que queremos hacer nuestra como comunidad parroquial.
4. El Año Pastoral 2025-2026 nos dio la oportunidad de poner nuestra fe en acción para construir un mundo de paz. En el cuestionario de evaluación de este año, el pueblo de Dios afirmó que la fe les ayudó a vivirla en las distintas realidades de su vida.
5. Este segundo año pastoral (2025-2026) abre la puerta al tercer año de la segunda fase (Fase Precatecumenal) de nuestro Proyecto de Gran Evangelización (PGE) parroquial. Este tercer año, que forma parte de la segunda fase, nos prepara para los tres años finales (2027-2030),
que nos conducirán a la preparación inmediata para nuestro Sínodo Parroquial (2031-2032).
6. Vivimos en una sociedad marcada por grandes desafíos, cambios culturales y una profunda búsqueda espiritual. En medio de esta realidad, la Iglesia está llamada a proclamar con renovado entusiasmo que Jesucristo sigue vivo, camina con nosotros y transforma nuestras vidas. Por eso, nuestra parroquia desea responder a la llamada del Señor y convertirse cada vez más en una comunidad que evangeliza, forma discípulos y acoge a todos con amor.
7. Esta carta pastoral busca alentarnos a renovar nuestro compromiso con la misión como comunidad llena de fe. Juntos, profundicemos nuestra relación con Cristo, fortalezcamos los lazos que nos unen y acerquémonos a quienes anhelan esperanza, pertenencia y el amor salvador de Dios. Que este año sea un tiempo de renovación espiritual, vitalidad pastoral y testimonio gozoso en toda nuestra parroquia.
8. Durante este año pastoral, nos hemos fijado una meta clara: ayudar a cada persona a encontrarse personal y conscientemente con Cristo y a elegirlo como Señor de su vida. Todos nuestros esfuerzos pastorales se orientarán a este propósito fundamental. Elegir a Cristo significa elegir una vida de fe, amor, servicio y comunión con Dios y con los demás.
9. A lo largo de este año, cada mes estará dedicado a un tema específico que nos ayudará a elegir a Jesús como nuestro Señor y nuestro Dios, y a vivir nuestra fe con Él cada día:
Agosto: Con Jesucristo, evangelizar en la ciudad
Septiembre: Con Jesucristo, cuidamos la creación
Octubre: Con Jesucristo, dedicarnos a la labor misionera y promover la salud mental
Noviembre: Con Jesucristo, viviendo la generosidad
Diciembre: con Jesucristo, apoyando a las familias
Enero: con Jesucristo, renovar la oración
Febrero: Con Jesucristo, cuidando a quienes sirven
Marzo: Con Jesucristo, respetando la dignidad humana
Abril: Con Jesucristo, evangelizar a través de la belleza y el arte
Mayo: Con Jesucristo, integrando la fe y la vida laboral
Junio: con Jesucristo, usar la tecnología de manera ética
Julio: Con Jesucristo, descansar, valorar y acompañar a los adultos mayores
Una Iglesia que sale al encuentro de los demás
10. Inspirados por el ejemplo de los santos apóstoles Pedro y Pablo, queremos ser una parroquia misionera que no espera pasivamente, sino que sale al encuentro de quienes buscan sentido, esperanza y fe. Deseamos fortalecer nuestra presencia evangelizadora en West Valley City promoviendo iniciativas de acogida, acompañamiento y cercanía, tanto para quienes participan regularmente en la vida parroquial como para quienes se han alejado de la Iglesia.
11. Nuestra diversidad cultural es un don de Dios. Por eso, seguiremos construyendo una comunidad donde cada persona se sienta acogida, valorada y amada, haciendo de nuestra parroquia un verdadero hogar para todos.
Formados para ser discípulos
12. La fe crece cuando se alimenta de la oración, la formación y la vida sacramental. Por esta razón, promoveremos procesos permanentes de formación para niños, jóvenes y adultos, fomentando un conocimiento más profundo de la Sagrada Escritura, la doctrina católica y la misión evangelizadora de la Iglesia.
13. De manera especial, ofreceremos espacios de retiro, reflexión y discernimiento que ayuden a cada fiel a responder personalmente a la pregunta fundamental: ¿Quién es Jesucristo para mí? Nuestro deseo es que cada miembro de la comunidad pueda proclamar con convicción: «Jesucristo es mi Señor y mi Dios».
Una cultura
vocacional
14. Toda vocación nace de un encuentro con Cristo.
Queremos fomentar una auténtica cultura vocacional que ayude a niños, jóvenes y adultos a descubrir el plan que Dios tiene para ellos. Necesitamos familias abiertas a la voluntad de Dios, jóvenes dispuestos a escuchar su llamado y fieles laicos comprometidos a servir generosamente en la misión de la Iglesia.
15. Oremos especialmente por las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por todos aquellos que buscan discernir el camino que el Señor les propone.
Corresponsables de la misión
16. La misión de la Iglesia es tarea de todos.
Cada persona ha recibido dones y talentos para el bien común. Invitamos a todos los fieles a vivir una auténtica espiritualidad de corresponsabilidad, compartiendo su tiempo, sus capacidades y sus recursos materiales para el crecimiento de la comunidad y el servicio a quienes más lo necesitan.
17. La generosidad es una expresión concreta de nuestra fe y una respuesta agradecida al amor que Dios nos muestra cada día.
18. Todos los grupos, servicios y actividades pastorales[1] desarrollarán sus programas teniendo en cuenta el tema de este Año Pastoral y las conclusiones de las respuestas de los feligreses, del Consejo Parroquial y de la Asamblea Parroquial
La Eucaristía, fuente de unidad
19. La Eucaristía ocupa el centro de la vida de nuestra parroquia.
En ella encontramos a Cristo verdaderamente presente, recibimos fuerzas para nuestra misión y vivimos la comunión que nos une como un solo pueblo de Dios.
20. En una comunidad caracterizada por la riqueza de muchas culturas, participar en la misma mesa eucarística nos recuerda que somos una sola familia en Cristo. Queremos fortalecer nuestra identidad católica mediante una participación más consciente, activa y reverente en la liturgia, y también promover la adoración eucarística y la formación litúrgica.
21. En cuanto a la adoración eucarística, tenemos diez horas de adoración al día, cincuenta horas a la semana (de lunes a viernes) y doscientas horas al mes. Muchas gracias a todos los adoradores que dedican su tiempo a adorar a Jesucristo y a ayudar a otros a adorar al Rey de reyes.
Cuidado de la dignidad humana
22. Nuestro compromiso con Jesucristo también se manifiesta en la forma en que acogemos y acompañamos a nuestros hermanos y hermanas. Queremos ser una comunidad atenta a las necesidades de quienes sufren soledad, dificultades familiares, enfermedades, problemas de salud mental, procesos de recuperación, migración o cualquier forma de sufrimiento.
23. La dignidad de toda persona humana es un don sagrado que debemos proteger y promover con amor, respeto y cercanía pastoral.
Una parroquia para toda la ciudad
24. Soñamos con una parroquia que sea:
· Un centro de evangelización
· Una escuela de discipulado
· Un hogar para todas las culturas
· Un puente para quienes se han alejado de la fe.
25. Este sueño solo será posible si cada uno de nosotros asume su papel como discípulo misionero. El Señor nos llama a ser testigos del Evangelio en nuestras familias, lugares de trabajo, escuelas, vecindarios y en todos los ámbitos donde vivimos.
Conclusión
26. Queridos hermanos y hermanas, este Año Pastoral 2026–2027 es una invitación a renovar nuestra relación con Jesucristo. Abramos nuestro corazón a su presencia, permitámosle transformar nuestras vidas y salgamos a compartir con los demás la alegría del Evangelio.
27. Que la intercesión de los santos Pedro y Pablo fortalezca nuestro compromiso misionero. Que la Santísima Virgen María nos acompañe en este camino de fe. Y que, al final de este año pastoral, podamos decir con mayor convicción y alegría: «Jesucristo, mi Señor y mi Dios».
Con mi bendición y mis oraciones para todos ustedes.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
Rivière-du-Loup, Quebec (Canada) Sábado, 1 de agosto de 2026 — Memoria de San Alfonso María de Ligorio
[1] Damos gracias a Dios por los 46 grupos, servicios y actividades pastorales presentes en nuestra comunidad parroquial.
Vigésimo segundo domingo del Tiempo Ordinario
Misa de apertura del Año Pastoral 2026-2027
Fuego en el corazón, luz para el camino
Queridos hermanos y hermanas:
La Palabra que escuchamos hoy
nos inquieta de la mejor manera posible.
Jeremías (Jeremías 20, 7-9)
confiesa que la llamada de Dios se ha vuelto «como un fuego ardiente en mi corazón, encerrado en mis huesos». Intentó silenciar el mensaje y apartarse de la misión,
pero el fuego de Dios no se lo permitió. Esto nos recuerda que
el discipulado auténtico rara vez es cómodo.
Cuando el Señor nos llama, no se limita a invitarnos a sentir inspiración; nos invita a transformarnos.
San Pablo (Romanos 12, 1-2) hace eco de esta verdad: «No se acomoden a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente». La vida cristiana no es pasiva. Consiste en ofrecernos continuamente —nuestros hábitos, nuestras prioridades, nuestros temores— para que Dios nos transforme según su voluntad.
La renovación no ocurre una sola vez; es una entrega diaria.
Y entonces Jesús pronuncia la palabra decisiva
(Mateo 16:21-27):
«El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga».
La resistencia de Pedro refleja la nuestra.
Queremos un Mesías sin sufrimiento, una misión sin sacrificio, una fe sin costo. Pero Jesús revela que el amor —el amor verdadero— siempre lleva una cruz. No porque Dios se complazca en el dolor,
sino porque el camino de la entrega conduce inevitablemente por momentos de pérdida, incomprensión y renuncia.
Sin embargo, la promesa es asombrosa:
«El que pierda su vida por mí, la encontrará». La cruz no es el final; es la puerta a la vida. Cuando soltamos aquello a lo que nos aferramos —nuestro control, nuestra comodidad, nuestra autosuficiencia— descubrimos una libertad y una alegría que el mundo no puede darnos.
Hoy, pidamos
la gracia de acoger el fuego de Dios en nuestro corazón, permitir que su Palabra transforme nuestra mente y seguir a Cristo con valentía, incluso cuando el camino asciende hacia la cruz. Quien nos llama también nos sostiene, y en su luz encontramos la vida verdadera.
San Gregorio Magno, ruega por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT
Vigésimo primer domingo del Tiempo Ordinario
Las llaves para servir, no para ejercer el poder
Queridos hermanos y hermanas:
Las lecturas de hoy revelan una sola verdad luminosa:
Dios confía la autoridad solo a quienes tienen el corazón arraigado en Él.
En Isaías (Isaías 22:19-23), la caída de Sebná no es un drama político, sino una consecuencia espiritual. Su liderazgo se ha vuelto egoísta, por lo que el Señor lo destituye y eleva a Eliaquín, un hombre que será «un padre para los habitantes de Jerusalén». A los ojos de Dios, la autoridad siempre está al servicio de los demás: es paternal y protectora. La llave que se pone sobre el hombro de Eliaquín no simboliza poder, sino responsabilidad.
San Pablo (Romanos 11:33-36) nos invita entonces a elevar la mirada: «¡Qué profunda es la riqueza, la sabiduría y la ciencia de Dios!». La autoridad humana es frágil; la sabiduría divina es insondable. Todo comienza en Dios, pasa por Dios y vuelve a Dios. Este es el fundamento del liderazgo cristiano: la humildad ante el misterio.
En el Evangelio (Mateo 16:13-20), este misterio alcanza su plenitud. La confesión de Pedro —«Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo»— no es fruto de la astucia ni de la argumentación. Jesús lo dice claramente: «Esto te lo ha revelado mi Padre». Y sobre esta revelación, Cristo edifica su Iglesia.
Pedro se convierte en la roca no porque sea fuerte, sino porque
Dios es fiel. Pedro recibe las llaves no porque sea perfecto, sino porque
Dios elige obrar por medio de los pequeños, los vacilantes, los seres humanos.
La promesa es asombrosa: «Las puertas del infierno no prevalecerán». La Iglesia no solo está protegida: vence por medio de Cristo.
Para nuestra parroquia misionera, estas palabras son un mensaje de aliento. No construimos sobre nuestro propio ingenio o nuestras fuerzas. Construimos sobre
la Roca, que es Cristo, guiados por el Espíritu que revela y protegidos por el Padre, cuya sabiduría supera todo entendimiento.
Ejerzamos cada responsabilidad —pastoral, litúrgica, administrativa y evangelizadora— con la humildad de Eliacín, el asombro de Pablo y la fe de Pedro.
Las llaves entregadas a Eliacín y Pedro simbolizan la responsabilidad, la protección y el cuidado del pueblo de Dios.
La autoridad cristiana siempre es pastoral: abre caminos a la gracia, cierra las puertas al mal y guía a la comunidad con humildad.
La fortaleza de la Iglesia no reside en el dominio, sino en la fiel administración de lo que se le ha confiado.
San Bartolomé, san Luis, san José de Calasanz, santa Mónica, san Agustín y san Juan Bautista, rueguen por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT
Vigésimo domingo del Tiempo Ordinario
Una fe que trasciende fronteras
Queridos hermanos y hermanas:
Vivimos en un
mundo lleno de fronteras:
fronteras entre pueblos, culturas, idiomas y generaciones, y también fronteras invisibles que construimos en nuestro corazón. A menudo, consciente o inconscientemente, decidimos quién está «cerca» y quién está «lejos», quién pertenece a «nuestro grupo» y quién no.
Las lecturas de este domingo nos recuerdan una verdad esencial: Dios es más grande que nuestros límites. Su amor va más allá de nuestras categorías, nuestros prejuicios y nuestras limitaciones humanas.
En la
primera lectura (Isaías 56:1, 6-7), el profeta Isaías proclama esta hermosa promesa:
«Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos».
Dios no reserva su presencia para unos pocos privilegiados. Quiere reunir a todos sus hijos.
Su corazón está abierto a todos.
San Pablo (Romanos 11:13-15, 29-32), a su vez, nos recuerda que
los dones y la llamada de Dios son irrevocables.
Dios no retira su amor. Incluso cuando nos alejamos de Él, sigue buscándonos con paciencia y misericordia.
El Evangelio (Mateo 15:21-28) nos presenta el encuentro entre Jesús y la mujer cananea. Esta mujer es extranjera para el pueblo de Israel. Sin embargo, se acerca a Jesús con una confianza admirable. Le suplica que sane a su hija.
Al principio,
se encuentra con el silencio, la incomprensión e incluso el rechazo de los discípulos. Muchos se habrían dado por vencidos.
Pero ella persevera. Sigue creyendo que la misericordia de Dios es más grande que todas las barreras humanas.
Y Jesús finalmente le dice: «¡Mujer, grande es tu fe!». Lo que conmueve a Jesús no es el origen de esta mujer, sino su fe: una fe humilde, perseverante y confiada.
Este Evangelio nos invita a preguntarnos:
¿Qué límites siguen existiendo en nuestro corazón? ¿Hay personas a las que juzgamos demasiado pronto? ¿Personas a las que mantenemos a distancia porque son diferentes de nosotros? ¿Personas a quienes nos cuesta acoger, escuchar o comprender?
Hoy, el Señor nos llama a ensanchar el corazón. Si Dios acoge a todos con amor, nosotros estamos llamados a hacer lo mismo.
En
nuestra parroquia, esto significa recibir con alegría a quienes llegan, a quienes regresan después de una larga ausencia, a los jóvenes, a los mayores, a los recién llegados y a todos los que buscan un lugar junto a Dios. La
mujer cananea nos enseña dos lecciones importantes: nunca perder la confianza en la misericordia de Dios y nunca cerrar el corazón a nuestros hermanos y hermanas.
Pidamos al Señor que nos conceda esta fe humilde y perseverante. Pidámosle también que haga de
nuestra comunidad de
Saints Peter and Paul una verdadera casa de oración para todos los pueblos, donde todos puedan experimentar el amor y la misericordia de Dios.
Que María, nuestra Madre y Reina de toda la Creación, san Juan Eudes, san Bernardo y san Pío X nos ayuden a recorrer este camino de fe, apertura y fraternidad.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT, 16 de agosto de 2026
Decimonoveno domingo del tiempo ordinario
En el corazón del silencio y la tormenta: Dios habla, Cristo nos guía y nos tiende su mano
Queridos hermanos y hermanas:
Las lecturas de este domingo nos introducen en dos movimientos de la vida espiritual:
escuchar y
confiar.
En la primera lectura (1 Reyes 19:9a, 11-13a), Elías descubre que Dios no se manifiesta en las señales espectaculares —«el Señor no estaba en el viento… ni en el terremoto… ni en el fuego»—, sino en «el susurro de una brisa suave». Dios elige la mansedumbre. Se acerca al profeta no con fuerza, sino con intimidad. Esto nos recuerda, como comunidad parroquial, que Dios suele hablarnos en los rincones silenciosos de nuestro corazón: en la oración, en el silencio y en los pequeños actos de caridad que nadie ve.
En cada etapa de la vida
(Romanos 9:1-5),
Dios nos llama a ser una comunidad de fe, unida en la oración, la esperanza y el amor.
Nuestra parroquia es más que un edificio;
es una familia de creyentes que camina unida hacia Cristo. Mediante
actos de bondad, palabras de aliento y el servicio a los demás, revelamos la presencia de Dios en nuestro mundo. Confiemos en la guía del Señor, especialmente en tiempos de incertidumbre, sabiendo que su gracia siempre nos basta.
El
Evangelio (Mateo 14:22-33) continúa este tema, pero añade un segundo movimiento:
confiar en medio del miedo.
Pedro empieza a caminar sobre el agua, pero al ver el viento, se hunde. Su grito —
«¡Señor, sálvame!»— es la oración de todo discípulo. Y Jesús responde enseguida:
«¡Ánimo, soy yo; no tengan miedo!»
La fe no es la ausencia del miedo; es la decisión de acercarse a Cristo incluso cuando el miedo nos rodea.
Para nuestra parroquia misionera, esto es un gran aliento.
La labor de evangelización, servicio y construcción de comunidad a menudo se siente como salir de la barca hacia aguas inciertas. Pero el Señor camina hacia nosotros. Nos tiende la mano. Calma la tormenta.
Cultivemos corazones que escuchen como Elías y confíen como Pedro.
Santos Lorenzo, Clara, Juana Francisca de Chantal, Ponciano, Hipólito y Maximiliano Kolbe,
rueguen por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT, 9 de agosto de 2026
Decimoctavo domingo del tiempo ordinario
Alimentados por Cristo, llamados a compartir
Queridos hermanos y hermanas:
La liturgia de hoy revela
a un Dios que ve nuestra hambre, física, emocional y espiritual, y responde no con escasez, sino con abundancia, invitándonos
a confiar en su amor fiel de la Alianza.
La invitación de Isaías (Isaías 55:1-3) destaca por su ternura:
«Todos los sedientos, vengan a las aguas… Vengan sin pagar y sin costo». Dios no nos pide que merezcamos su gracia. Simplemente nos pide
que vengamos, escuchemos y recibamos vida. La «alianza eterna» prometida a David se convierte,
en Cristo, en una alianza ofrecida a todos.
El salmo responsorial (Salmo 145:8-9, 15-16, 17-18) hace eco de
esta generosidad:
«Abres tu mano y sacias el deseo de todo ser viviente».
La mano de Dios no está cerrada, apretada ni vacilante.
Está abierta, lista para alimentar, sanar y sostener.
San Pablo (Romanos 8:35, 37-39) nos ofrece entonces una de las declaraciones más poderosas de la Escritura: «¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?». Nada. Ni el sufrimiento, ni el miedo, ni la muerte, ni lo desconocido. El amor de Dios no es frágil; es victorioso.
Por último,
el Evangelio
(Mateo 14:13–21)
nos muestra este amor en acción. Jesús ve a la multitud y «se compadece». No la despide. Le da de comer. Los discípulos ven límites: «Solo tenemos cinco panes y dos pescados». Jesús ve posibilidades: «Tráiganmelos aquí».
Este es el corazón del discipulado cristiano:
ofrecer nuestra pequeñez para que Cristo la multiplique.
Por nuestra comunidad parroquial: Estamos invitados a confiar en que Dios puede transformar nuestro tiempo, recursos y energía limitados en abundante gracia para los demás.
Como familias y comunidades parroquiales, estamos llamados a alimentar a los demás con el amor de Cristo y a animarnos unos a otros a responder generosamente al llamado de Dios.
Que confiemos en que, cuando ponemos nuestra vida ante el Señor, Él puede multiplicar nuestros esfuerzos y convertirnos en instrumentos de esperanza, servicio y fe en el mundo.
La misión de la Iglesia, nuestra misión, nunca se trata de lo que tenemos, sino de lo que Él puede hacer. Señor Jesús, enséñanos a compartir con generosidad y a confiar en tu abundancia. Que nuestras vidas se conviertan en una bendición para los demás.
San Juan María Vianney, Sixto II, Cayetano y Domingo,
rueguen por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT, 2 de agosto de 2026
Decimoséptimo domingo del tiempo ordinario
Un corazón comprensivo para el Reino
Queridos hermanos y hermanas:
El corazón de la liturgia de hoy se resume en una sola pregunta: ¿Qué deseas verdaderamente de Dios?
En la primera lectura (1 Reyes 3:5, 7-12), Salomón nos sorprende. Dios le ofrece cualquier cosa: larga vida, riquezas y victoria, pero Salomón pide «un corazón comprensivo para distinguir entre el bien y el mal». Como dice el texto: «Concede, pues, a tu siervo un corazón comprensivo para gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal». No desea sabiduría para sí mismo, sino para la misión que se le ha confiado.
Esta es la clave del Evangelio (Mateo 13:44-52). Jesús compara el Reino con un tesoro y una perla, tan valiosos que una persona vende todo lo que tiene para conseguirlos. El Reino no es un accesorio: es lo único por lo que vale la pena darlo todo. El comerciante y quien encuentra el tesoro no son imprudentes; tienen claridad de visión. Reconocen lo que más importa.
San Pablo (Romanos 8:28-30), en la carta a los Romanos, nos recuerda que cuando elegimos el propósito de Dios,
«todo contribuye al bien de quienes aman a Dios».
La sabiduría, el Reino y el propósito de Dios no son ideas abstractas. Son la brújula que orienta nuestras vidas.
Como comunidad parroquial, al igual que Salomón, tenemos una misión encomendada: construir una comunidad que refleje el Reino de Dios, acogedora, misionera, alegre y arraigada en Cristo. Para ello, necesitamos el mismo don que pidió Salomón:
un corazón que comprenda. Un corazón que comprenda para: discernir lo que verdaderamente importa, dar prioridad al Reino por encima de las distracciones, reconocer la obra de Dios en nuestra vida diaria y elegir el amor, la justicia y la misericordia cuando el camino no está claro.
El Reino es el tesoro. La sabiduría es el mapa.
Cristo es el guía.
Santos Marta, María y Lázaro, Pedro Crisólogo, Ignacio de Loyola y Alfonso María de Ligorio, rueguen por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT, July 26, 2026
Decimosexto domingo del Tiempo Ordinario
La paciencia que transforma: trigo, cizaña y el Dios que espera
Queridos hermanos y hermanas:
Las lecturas del decimosexto domingo del tiempo ordinario
nos invitan a descubrir una profunda verdad sobre el corazón de Dios: su poder también le permite ser paciente.
El
Libro de la Sabiduría (Sabiduría 12:13, 16-19) nos recuerda que
la justicia de Dios brota de su poder, pero su dominio lo lleva a ser indulgente con todos. Como dice el texto: «juzgas con clemencia y nos gobiernas con gran indulgencia».
La fortaleza de Dios no se manifiesta en el dominio, sino en la misericordia: da a sus hijos «un buen motivo para esperar» y la oportunidad de arrepentirse.
San Pablo (Romanos 8, 26-27) continúa este tema y nos muestra que
Dios no nos abandona ni siquiera en nuestra debilidad.
El Espíritu intercede por nosotros con «gemidos inefables». Cuando no sabemos cómo orar, Dios ora dentro de nosotros. Cuando nos sentimos perdidos, Dios sondea nuestros corazones.
Y luego Jesús (Mateo 13:24-43) nos presenta la parábola del trigo y la cizaña. Los trabajadores quieren arrancar la cizaña enseguida, como tantas veces queremos soluciones rápidas, divisiones claras y justicia inmediata. Pero el dueño dice que no: «Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha».
¿Por qué?
Porque Dios ve lo que nosotros no podemos ver. Porque Dios sabe que arrancar la cizaña demasiado pronto puede dañar el trigo. Porque la paciencia de Dios no es debilidad: es amor.
La semilla de mostaza y la levadura lo confirman:
el Reino de Dios crece en silencio, lentamente, casi sin que nos demos cuenta. Lo que empieza siendo pequeño se convierte en refugio para muchos. Lo que parece insignificante transforma toda la masa.
Este domingo nos invita a confiar en los tiempos de Dios. A tener paciencia con nosotros mismos y con los demás. A permitir que la gracia actúe de maneras ocultas. A creer que Dios está haciendo crecer el trigo, incluso cuando solo vemos la cizaña.
Y
nos invita a imitar a Dios: «Los justos deben ser bondadosos».
Santos Apolinar, Lorenzo de Bríndisi, María Magdalena, Brígida, Chárbel Makhlouf y Santiago Apóstol, rueguen por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT, 19 de julio de 2026
Decimoquinto domingo del Tiempo Ordinario
Semillas de esperanza, frutos de fe
Queridos hermanos y hermanas:
Las lecturas de hoy nos invitan
a reflexionar sobre el poder de la Palabra de Dios.
Por medio del profeta Isaías (Isaías 55:10-11), Dios nos asegura que su Palabra nunca es en vano. Como la lluvia que riega la tierra y hace brotar la vida, el mensaje de Dios llega a nuestro corazón para transformarnos y dar fruto.
En el Evangelio (Mateo 13:1-23), Jesús cuenta la parábola del sembrador. La semilla es la Palabra de Dios, pero los resultados dependen del estado del terreno. Algunos corazones están endurecidos por la indiferencia; otros son poco profundos y se desaniman fácilmente; y otros están agobiados por las preocupaciones y las distracciones. Sin embargo, cuando la Palabra de Dios encuentra tierra fértil, produce una abundante cosecha.
Como comunidad parroquial, estamos llamados a preguntarnos:
¿Qué tipo de tierra soy? ¿Dedico tiempo a escuchar a Dios? ¿Permito que su Palabra eche raíces en mi vida diaria?
La fe crece cuando oramos, participamos en los sacramentos, servimos a los demás y permanecemos fieles durante las pruebas.
San Pablo (Romanos 8:18-23)
nos recuerda que, aunque vivimos sufrimientos y dificultades, nos espera la gloria de Dios.
La vida cristiana es un camino de esperanza, confiando en que Dios obra incluso cuando el crecimiento no es visible de inmediato.
Abramos el corazón al Sembrador divino para que nuestra vida dé frutos de amor, misericordia, justicia y paz para nuestras familias, nuestra parroquia y nuestro mundo.
Santos Enrique, Kateri Tekakwitha, Buenaventura, Nuestra Señora del Carmen y Camilo de Lelis,
rueguen por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT, 12 de julio de 2026
Decimocuarto domingo del tiempo ordinario
Un rey humilde que nos da descanso
Queridos hermanos y hermanas:
Las lecturas de hoy nos revelan una imagen poderosa y, a la vez, reconfortante de Dios: un rey que viene no con fuerza, sino con humildad y paz.
El profeta Zacarías (Zacarías 9:9–10) anuncia a un rey «humilde y montado en un asno», cuya misión es desterrar la guerra y proclamar la paz a todas las naciones. No es un gobernante que domina, sino uno que reconcilia y sana.
El
Salmo (Salmo 145:8–9)
nos recuerda cómo es este rey:
«clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor». El reino de Dios no se construye sobre el miedo, sino
sobre la compasión, levantando a quienes están agobiados y sosteniendo a quienes caen (Salmo 145:13–14).
En el
Evangelio (Mateo 11, 28-30),
Jesús nos revela el corazón de esta promesa. Nos invita personalmente: «Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré».
Este descanso no es solo alivio físico, sino una profunda paz espiritual.
Cristo no quita de inmediato todas nuestras cargas, pero ofrece llevarlas con nosotros. Su «yugo es suave» porque lo compartimos en el amor.
San Pablo (Romanos 8:9, 11–13)
nos recuerda que esta vida nueva llega por medio del Espíritu que habita en nosotros. Cuando elegimos vivir según el Espíritu en vez de dejarnos llevar por el egoísmo,
experimentamos la verdadera vida y la libertad.
Como comunidad parroquial,
estamos llamados a reflejar la mansedumbre de Cristo. En un mundo marcado a menudo por el estrés y las divisiones,
debemos convertirnos en espacios de acogida, descanso y compasión.
Preguntémonos: ¿Encuentran paz los demás cuando vienen a nuestra comunidad? ¿Nos ayudamos unos a otros a llevar nuestras cargas?
Santos María Goretti, Agustín Zhao Rong y Benito, abad, rueguen por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT, 5 de julio de 2026
Decimotercer domingo del tiempo ordinario
Acoger a Dios, vivir renovados
Hermanos y hermanas:
Permítanme comenzar con una pregunta sencilla: ¿Cómo acogemos a Dios en nuestra vida? No solo en la misa, sino también en los momentos cotidianos de cada día.
Hacer espacio para Dios
En la primera lectura (2 Reyes 4:8-11, 14-16a), una mujer recibe al profeta Eliseo y hasta le prepara una habitación. Le hace un lugar a Dios y, por eso, recibe vida nueva. Esto nos recuerda: cuando le hacemos un lugar a Dios, Él hace nacer vida nueva en nosotros.
Así que nos preguntamos: ¿En qué lugar hago espacio para Dios hoy?
Vivir una vida nueva
San Pablo (Romanos 6:3-4, 8-11) nos dice que por el bautismo hemos muerto con Cristo y ahora vivimos una vida nueva. Esto significa que estamos llamados a dejar atrás todo lo que nos frena —el pecado, el miedo, el resentimiento— y empezar de nuevo. Cada día es una nueva oportunidad para vivir de otra manera.
Pequeños gestos, gran amor
En el
Evangelio (Mateo 10:37-42), Jesús nos dice que lo pongamos en primer lugar y nos recuerda que incluso ofrecer un vaso de agua fresca importa.
Ningún acto de amor es demasiado pequeño.
Una invitación sencilla: esta semana, elige una pequeña acción: acoge a alguien, perdona a alguien o ayuda a alguien discretamente. Porque cuando acogemos a Cristo en los demás, cambiamos.
Hermanos y hermanas:
cuando acogemos a Dios, nos transformamos y, por medio de nosotros, otros reciben bendiciones. Acojamos a Cristo y vivamos renovados.
San Pedro y San Pablo, apóstoles, San Junípero Serra y Santo Tomás, apóstol, rueguen por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT, 28 de junio de 2026
Duodécimo domingo del Tiempo Ordinario
No temas: Dios es nuestro poderoso defensor
Queridos hermanos y hermanas:
Las lecturas de hoy hablan con fuerza del miedo, el sufrimiento y la confianza en Dios.
El
profeta Jeremías (Jeremías 20:10-13) describe el dolor de la traición y la persecución, incluso por parte de sus amigos, pero proclama con confianza que
«el SEÑOR está conmigo como un guerrero poderoso».
A pesar de la oposición, Jeremías elige la fe en vez del miedo, confiando en que Dios todo lo ve y hará justicia.
El salmo responsorial (Salmo 69:8-10, 14, 17, 33-35) hace eco de este clamor de ayuda: «Señor, por tu gran amor, respóndeme». Nos recuerda que Dios escucha especialmente a quienes se sienten humildes, rechazados o agobiados.
En el
Evangelio (Mateo 10:26-33), Jesús habla directamente a nuestro corazón:
«No tengan miedo».
Nos enseña que Dios nos conoce íntimamente —hasta sabe cuántos cabellos tenemos en la cabeza— y nos ama profundamente. Esto significa
que ningún temor, rechazo ni sufrimiento debe silenciar nuestra fe.
En nuestra vida cotidiana,
podemos enfrentarnos a críticas, malentendidos o al temor de defender lo que es justo. Como Jeremías y los discípulos,
estamos llamados a confiar en la presencia de Dios y a dar valiente testimonio de nuestra fe. Cuando sentimos miedo, recordamos:
nunca estamos solos: Dios es nuestro defensor.
San Paulino de Nola, Juan Fisher, Juan Bautista, Tomás Moro y Cirilo de Alejandría, rueguen por nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Director del Centro Misionero Saints Peter and Paul
West Valley City, UT, 21 de junio de 2026
Undécimo domingo del Tiempo Ordinario
Llamados y enviados: el pueblo de Dios en misión
Queridos hermanos y hermanas:
En las lecturas de hoy,
recordamos que Dios llama a su pueblo no porque sea perfecto, sino porque lo ama.
En
el libro del Éxodo (Éxodo 19:2-6a),
Dios les dice a los israelitas que son su «propiedad especial», una nación santa elegida para reflejar su presencia en el mundo. Esta identidad no se gana; es un don arraigado en el amor de la alianza.
San Pablo (Romanos 5, 6-11) profundiza este mensaje al
recordarnos que Cristo murió por nosotros «cuando todavía éramos pecadores». Dios no espera a que seamos dignos; al contrario, su amor nos transforma. Por medio de Jesús, hemos sido reconciliados y renovados.
En el
Evangelio (Mateo 9, 36—10, 8),
Jesús mira a la multitud con compasión porque está «extenuada y abandonada, como ovejas que no tienen pastor». Su respuesta no es solo cuidar de ella personalmente, sino
enviar a sus discípulos a continuar su misión. Les recuerda a ellos y a nosotros que «la cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos».
Como comunidad parroquial,
somos amados por Dios y enviados por él. Estamos
llamados a ser un pueblo santo que sirve, sana y anuncia el Reino de Dios. Cada acto de bondad, cada palabra de esperanza y cada gesto de amor forman parte de esta misión.
Gratis hemos recibido; gratis estamos llamados a dar.
Señor Jesús, gracias por llamarnos a ser tu pueblo. Llena nuestro corazón de tu amor y compasión. Envíanos a servir a quienes lo necesitan y a compartir tu paz con todos. Que demos con generosidad, tal como hemos recibido.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, 14 de junio de 2026
Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
Pan vivo, Palabra viva: unidad y gratitud
Queridos hermanos y hermanas:
En las lecturas de hoy,
se nos recuerda que Dios nos sostiene de maneras que van mucho más allá de nuestras necesidades físicas.
En el Deuteronomio (Deuteronomio 8:2-3, 14b-16a), se invita al pueblo a recordar cómo Dios lo alimentó con maná en el desierto, no solo para saciar su hambre, sino también para enseñarle que «no solo de pan vive el hombre», sino de toda palabra que sale de Dios.
Este mensaje alcanza su plenitud
en el Evangelio (Juan 6:51-58), donde
Jesús se proclama a sí mismo como el «pan vivo bajado del cielo». La
Eucaristía no es simplemente un símbolo;
es una participación real en su vida. Como
nos recuerda San Pablo (1 Corintios 10:16-17), aunque somos muchos,
formamos un solo cuerpo cuando participamos de este único pan.
En la vida parroquial, esta verdad nos llama a la unidad y a la gratitud. Cada vez que nos reunimos en el altar, somos alimentados no solo como individuos, sino también como comunidad. Cristo entra en nuestra vida para que seamos su presencia para los demás: alimentando a los hambrientos, consolando a los cansados y fortaleciendo a los débiles.
Nuestras celebraciones eucarísticas deben ser alegres, estar bien preparadas y arraigarse en la unidad. La Eucaristía fortalece nuestra fe, sostiene a los enfermos y nos acompaña en la vida y en la muerte.
Señor Jesús, Pan vivo bajado del cielo, alimenta nuestros corazones con tu presencia y únenos como un solo cuerpo. Ayúdanos a vivir tu Palabra cada día y a ser pan para los demás.
Sagrado Corazón de Jesús, Inmaculado Corazón de María, santos Efrén, Bernabé y Antonio de Padua, rueguen por nosotros para que pongamos en práctica «Las implicaciones sociales del Misterio Eucarístico».
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, 7 de junio de 2026
Solemnidad de la Santísima Trinidad
Unidos en el amor: el llamado trinitario a la misericordia y la vida comunitaria
Queridos hermanos y hermanas:
Las lecturas de hoy nos invitan a adentrarnos en el misterio del amor de Dios, revelado como misericordia, unidad y salvación.
En
el Éxodo (Éxodo 34:4b-6, 8-9),
Moisés se encuentra con un Dios «compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en amor y fidelidad». Este no es un
Dios distante o severo, sino
uno que desea caminar con su pueblo a pesar de sus faltas. Moisés le pide con valentía a Dios que permanezca con ellos, confiando en la misericordia divina incluso ante la fragilidad humana.
El salmo (Daniel 3:52, 53, 54, 55, 56)
continúa este tema de alabanza e invita a toda la creación a glorificar para siempre el santo nombre de Dios. Nos recuerda
que adorar no consiste solo en palabras, sino en vivir con gratitud y reverencia.
En la
carta a los Corintios (2 Corintios 13:11-13),
recibimos consejos prácticos para vivir en comunidad: «alégrense… anímense mutuamente… vivan de acuerdo y en paz».
La Trinidad no es solo algo en lo que creemos: es algo que vivimos. Reflejamos el amor de Dios cuando
construimos la unidad, nos perdonamos unos a otros y vivimos en paz.
Por último, el Evangelio (Juan 3:16-18) revela la profundidad del amor de Dios: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único». Jesús no fue enviado para condenar, sino para salvar. Este mensaje es central en nuestra fe: Dios se acerca a nosotros con amor y ofrece vida y esperanza a todos los que creen.
Como comunidad parroquial,
estamos llamados a encarnar este amor.
Seamos misericordiosos como el Padre, unidos en el Espíritu y fieles en Cristo, para que nuestras vidas sean un testimonio vivo del amor salvador de Dios.
Santos Justino, Marcelino y Pedro, Carlos Lwanga y compañeros, Bonifacio y Norberto, ¡rueguen por nosotros!
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, 31 de mayo de 2026
Domingo de Pentecostés
Pentecostés: un solo Espíritu, una sola misión
Queridos hermanos y hermanas:
Pentecostés revela el corazón del sueño de Dios para la Iglesia:
unidad en la diversidad, misión en comunión, valentía que nace del Espíritu.
La
primera lectura (Hechos 2:1-11) nos dice que
«estaban todos reunidos en un mismo lugar… y todos quedaron llenos del Espíritu Santo» (Hechos 2).
Lo que comenzó a puertas cerradas se convirtió en un anuncio escuchado por pueblos de todas las naciones.
El Espíritu no borra las diferencias: las hace fecundas.
San Pablo (1 Corintios 12:3b-7, 12-13) nos recuerda que «hay diversidad de dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo… A cada cual se le da la manifestación del Espíritu para provecho común» (1 Cor 12). En nuestra parroquia, esto significa que cada cultura, cada idioma y cada historia familiar no son un obstáculo, sino un don. El Espíritu forma un solo Cuerpo con muchos miembros.
En el Evangelio (Juan 20:19-23), Jesús resucitado entra en una habitación marcada por el miedo e infunde paz: «Reciban el Espíritu Santo» (Jn 20). Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado, sino también una invitación para el presente. El mismo Espíritu que transformó a los discípulos quiere renovar hoy nuestra parroquia: sanar heridas, abrir puertas y enviarnos como misioneros de misericordia.
Que este Pentecostés haga de nosotros una comunidad donde cada persona se sienta acogida, cada don sea valorado y cada discípulo bautizado sepa que es enviado.
¡Santos Felipe Neri, Agustín de Canterbury y Pablo VI, rueguen por nosotros!
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, 24 de mayo de 2026
La Ascensión del Señor
Presencia y ausencia de Jesús: fortaleza para la misión
Queridos hermanos y hermanas:
La Ascensión del Señor no es el final de la misión de Jesús; es el momento en que esa misión nos es confiada.
En
la primera lectura (Hechos 1,1-11), los discípulos se quedan mirando al cielo, atónitos mientras Jesús «fue elevado, y una nube lo ocultó a su vista» (Hechos 1,9).
Pero los ángeles les recuerdan enseguida que no es momento de quedarse paralizados, sino de ponerse en marcha. Jesús asciende
no para dejarnos, sino para
darnos fuerza. Promete: «Recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos […] hasta los confines de la tierra» (Hechos 1,8).
La Ascensión es el puente entre la alegría de la Pascua y el fuego de Pentecostés.
San Pablo (Efesios 1:17-23) profundiza esta visión: Cristo está ahora sentado «muy por encima de todo principado y potestad» (Ef 1:21), y la Iglesia, nosotros, somos su Cuerpo, llenos de su vida y autoridad. Nuestra misión nace de su victoria.
En el Evangelio (Mateo 28:16-20), Jesús nos da la gran misión: «Vayan… hagan discípulos… bautícenlos… enséñenles… Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días» (Mt 28:19–20). Nos envía, pero no se aparta. Su presencia se vuelve más profunda, universal e íntima.
Hoy celebramos a un Señor que asciende no para alejarse de nosotros, sino para elevar consigo a toda la creación. No somos espectadores que miran al cielo: somos discípulos enviados al mundo. La Ascensión nos llama a levantar la mirada, abrir el corazón y emprender la misión que se nos ha confiado.
María, Estrella de la Evangelización y Madre de la Misión, santos Juan I, Bernardino de Siena, Cristóbal Magallanes y Rita de Casia, rueguen por nuestra comunidad para que seamos misioneros de esperanza, paz y justicia.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, 17 de mayo de 2026
Sexto domingo de Pascua
Una Iglesia viva que confía en el Espíritu:
Crecer juntos en la fe
Queridos hermanos y hermanas:
Las lecturas de hoy
nos hablan de una Iglesia viva, guiada y que nunca está abandonada. Este domingo nos acompañan tres palabras:
confiar, vivir y alegrarnos.
En los
Hechos de los Apóstoles (Hechos 8, 5-8.14-17),
Felipe va a Samaria y anuncia a Cristo, y el pueblo responde con alegría. Se producen curaciones, el mal es expulsado y los corazones se abren.
Donde se anuncia a Cristo, la vida cambia y llega la alegría. Sin embargo, la historia no termina con el bautismo. Pedro y Juan llegan para que los nuevos creyentes reciban el Espíritu Santo. Esto nos recuerda
que la fe no es solo un comienzo, sino una vida que debe fortalecerse y sostenerse con el Espíritu de Dios.
En el
Evangelio (Juan 14:15-21),
Jesús nos hace una promesa que llega directamente a nuestras vidas: «No los dejaré huérfanos».
Amar a Jesús no es solo un sentimiento, sino una forma de vivir: guardar sus mandamientos, permanecer fieles y confiar en que nunca estamos solos.
El Paráclito, el Espíritu de la verdad, permanece con nosotros y en nosotros. Aunque Cristo ya no sea visible para el mundo,
vive en nosotros, nos guía y nos conduce al Padre.
San Pedro (1 Pedro 3:15-18) nos recuerda que
esta esperanza está hecha para compartirse. Estamos
llamados a dar razón de nuestra esperanza, no con ira ni temor, sino con mansedumbre y reverencia. En un mundo que con frecuencia cuestiona la fe,
nuestro testimonio sereno, nuestro valor y nuestro amor pueden hablar más fuerte que las palabras.
Las lecturas de hoy nos invitan a confiar en el Espíritu Santo, vivir nuestra fe con valentía y alegrarnos, sabiendo que Dios no nos ha abandonado, sino que camina siempre con nosotros.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, 10 de mayo de 2026
Quinto Domingo de Pascua
«Yo soy el camino»: la fe que se convierte en servicio
Queridos hermanos y hermanas:
Las lecturas de hoy nos recuerdan
que la fe no se vive solo con palabras, sino con servicio y confianza.
En los Hechos de los Apóstoles (Hechos 6:1-7), la primera comunidad cristiana se enfrenta a un problema real: se está pasando por alto a algunas viudas. En lugar de ignorar el problema, los apóstoles escuchan, oran e invitan a otros a servir. Este momento nos enseña que la Iglesia crece cuando cada persona ofrece sus dones para el bien de todos.
La
segunda lectura (1 Pe 2, 4-9) nos dice que
somos «piedras vivas», llamadas a formar parte de una casa espiritual. Nuestra fe no es pasiva.
Por medio de Cristo, la piedra angular, Dios nos forma como pueblo santo, cuyas vidas anuncian su luz al mundo.
En
el Evangelio (Juan 14:1-12),
Jesús tranquiliza el corazón atribulado de sus discípulos y declara: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Jesús no solo nos muestra un camino: Él es el camino.
Conocerlo es conocer al Padre, y creer en Él es continuar su obra mediante el amor, el servicio y la fe.
Como comunidad parroquial, estamos invitados
a confiar en Cristo,
seguir su camino y
servirnos generosamente unos a otros, con la confianza de que Dios obra entre nosotros.
María, Madre de la fe y del servicio, ruega por nosotros para que nuestra comunidad parroquial sea un hogar de fe puesta en acción, al servicio de nuestra ciudad de West Valley City y de toda nuestra Iglesia local de Salt Lake City.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, 3 de mayo de 2026
Cuarto domingo de Pascua
Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones
«Yo soy la puerta»: seguir la voz del pastor
Queridos hermanos y hermanas:
En este domingo del Buen Pastor,
la Iglesia nos invita a reflexionar sobre el amoroso cuidado de Cristo, que conoce a sus ovejas y da la vida por ellas.
En el Evangelio de hoy, Jesús habla con claridad y ternura: «Yo soy la puerta. Quien entre por mí se salvará».
Él es tanto el Pastor que nos guía como la puerta por la que encontramos seguridad, pertenencia y vida verdadera.
El Salmo (Salmo 23, 1-3a.3b-4.5.6) hace eco de esta
promesa con palabras de consuelo y confianza. El Señor camina con nosotros por cada valle, nos guía con su vara y su cayado y nos lleva a lugares de descanso y renovación.
Incluso en momentos de temor o incertidumbre, el Buen Pastor nunca abandona a su rebaño.
La primera lectura
de los Hechos de los Apóstoles
(Hechos 2:14a, 36-41),
nos muestra lo que sucede cuando las personas escuchan de verdad la voz del Pastor.
Conmovidos por la proclamación de Pedro, miles se vuelven a Cristo, se arrepienten, reciben el bautismo y pasan a formar parte de una nueva comunidad.
Seguir al Buen Pastor siempre conduce a la conversión, la comunión y la misión.
En este Domingo del Buen Pastor,
también oramos por quienes reflejan de manera especial el amor pastoral de Cristo: los pastores, religiosos, misioneros y todos los que están discerniendo una vocación para servir al pueblo de Dios.
Como familia parroquial, por la intercesión de los santos Pedro Chanel, Luis Grignion de Montfort, Catalina de Siena, Pío V, José Obrero y Atanasio, aprendamos a reconocer con mayor claridad la voz de Cristo, a confiar más profundamente en su guía y a seguirlo con valentía hacia la vida abundante que nos promete.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, 26 de abril de 2026
Tercer domingo de Pascua
De Emaús a la misión: vivir la alegría de la Resurrección
Queridos hermanos y hermanas:
«Se les abrieron los ojos y lo reconocieron». Qué reconfortante es saber que Jesús sale a nuestro encuentro de manera personal. En cada Eucaristía, camina con nosotros, nos habla por medio de su Palabra y nos permite reconocerlo como aquel que nos ama, nos salva y nunca nos abandona. Nos da la fuerza para anunciar que está vivo, como lo hizo Pedro (Hechos 2:14.22b-33). Por su preciosa Sangre (1 Pe 1:17-21), nuestra fe y esperanza están firmemente arraigadas en Dios.
La Pascua habla a nuestro corazón, especialmente cuando la fe parece frágil. Muchos de nosotros —jóvenes, parejas, sacerdotes y familias— llevamos dudas, cansancio o temores silenciosos. Como los discípulos en el camino a Emaús
(Lc 24:13-35), quizá no siempre nos demos cuenta de que el Señor resucitado está a nuestro lado,
escuchándonos con paciencia y guiándonos con ternura.
Hoy Jesús nos dice a cada uno:
No tengas miedo. Vuelve a la mesa del Señor. Deja que se quede contigo.
Cuando abrimos el corazón y lo invitamos a entrar, la tristeza da paso a la esperanza y nuestro corazón vuelve a arder con una vida nueva. Hoy, hermano, hermana, Jesús te dice:
«Despierta» de tu tristeza, tus temores, tus ansiedades o tu miedo, y ven a la fiesta del domingo… ¡y por qué no, también a la de cada semana!
El Espíritu nos renueva, no solo para nosotros mismos, sino para que,
mediante la fidelidad sencilla en nuestros compromisos cotidianos, demos silenciosamente testimonio de la alegría de la Resurrección.
Que este tiempo de Pascua
renueve nuestro corazón, fortalezca nuestra fe y nos colme de paz duradera.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, 19 de abril de 2026
Domingo de la Divina Misericordia
Construir una comunidad de fe: misión de todos
Queridos hermanos y hermanas:
En este
Domingo de la Divina Misericordia, la Palabra de Dios nos revela cómo
Cristo resucitado sale a nuestro encuentro con misericordia, paz y vida nueva.
En los
Hechos de los Apóstoles (Hechos 2,42-47), vemos a
una comunidad transformada por la Resurrección. Unidos en la fe, la oración y la fracción del pan, los primeros cristianos vivían con un corazón generoso y una profunda preocupación por los demás. Su vida en común se convirtió en un poderoso signo de la misericordia de Dios que actuaba entre ellos, y «el Señor iba agregando al grupo a los que se iban salvando».
El «terminus ad quem» (meta) del proceso de evangelización de nuestra familia de Saints Peter and Paul es «construir una comunidad de fe en la que hermanos y hermanas CREAN, CELEBREN y VIVAN juntos la Buena Nueva». La
comunidad de Lucas
(Hechos 2, 42-47) es el ideal, un modelo para nuestra familia parroquial en West Valley City. Una verdadera comunidad de fe católica debe tener como
pilares estos
cuatro elementos de la comunidad de Lucas: «Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles y en la
vida comunitaria, en
la fracción del pan y
en las oraciones».
A pesar de
nuestras diferencias de color de piel y de origen (pueblos originarios, Europa, África, Asia, Oceanía y América),
de condición social o migratoria, todos nos reunimos en torno a nuestro Salvador, que nos da una vida nueva.
Deben caer todas las barreras de enemistad, racismo y egoísmo para dar paso al amor, la misericordia, la alegría y la paz.
Nuestra diversidad es un tesoro y no somos enemigos. Formamos un
hermoso arcoíris. Dios está con nosotros
y, por su gran misericordia, nos hace renacer
(1 P 1, 3-9)
para llevar a cabo esta misión. ¡Es Pascua!
En el
Evangelio (Juan 20:19-31), Jesús se aparece a sus discípulos a puertas cerradas y les ofrece
su primer don: «La paz esté con ustedes». Les muestra sus heridas, no como signos de derrota, sino como signos perdurables del amor misericordioso. Al soplar sobre ellos el Espíritu Santo,
les confía el ministerio del perdón, haciendo de la misericordia el corazón de la misión de la Iglesia.
La lucha de Tomás representa a quienes a veces encuentran difícil creer. Jesús no lo rechaza,
sino que lo invita a experimentar la misericordia personalmente. Su respuesta, «¡Señor mío y Dios mío!», brota de haber sido recibido con paciencia y compasión.
Luego Jesús bendice a quienes creerán sin haber visto y nos llama a confiar en su misericordia, incluso cuando nuestra fe es puesta a prueba.
El Domingo de la Divina Misericordia nos recuerda
que la fe se sostiene no solo en las certezas, sino también en la misericordia recibida gratuitamente. Fortalecidos por la Resurrección,
estamos llamados a vivir como testigos de la misericordia mediante el perdón, la unidad, la generosidad y la paz, para que otros lleguen a creer y encuentren vida en su nombre.
Que la alegría de la Pascua nos convierta en
verdaderos embajadores de la paz y la misericordia,
como nos enseña santa Faustina Kowalska y como Jesús mismo confía a sus amigos la
misión de perdonar los pecados de las personas
(Jn 20, 19-31)
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, 12 de abril de 2026
Domingo de Pascua
No tengan miedo: Cristo ha resucitado
Queridos hermanos y hermanas:
Antes de que saliera por completo el sol, las mujeres llegaron al sepulcro con su dolor, su amor y muchas preguntas sin respuesta. En vez de eso, encontraron un lugar vacío y una promesa viva: No está aquí. Ha resucitado.
La Pascua comienza no con certezas, sino con asombro.
El miedo y la alegría caminan juntos cuando se retira la piedra y se rompe el silencio de la muerte. Dios ha obrado de una manera que nadie esperaba. Lo que parecía haber terminado apenas comienza.
En las palabras de
Pedro (Hechos 10, 34a.37-43), escuchamos
el corazón del anuncio de la Iglesia: Jesús pasó haciendo el bien, llevando sanación y esperanza, y ni siquiera la muerte pudo retenerlo. Dios lo resucitó al tercer día. Esta es la historia que llevamos con nosotros, la verdad que se nos ha confiado, no como un acontecimiento lejano del pasado, sino como una esperanza viva.
La Resurrección nos dice que el amor es más fuerte que la violencia, la misericordia más fuerte que el pecado y la vida más fuerte que la tumba.
El
Salmo
(Salmo 118, 1-2.16-17.22-23)
da voz a nuestra alegría pascual: «Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo».
Hoy no es un día cualquiera del calendario.
Es un giro sagrado. La piedra que desecharon los constructores se ha convertido en piedra angular.
Dios se complace en hacer nuevas todas las cosas, incluso a nosotros.
San Pablo (Colosenses 3:1-4)
nos invita con dulzura a elevar la mirada y el corazón. Si hemos resucitado con Cristo, estamos
llamados a vivir de otra manera: a buscar las cosas de arriba mientras caminamos con fidelidad aquí abajo. Nuestra vida está ahora escondida con Cristo en Dios, moldeada por la esperanza, arraigada en el amor y destinada a la gloria.
En el Evangelio (Mateo 28:1-10), Jesús resucitado se encuentra con las mujeres en el camino. No espera a que lleguen perfectamente preparadas ni sin miedo. Las encuentra tal como están y les dice lo que nosotros también necesitamos oír: «No tengan miedo». Luego las envía a contárselo a los demás, a compartir la alegría y a dar testimonio de la vida nueva.
Como comunidad parroquial, vivimos bajo esa misma luz de Pascua. Somos un pueblo enviado desde un sepulcro vacío a un mundo que aguarda. Que la alegría de la Resurrección ablande nuestros corazones, renueve nuestra fe y guíe nuestros pasos. Cristo ha resucitado y, porque él vive, la esperanza vive en nosotros. ¡Aleluya!
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, 5 de abril de 2026
Domingo de Ramos de la Pasión del Señor
La esperanza renace en las manos de un Dios amoroso
Queridos hermanos y hermanas:
Comenzamos este Domingo de Ramos con el corazón agradecido, recordando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Nos alegramos junto con nuestros hermanos y hermanas de OCIA, que han completado sus escrutinios y recibido el Credo y el Padrenuestro.
A lo largo de este tiempo de Cuaresma,
nuestra familia de San Pedro y San Pablo ha acogido la gracia de Dios mediante la Eucaristía, el ayuno, las obras de caridad, el viacrucis, los espacios de formación y los retiros diocesanos. Al buscar la reconciliación con Dios y entre nosotros, hemos preparado el corazón para entrar en
la Semana Santa y recorrer juntos el
Triduo Pascual, que nos conduce a la alegría de la
Resurrección.
En este día sagrado, reflexionamos sobre la «misteriosa fecundidad del sufrimiento y la muerte». Este mensaje se dirige con ternura a todos los que sufren o se sienten desanimados, estén cerca o lejos. En nuestras oraciones recordamos a quienes sufren por conflictos, dificultades o en su misión; a los enfermos, los niños, las familias y todos los que sirven a la Iglesia en sus diversas vocaciones.
El Siervo sufriente de Isaías 50:4–7 nos recuerda que Dios está cerca de todo corazón herido. Fortalecidos por la Eucaristía —manantial de misericordia—, estamos llamados a vivir nuestro sacerdocio bautismal ofreciendo oración, compasión y ayuda concreta a quienes llevan una carga pesada. Dios permanece fielmente a nuestro lado.
En Filipenses 2:6–11 y Mateo 26:14–27:66 contemplamos a Cristo, el verdadero Siervo sufriente. Aunque es el Hijo de Dios, asumió humildemente nuestra humanidad y aceptó la Cruz para salvarnos. Por medio de Él descubrimos que incluso el sufrimiento puede dar fruto de vida nueva.
Hermanos y hermanas, permanezcamos fieles a Dios, a Cristo y a su Iglesia. Honremos los compromisos que hemos asumido, ya sea en el matrimonio, la vida religiosa, el sacerdocio o simplemente como discípulos que procuramos seguir al Señor cada día. Que nuestra vida proclame con humildad y sinceridad que «Jesús es el Señor».
Al acercarnos al
Jueves Santo,
Viernes Santo, la
Vigilia Pascual y la celebración de la
Resurrección, les hago este sincero llamado a la acción: vivamos plenamente estos días sagrados, no como espectadores, sino como participantes. Asistamos, oremos profundamente, apoyémonos unos a otros y permitamos que Cristo nos acerque más a Él.
Que la paz y la alegría de Cristo resucitado llenen sus corazones.
UNA FELIZ Y SANTA PASCUA PARA TODOS.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, 29 de marzo de 2026
SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA
Dar un paso de fe y confiar en la promesa de Dios
Queridos hermanos y hermanas:
En este
segundo domingo de Cuaresma, la Palabra de Dios nos invita a
reflexionar sobre el camino de la fe. Como Abram (Génesis 12:1-4a), a quien se le pidió dejar atrás lo conocido y confiar en la promesa de Dios, a nosotros también se nos pide a menudo adentrarnos en lo desconocido. La seguridad de Dios no es solo para nuestra propia bendición, sino también para que seamos una bendición para los demás.
El salmista (Salmo 33,4-5.18-19.20.22) nos recuerda que la misericordia de Dios está siempre presente para quienes confían en el Señor. En los momentos de incertidumbre o dificultad,
se nos anima a esperar en la bondad de Dios, sabiendo que su amor nos rodea incluso en los momentos más difíciles.
San Pablo (2 Timoteo 1:8b-10), al escribir a Timoteo, nos anima a compartir los sufrimientos por causa del Evangelio, confiando no en nuestras propias fuerzas, sino en la gracia y el poder que vienen de Dios.
Nuestro llamado tiene sus raíces en la gracia, y la victoria de Cristo sobre la muerte nos da esperanza y valor para perseverar.
Por último,
el Evangelio (Mateo 17:1-9) narra la
Transfiguración, cuando los discípulos contemplan la gloria de Jesús y oyen la voz del Padre: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escúchenlo».
En los momentos de asombro o temor, Jesús nos tranquiliza: «Levántense y no tengan miedo». Al recorrer el camino de la vida, que
escuchemos a Jesús, confiemos en su presencia y encontremos fuerza en sus palabras.
¿Qué podemos hacer teniendo en cuenta la Palabra de Dios en este segundo domingo de Cuaresma? Como parroquia, tomemos en serio estos mensajes: acerquémonos esta semana a alguien necesitado y ofrezcámosle palabras de aliento o una mano, tal como Dios nos llama a ser una bendición para los demás. Oremos cada día para tener el valor de confiar en la guía de Dios, sobre todo cuando enfrentemos incertidumbre o cambios. Escuchemos atentamente a Jesús en la oración y en la Escritura, y dejemos que sus palabras guíen nuestras acciones y decisiones.
Santas Catalina Drexel, Casimiro, Perpetua y Felicidad, rueguen por nosotros
para que esta semana sea un tiempo para renovar nuestra confianza en Dios, escuchar más atentamente a Jesús y avanzar con fe, sabiendo que las promesas de Dios son seguras y que su misericordia nunca falla.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 1 de marzo de 2026
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
Espíritu Santo: compañero en el camino de la escucha, el ayuno y la conversión
Queridos hermanos y hermanas:
Comenzamos el
tiempo litúrgico de Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza. Como dijo el
papa León XIV en su mensaje de Cuaresma, es
«un tiempo de conversión» durante el cual,
juntos,
escuchamos atentamente la Palabra de Dios y
ayunamos. La Palabra de Dios para este
primer domingo de Cuaresma nos ofrece estos temas para comprender mejor el camino que tenemos por delante:
la creación y la dignidad de la humanidad, la realidad y las consecuencias del pecado, la necesidad del arrepentimiento, el don de la misericordia divina, la promesa de redención por medio de Cristo, el desafío de la tentación y el llamado a vivir según la Palabra de Dios.
La creación y la naturaleza humana
La primera lectura describe la creación de la humanidad por Dios y destaca que los seres humanos fueron formados de la tierra y recibieron vida por el aliento de Dios. Esto subraya la relación íntima entre Dios y la humanidad, así como la dignidad inherente de haber sido creados a imagen de Dios. El relato también presenta los conceptos del libre albedrío y la tentación: Adán y Eva están en el jardín y se enfrentan a la serpiente. Al elegir comer del árbol del conocimiento, llegan a conocer el pecado y a separarse de Dios. Estamos llamados a respetarnos a nosotros mismos y a los demás (con honestidad, reconciliación y armonía), a reconocer la dignidad inherente de cada persona y a manifestarla con bondad, equidad y respeto hacia los demás, sin importar nuestras diferencias.
En este Año Jubilar de san Francisco de Asís, estamos llamados a cuidar el medioambiente y sus recursos, reconociendo que la creación es un don confiado a la humanidad (mayordomía).
El pecado y sus consecuencias
Tanto
el Génesis como
Romanos (Romanos 5:12-19) se centran en la entrada del pecado en el mundo. El Génesis narra el primer acto de desobediencia, mientras que Romanos reflexiona sobre cómo el pecado, por medio de Adán, afecta a toda la humanidad. El tema aquí es
la universalidad del pecado y sus consecuencias: la muerte y el alejamiento de Dios. Romanos también contrapone la condena provocada por la desobediencia de Adán con la justificación y la vida que trae la obediencia de Cristo, y destaca el concepto teológico del
pecado original y la redención. Por eso, debemos hacer un examen de conciencia diario o semanal y, cuando hayamos cometido una falta, pedir perdón a Dios y a las personas perjudicadas (mediante la oración personal, la confesión o la reparación del daño en nuestras relaciones).
Misericordia y perdón divinos
El salmo (Salmo 51:3-4, 5-6, 12-13, 17) es una oración por la misericordia, el perdón y la renovación. Expresa el reconocimiento humano del pecado y la necesidad de la compasión de Dios. La respuesta que se repite, «Misericordia, Señor, porque hemos pecado», destaca el tema
del arrepentimiento y la esperanza de restauración por la gracia de Dios. La misericordia de Dios está al alcance de todos los que se arrepienten sinceramente. Debemos ser misericordiosos y perdonar a los demás, incluso cuando sea difícil.
Esto puede sanar las relaciones y construir la paz (confesión, oraciones, arrepentimiento).
Redención y gracia
La carta a los Romanos desarrolla el tema de la redención y explica que, mientras el pecado entró por un solo hombre (Adán), la gracia y la justificación vienen por un solo hombre (Jesucristo). Esto introduce el concepto teológico de la salvación por gracia, contrastando los efectos de la transgresión de Adán con el acto justo de Cristo. El pasaje afirma que la obediencia de Cristo trae justicia y vida a muchos, y establece los fundamentos de la fe cristiana en la salvación.
Por Cristo, la gracia y la justificación se ofrecen a todos y vencen los efectos del pecado. Podemos hacer dos cosas: confiar en la gracia de Dios, sobre todo en momentos de fracaso o desaliento, y animar a otros compartiendo relatos de transformación y esperanza, tanto en nuestra vida personal como en nuestra comunidad.
La tentación y la fidelidad
El Evangelio (Mateo 4:1-11) relata las tentaciones de Jesús en el desierto. Jesús resiste las ofertas del diablo apoyándose en la palabra de Dios y demuestra fidelidad y obediencia. Este tema destaca la importancia de confiar en Dios, resistir la tentación y vivir según las verdades espirituales, en vez de guiarnos por las necesidades materiales. Las respuestas de Jesús al diablo nos enseñan cómo los creyentes estamos llamados a enfrentar la tentación con fe y con la Escritura. La tentación es una experiencia universal, pero la fidelidad y la confianza en la palabra de Dios —leyendo y meditando regularmente la Escritura— nos dan la fuerza para resistir.
Vivir según la Palabra de Dios
El versículo que precede al Evangelio (Mateo 4:4b) y la respuesta de Jesús en Mateo destacan que la verdadera vida no se encuentra en el sustento material, sino en toda palabra que sale de Dios. Este tema nos anima a confiar en la revelación divina y a nutrir nuestro espíritu. Debemos dar prioridad al alimento espiritual (la oración, la reflexión y el estudio de la Palabra de Dios) y tomar decisiones guiadas por principios espirituales, no por consideraciones materiales.
Santos Policarpo y Gregorio de Narek, rueguen por nosotros
para que, con la ayuda del Espíritu Santo, escuchando su Palabra, ayunando y convirtiéndonos, profundicemos nuestra relación con Dios y con los demás y construyamos una comunidad más justa y compasiva.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 22 de febrero de 2026
SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Católico: elige la vida, busca la sabiduría de Dios y vive con integridad y amor
Queridos hermanos y hermanas:
Después de las Bienaventuranzas proclamadas el domingo pasado, el Sermón de la Montaña continúa este
sexto domingo del tiempo ordinario con las cuatro antítesis entre la
Ley de Moisés y la de Jesús. La Palabra de Dios nos invita
a tomar decisiones conscientes y llenas de fe; valorar la ley de Dios en la vida cotidiana; buscar la sabiduría espiritual; esforzarnos por una transformación interior; y practicar la humildad, el discernimiento y la reconciliación. Estas acciones ayudan a
integrar la fe en todos los aspectos de la vida.
Libertad humana y decisión moral
La lectura de
Eclesiástico 15:15-20 destaca que los seres humanos tienen la libertad de elegir entre el bien y el mal, la vida y la muerte.
Dios no obliga a nadie a actuar injustamente ni a pecar, sino que pone ante cada persona la posibilidad de seguir los mandamientos, que conducen a la vida. Esto resalta la dignidad del libre albedrío humano y la responsabilidad que conlleva.
Esforcémonos conscientemente
por elegir acciones acordes con nuestros valores y nuestra fe, como la honestidad, la bondad y la justicia. Asumamos
la responsabilidad de nuestras acciones, sabiendo que Dios no obliga a nadie a pecar. Por ejemplo, antes de reaccionar con ira o frustración, tomémonos un momento para elegir la paciencia y la comprensión. Al final de cada día, repasemos nuestras acciones y decisiones. Fomentemos el diálogo abierto sobre los desafíos que las personas enfrentan al vivir su fe, creando un ambiente en el que todos se sientan capaces de tomar decisiones positivas.
El valor y la bendición de la ley de Dios
El
Salmo 119, 1-2.4-5.17-18.33-34 proclama repetidamente: «Dichosos los que siguen la ley del Señor». Destaca la felicidad y la plenitud que se encuentran al vivir conforme a los preceptos de Dios, buscarlo con todo el corazón y pedir discernimiento para comprender y cumplir la ley. La oración del salmista, que pide guía y perseverancia,
refleja una profunda reverencia por las enseñanzas divinas.
Por ejemplo: incorporemos la lectura regular de las Escrituras y la oración a nuestra rutina para comprender y apreciar mejor los mandamientos de Dios,
seamos fieles en nuestras tareas diarias y unámonos a nuestro grupo de estudio bíblico o de intercambio de fe.
Sabiduría divina frente a sabiduría mundana
En
1 Corintios 2:6-10,
Pablo contrapone la sabiduría de Dios a la sabiduría del mundo. La sabiduría de Dios es misteriosa y está oculta; se revela por medio del Espíritu y supera el entendimiento humano. Los gobernantes de este mundo no la reconocieron, y por eso crucificaron a Cristo. El pasaje afirma
que Dios ha preparado bendiciones inimaginables para quienes lo aman, accesibles por medio de la revelación espiritual.
En la práctica,
ante decisiones importantes, oremos para que el Espíritu Santo nos guíe; tomemos tiempo para discernir la voluntad de Dios, especialmente en situaciones complejas; participemos en talleres de formación en la fe, matrimonio y vida familiar, gestión de recursos y mucho más.
El cumplimiento de la Ley en Cristo
El Evangelio de Mateo 5:17-37 presenta la enseñanza de Jesús: no ha venido a abolir la ley ni los profetas, sino a darles cumplimiento. Jesús pide una justicia más profunda que la de los escribas y fariseos, que vaya más allá del cumplimiento externo y llegue a las intenciones del corazón. Profundiza el sentido de los mandamientos al hablar de la ira, la reconciliación, la lujuria, el divorcio y la sinceridad, e insiste en que el verdadero discipulado implica una transformación interior y rectitud. Procuremos no solo evitar obrar mal, sino también cultivar un corazón que busque amar más profundamente a Dios y al prójimo. Por ejemplo, esforcémonos por perdonar a los demás, reconciliarnos con quienes nos hemos distanciado y actuar con rectitud incluso cuando nadie nos ve. Vayamos más allá de lo mínimo: no nos limitemos a evitar el mal, sino busquemos activamente hacer el bien. Por ejemplo, ofrezcamos nuestra ayuda a quien esté pasando por dificultades. Seamos conscientes no solo de nuestras acciones, sino también de nuestros pensamientos y motivaciones.
El llamado a la santidad y la integridad
A lo largo de estas lecturas, hay un llamado constante a la santidad, no solo en las acciones externas, sino también en el corazón y la mente. Las enseñanzas de Jesús en el Evangelio nos desafían a evitar no solo los actos pecaminosos, sino también las actitudes y los deseos que conducen a ellos. El énfasis en la reconciliación, la pureza de corazón y la honestidad refleja una visión integral de la vida moral y espiritual. En la práctica, si sabemos que hay un conflicto sin resolver, tomemos la iniciativa de buscar la reconciliación; como enseña Jesús, vivamos con autenticidad, siendo sinceros y fieles a nuestros compromisos; acerquémonos a Dios con humildad, reconociendo que necesitamos su misericordia en vez de compararnos con los demás; y, por último, apoyemos las iniciativas parroquiales que promueven la santidad, como los retiros, las peregrinaciones o los días de reflexión.
San Pedro Damián, ruega por nosotros
para que contribuyamos a crear una comunidad donde estos cinco temas no solo se aborden, sino que también se vivan en el día a día, y donde elijamos la vida, busquemos la sabiduría de Dios y vivamos con integridad y amor.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 15 de febrero de 2026
QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
DÍA MUNDIAL DEL MATRIMONIO
La unión entre la fe y las obras
El verdadero culto a Dios se expresa mediante la justicia y la misericordia hacia los demás.
Queridos hermanos y hermanas:
El quinto domingo del Tiempo Ordinario está lleno de enseñanzas. Nos invita a comprender la conexión inseparable entre la fe y las obras. Reflexionaremos sobre los siguientes temas: la compasión y la justicia social; la justicia y la confianza en Dios; el poder de Dios, que supera la sabiduría humana; y, por último, el testimonio y la misión: ser luz y sal. Esto también nos ayudará a profundizar en el tema pastoral de nuestra comunidad parroquial para el Año Pastoral 2025-2026: «La fe en acción por un mundo de paz».
Compasión y justicia social
La
primera lectura (Isaías 58:7-10) destaca la importancia de realizar obras concretas de compasión:
compartir el pan con el hambriento, dar refugio a quien no tiene hogar y vestir al desnudo. El pasaje vincula estas acciones con bendiciones espirituales: luz, sanación y la presencia de Dios. Esto subraya
que la fe y las obras son inseparables, y que la adoración auténtica a Dios se expresa mediante la justicia y la misericordia hacia los demás. En la práctica, puedes compartir tus recursos (alimentos, ropa o dinero) con quienes lo necesitan, acoger a las personas marginadas, defender la justicia, apoyar a las personas vulnerables, hablar con amabilidad y crear espacios acogedores.
Rectitud y confianza en Dios
El salmo (Salmo 112:4-5, 6-7, 8-9) describe a la persona justa, misericordiosa y generosa. Se la presenta como
una luz en las tinieblas, firme y sin temor porque confía en Dios. El tema es el valor perdurable de la justicia y la seguridad que nace de confiar en Dios en vez de temer la adversidad. El salmo relaciona la generosidad con la justicia duradera y la fortaleza espiritual.
Teniendo presente nuestro lema pastoral anual, actuemos con integridad (prácticas éticas), seamos generosos, afrontemos con confianza los desafíos y las incertidumbres, apoyándonos en la fidelidad de Dios (la fe), demos gracias regularmente a Dios por sus bendiciones y mantengamos la esperanza frente a la adversidad.
El poder de Dios por encima de la sabiduría humana
La segunda lectura (1 Corintios 2:1-5) reflexiona sobre la naturaleza de la proclamación cristiana.
Pablo
insiste en que la fe no debe apoyarse en la elocuencia o la sabiduría humanas, sino en el poder de Dios manifestado por medio del Espíritu. Este tema destaca la humildad, la centralidad de Cristo crucificado y la obra transformadora del Espíritu Santo como fundamento de la fe cristiana.
En tu vida cotidiana, busca la humildad, centra tu fe y tus decisiones en el ejemplo y las enseñanzas de Jesús, especialmente en su amor que se entrega; pide la ayuda del Espíritu Santo para comprender y vivir tu fe; compártela con sencillez (sin tratar de impresionar con tus conocimientos o elocuencia) y enseña con el ejemplo.
Testimonio y misión: ser luz y sal
El Evangelio (Mateo 5:13-16) utiliza las metáforas de la sal y la luz para describir la misión de los discípulos en el mundo.
Jesús llama a sus seguidores a ser testigos visibles de la bondad, para que sus acciones lleven a otros a glorificar a Dios. Este pasaje habla de la vocación de los cristianos a influir positivamente en el mundo y a hacer visible la presencia de Dios mediante sus obras.
Como sal y luz, testigos y constructores misioneros de paz, dejen que sus acciones reflejen sus valores para que otros vean la bondad y se inspiren. Apoyen y animen a quienes los rodean, ayudándolos a crecer en la fe y la virtud. Participen en actividades que beneficien a los demás, como ser mentores, enseñar, organizar eventos benéficos y promover la unidad y la paz, reuniendo a las personas y fomentando la paz y el entendimiento en sus hogares, en el trabajo o en su vecindario.
Santa Escolástica, San Cirilo, San Metodio y Nuestra Señora de Lourdes, rueguen por nosotros
para que pongamos en práctica la
unión de la fe y la acción, y para que
nuestra adoración a Dios se exprese mediante la justicia y la misericordia hacia los demás.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 8 de febrero de 2026
CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Las bienaventuranzas: vivir una vida cristiana feliz y construir el Reino de Dios.
Queridos hermanos y hermanas:
En este
cuarto domingo del tiempo ordinario, la Palabra de Dios nos invita
a meditar sobre la humildad, la justicia divina, la preferencia de Dios por los humildes, las bendiciones de vivir según los valores de Dios y el llamado a gloriarnos solo en el Señor. Estos temas nos invitan a
reflexionar sobre cómo la fe moldea nuestra actitud hacia nosotros mismos, los demás y Dios, y sobre cómo el Reino de Dios se manifiesta por medio de la justicia, la misericordia y la humildad.
Humildad ante Dios
Las lecturas destacan la importancia de la humildad. Sofonías (Sofonías 2:3; 3:12-13) llama a los humildes a buscar al Señor y promete que un resto —los humildes y sencillos— será protegido y encontrará refugio en Dios. Este tema se repite en las Bienaventuranzas (Mateo 5:1-12a), donde Jesús declara dichosos a los «pobres de espíritu» y les promete el Reino de los cielos. La humildad se presenta como una virtud que nos pone bajo el favor y la protección de Dios. Por eso, será necesario cultivar la humildad examinando con regularidad nuestras acciones y actitudes, reconociendo nuestros errores y pidiendo perdón, sirviendo a los demás sin buscar reconocimiento, realizando trabajo voluntario y promoviendo espacios de diálogo respetuoso para las personas marginadas.
La justicia divina y el cuidado de los más vulnerables
El salmo responsorial (Salmo 146:6-7, 8-9, 9-10) y Sofonías destacan el compromiso de Dios con la justicia: hace justicia a los oprimidos, da de comer a los hambrientos, libera a los cautivos y sostiene a los huérfanos y a las viudas. El reinado de Dios se caracteriza por la fidelidad y el cuidado de quienes sufren marginación o dolor. Este tema subraya la visión bíblica de una sociedad justa, arraigada en el carácter de Dios. Debemos construir este reino, esta sociedad, aquí en la tierra: apoyando causas e iniciativas que promuevan la justicia para los oprimidos, alimenten a los hambrientos y cuiden a las personas marginadas de nuestra comunidad; compartiendo nuestros recursos (tiempo, talentos o dinero) con quienes los necesitan; y movilizando nuestros grupos y diversos ministerios para combatir la injusticia en nuestra comunidad, ciudad, diócesis, estado y país. Por ejemplo, podemos apoyar el derecho a una vivienda digna, el acceso a la atención médica o la equidad en la educación.
La preferencia de Dios por los humildes y los débiles
La carta de Pablo a los corintios (1 Corintios 1:26-31) destaca que Dios elige a los necios, débiles y despreciados para avergonzar a los sabios y fuertes. Esto invierte los valores del mundo y muestra que la sabiduría de Dios es distinta de la sabiduría humana. El mensaje de Dios es que la posición social y los logros humanos no determinan el lugar de una persona ante Dios; más bien, la gracia de Dios eleva a quienes la sociedad pasa por alto. Para construir el reino de Dios aquí en la tierra, tratemos a todas las personas con dignidad, especialmente a quienes la sociedad pueda ignorar o menospreciar; reconozcamos que nuestras debilidades pueden ser oportunidades para que se manifieste la fuerza de Dios; y procuremos que todas las actividades comunitarias sean accesibles y acogedoras para personas de todos los orígenes y capacidades.
Las bendiciones y el Reino de los cielos
Las bienaventuranzas del Evangelio de Mateo (Mateo 5:1-12a) anuncian las bendiciones concedidas a quienes viven la humildad, la misericordia, la justicia, la pureza de corazón y la búsqueda de la paz. Estas bendiciones no son solo recompensas terrenales, sino promesas de consuelo y misericordia y, en última instancia, de participación en el reino de los cielos. El tema teológico es que el reino de Dios está abierto a quienes viven según estos valores, incluso ante la persecución. En la práctica, procuremos vivir las actitudes que Jesús nos enseña: ser misericordiosos, buscar la paz, aspirar a la justicia y mantenernos firmes ante la adversidad. Dejemos que estos valores guíen nuestras decisiones y relaciones: apoyemos a quienes están de duelo, son perseguidos o necesitan ayuda, y recordémosles la esperanza y las bendiciones prometidas por Dios; organicemos sesiones de diálogo para promover la paz y el entendimiento en la comunidad.
Gloriarse solo en el Señor
Pablo
(1 Corintios 1:26-31) concluye que toda gloria debe dirigirse a Dios y no a los logros humanos. Este tema refuerza la idea
de que la salvación, la sabiduría y la justicia son dones de Dios, no fruto del esfuerzo humano.
Cultivemos un corazón agradecido, reconociendo que todo lo bueno viene de Dios y el papel de Dios en nuestros logros;
practiquemos la gratitud y la humildad con nuestras palabras y acciones, y
demos siempre gracias a Dios por todas sus bendiciones.
San Blas, San Ansgar, Santa Águeda, San Pablo Miki y compañeros, rueguen por nosotros
para que cultivemos la humildad, busquemos la justicia, valoremos a los humildes, vivamos las Bienaventuranzas y demos gloria a Dios en todo, construyendo así un mundo más compasivo y justo.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 1 de febrero de 2026
TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Pescadores de hombres y misioneros de la Palabra de Dios
Queridos hermanos y hermanas:
En este
tercer domingo del Tiempo Ordinario celebramos el séptimo «Domingo de la Palabra de Dios», instituido por
el papa Francisco en su carta apostólica
«Aperuit illis» del 30 de septiembre de 2019. La Palabra de Dios de este domingo nos invita a reflexionar sobre estos temas:
la luz que triunfa sobre las tinieblas y la restauración divina – Dios como nuestra luz, nuestra salvación y nuestro refugio – la unidad en Cristo y el peligro de la división – y, por último, la llamada a la conversión y al discipulado.
La luz vence a las tinieblas y Dios restaura
La
primera lectura (Isaías 8:23-9:3) destaca la transformación de la vergüenza y las tinieblas en gloria y luz. El pueblo que «caminaba en tinieblas» ve una «gran luz», símbolo de
esperanza, intervención divina y restauración. La acción de Dios trae alegría y liberación, y rompe el yugo de la opresión. Así comprendemos el poder de Dios para redimir y restaurar, transformando el sufrimiento en alegría. Cuando enfrentemos dificultades o pruebas personales, recordemos que Dios trae luz a las tinieblas. Confiemos en Dios, apoyemos a quienes sufren, comencemos el día o la semana con una oración, seamos luz para los demás, identifiquemos a alguien que esté pasando por dificultades y pongámonos en contacto para ofrecerle un mensaje de aliento o apoyo.
Dios, nuestra luz, nuestra salvación y nuestro refugio
El salmo (Salmo 27:1, 4, 13-14) presenta a Dios como fuente de luz y salvación, que disipa el temor y brinda seguridad. El deseo de habitar en la presencia de Dios y la certeza de contemplar su bondad reflejan una teología de confianza, esperanza y perseverancia. La exhortación a «esperar en el Señor, ser fuertes y valientes»
refuerza la fe en la fidelidad de Dios. Como pescadores de hombres y misioneros de la Palabra, comencemos cada día con una oración de confianza, reconociendo a Dios como nuestro protector y guía, y creemos una comunidad (hogar, trabajo, escuela, universidad) donde las personas se sientan bienvenidas, seguras, valoradas y apoyadas, reflejando el papel de Dios como refugio.
La unidad en Cristo y el peligro de la división
La segunda lectura (1 Corintios 1:10-13, 17) aborda la necesidad de unidad entre los creyentes.
Pablo exhorta a la comunidad a evitar las divisiones y rivalidades, y les recuerda que su lealtad debe ser a Cristo, no a líderes individuales. Así comprendemos
la centralidad de la cruz de Cristo y la proclamación del Evangelio, y no de la sabiduría humana ni de las personalidades. Dos cosas son importantes: la unidad de la Iglesia y la primacía de Cristo. Como misioneros de la Palabra de Dios,
promovamos la armonía (en los grupos, la familia, el trabajo, la iglesia y las comunidades), recordando que
la identidad cristiana está arraigada en Cristo, no en personalidades ni facciones, y mucho menos en el regionalismo o el racismo. Si vemos conflictos o divisiones en nuestra familia, nuestro lugar de trabajo o nuestra comunidad, tomemos la iniciativa de promover la comprensión y el diálogo, haciendo hincapié en los valores comunes y evitando los temas divisivos o los chismes.
La llamada a la conversión y al discipulado
El Evangelio (Mateo 4:12-23) relata la partida de Jesús hacia Galilea y el inicio de su ministerio público. Jesús cumple la profecía y
lleva luz a quienes viven en tinieblas. Su proclamación, «Conviértanse, porque el Reino de los cielos está cerca», introduce el tema de la
conversión. El llamado a los primeros discípulos —Simón Pedro, Andrés, Santiago y Juan— ilustra
la respuesta radical a la invitación de Jesús y el comienzo de su misión como «pescadores de hombres». El pasaje también destaca
las enseñanzas de Jesús, sus curaciones y la inauguración del Reino de Dios. En este domingo de
«Llamados por tu nombre», respondamos al llamado de Jesús sirviendo a los demás, participando en nuestra comunidad de fe y compartiendo nuestra fe con nuestras acciones y palabras (fe en acción). Estemos dispuestos
a salir de nuestra zona de confort, como lo hicieron los primeros discípulos y como
nos invita a hacer el papa Francisco (una Iglesia en salida).
Santos Timoteo, Tito, Ángela Merici, Tomás de Aquino y Juan Bosco, rueguen por nosotros
para que seamos pescadores de hombres y misioneros de la Palabra de Dios fieles y valientes, constructores de una Iglesia «más fraterna y misionera», como nos dice el
papa León XIV.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 25 de enero de 2026
SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
«Aquí estoy, Señor; vengo a hacer tu voluntad»
Queridos hermanos y hermanas:
En este segundo domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre la vocación y la misión divinas, la obediencia y la disposición para servir, la santificación y la unidad en Cristo, la Encarnación y la adopción divina, y Jesús como Cordero de Dios y dador del Espíritu.
¿Cómo podemos servir a los demás en nuestra comunidad, en el trabajo o en la familia? ¿Fomentamos la unidad y la reconciliación en nuestras relaciones, procurando ver a los demás como herederos de la gracia? ¿Abrazamos nuestra identidad de hijos amados de Dios y permitimos que esta verdad influya en nuestra autoestima y en nuestras relaciones con los demás? ¿Aceptamos el perdón y lo ofrecemos a los demás, reconociendo el poder del sacrificio de Cristo para sanar y restaurar?
Vocación y misión divinas
En la
primera lectura de Isaías (Isaías 49, 3.5-6), Israel es descrito como siervo de Dios, elegido para hacer volver al pueblo y ser luz de las naciones. Esto destaca que al pueblo de Dios se le ha confiado una misión que va más allá de sí mismo: contribuir a la restauración y salvación de todos. Reflexionemos sobre nuestros dones y circunstancias, y pensemos cómo podemos servir a los demás en nuestra comunidad, lugar de trabajo o familia. Por ejemplo, ofreciendo nuestro tiempo como voluntarios o poniendo nuestros talentos al servicio de los demás para llevar esperanza, sanación, justicia o aliento.
Obediencia y disposición para servir
El
salmo responsorial (Salmo 40:2, 4, 7-8, 8-9, 10) se centra en la respuesta al llamado de Dios y destaca la obediencia, la apertura y la sincera disposición a hacer su voluntad. La respuesta repetida, «Aquí estoy, Señor; vengo para hacer tu voluntad», refleja la importancia de alinear nuestras acciones con los deseos de Dios y de valorar la obediencia por encima del sacrificio ritual. ¿Cómo hacerlo? Practica la escucha atenta en la oración o la meditación; responde a las oportunidades cotidianas de actuar con bondad, honestidad e integridad; cultiva el hábito de decir «sí» a los pequeños actos de servicio, reconociendo que la fidelidad en las cosas pequeñas te prepara para mayores responsabilidades; escucha y actúa; participa en la vida de la comunidad realizando tus tareas cotidianas con espíritu de servicio.
Santificación y unidad en Cristo
El saludo de Pablo (1 Corintios 1:1-3) a los corintios introduce el tema de la santificación, es decir, de llegar a ser santos por medio de Cristo, y de la unidad de todos los creyentes que invocan a Jesús. Así comprendemos que
la santidad es tanto un don como una vocación, y que la comunidad cristiana está unida por la gracia y la paz de Dios. Por eso, quienes aceptamos a Cristo (Juan 1:14a, 12a) recibimos la fuerza para llegar a ser hijos de Dios.
Como consecuencia, debemos construir nuestra comunidad. Estamos invitados a fomentar la unidad y la reconciliación en nuestras relaciones, procurando ver a los demás como hermanos que también reciben la gracia; a participar en actividades comunitarias o parroquiales que fortalezcan el apoyo mutuo y el crecimiento espiritual; y a buscar maneras de hacer tangible el amor de Dios mediante la hospitalidad, la generosidad o la defensa de quienes lo necesitan.
Jesús, Cordero de Dios y dador del Espíritu
En el
Evangelio (Juan 1:29-34), Jesús es presentado como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Comprendemos el papel sacrificial de Jesús en la salvación.
El testimonio de Juan el Bautista acerca del Espíritu que desciende sobre Jesús lo identifica como aquel que bautiza con el Espíritu Santo y confirma su filiación divina.
Estas son algunas implicaciones para nuestra vida cotidiana: Aceptemos el perdón y extendámoslo a los demás, reconociendo el poder del sacrificio de Cristo para sanar y restaurar. Soltemos, por tanto, los rencores y busquemos la reconciliación, sabiendo que el perdón es esencial para la renovación espiritual; invitemos al Espíritu Santo a guiar nuestras decisiones y acciones, especialmente en situaciones difíciles, y compartamos cómo nuestra fe ha transformado nuestra vida, ofreciendo así esperanza y aliento a los demás.
Santos Fabián, Sebastián, Inés, Vicente, Mariana Cope y Francisco de Sales, rueguen por nosotros
para que respondamos al llamado de Dios a ser santos, servir a los demás, reconciliarnos, vivir en paz y señalar a los demás a Jesucristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 18 de enero de 2026
EL BAUTISMO DEL SEÑOR
El bautismo de Jesucristo y sus implicaciones para nuestra vida
Queridos hermanos y hermanas:
En este último día del tiempo de Navidad celebramos la
fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo. También es la fiesta de nuestro propio bautismo, pues por medio de él quedamos incorporados a Jesucristo. ¿Cómo vivimos en nuestro día a día las implicaciones de nuestro bautismo (como profetas, reyes y sacerdotes)? ¿Nos animan estas implicaciones prácticas a vivir la fe de manera concreta, reflejando la
justicia,
la misericordia,
la imparcialidad y
la aprobación divina en nuestras interacciones y decisiones cotidianas?
Justicia y misericordia divinas
En
la primera lectura (Isaías 42:1-4, 6-7), el Señor nos presenta a su Siervo, en quien deposita gran confianza y sobre quien reposa su Espíritu. Su misión es llevar justicia y rectitud a las naciones con mansedumbre y perseverancia. También será alianza para el pueblo y luz para las naciones, liberará a los cautivos y abrirá los ojos de los ciegos. Se nos anima a encarnar las cualidades del siervo elegido por el Señor promoviendo la justicia y la misericordia en nuestra vida diaria. Una de las implicaciones de nuestro bautismo hoy
es defender a los oprimidos, apoyar a quienes lo necesitan y esforzarnos por llevar luz y esperanza a los demás.
La imparcialidad de Dios
En la
segunda lectura (Hechos 10:34-38),
San Pedro reconoce que Dios no hace distinción de personas, sino que acoge a quien lo teme y practica la justicia. Podemos comprender el carácter inclusivo de la acogida de Dios y la misión universal de Jesucristo.
Vivir sin hacer distinciones es una de las implicaciones de nuestro bautismo. Esto nos invita a practicar la inclusión y la equidad:
tratar a todos con respeto y dignidad, sin importar su origen, color de piel o condición social o económica.
La aprobación divina y la confirmación de la misión de Jesús
San Mateo, en su
Evangelio (Mateo 3, 13-17), presenta el bautismo de Jesús por Juan el Bautista, cuando se abren los cielos, el Espíritu de Dios desciende sobre Jesús y una voz del cielo lo proclama Hijo amado de Dios. Esto destaca la aprobación divina y la confirmación de la misión de Jesús. Finalmente, otra implicación de nuestro bautismo es la necesidad de buscar siempre la aprobación de Dios en nuestras acciones, en todo lo que hacemos. Debemos vivir una vida que
agrade a Dios, seguir sus enseñanzas y estar abiertos a la guía del Espíritu Santo. Nuestra misión hoy es
orar por los demás
(misión sacerdotal),
denunciar todo lo que no está de acuerdo con el plan de Dios,
proclamar las maravillas de Dios,
renunciar al mal y al pecado
(misión profética), y
servir a los demás con amor y dedicación
(misión real).
San Hilario y San Antonio, abad, rueguen por nosotros para que demos al Señor gloria y poder, la gloria debida a su nombre (Salmo 29:1-2, 3-4, 3, 9-10), y vivamos cada día nuestra misión sacerdotal, profética y real.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 11 de enero de 2026
LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
Jornada Mundial de la Infancia Misionera
El encuentro con Cristo abre nuevos caminos de vida...
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy celebramos la
Fiesta de la Epifanía del Señor. Dios se manifiesta a su pueblo, a las naciones y a toda la humanidad. Con motivo de esta fiesta, la Iglesia también celebra la Jornada Mundial de la Infancia Misionera, conocida también como Jornada Mundial de las Misiones para los Niños. Nuestra reflexión se centrará en estos temas: la gloria divina, la justicia, la inclusión y el reconocimiento de la realeza universal de Cristo. ¿Cómo vivimos hoy este misterio de la manifestación de Dios a todas las naciones? ¿Qué representan los Reyes Magos para nosotros hoy? ¿Cómo buscamos a Jesús? ¿Cambia tu vida el encuentro con Él? ¿Ponemos nuestra inteligencia y nuestros conocimientos al servicio de la vida o de la muerte?
El poder transformador de la luz
Dios se manifiesta a todas las naciones; se nos ha dado un Niño. Él es la Luz de las naciones (Lumen Gentium). Jerusalén está invitada a levantarse y resplandecer, pues ha llegado su Luz (Isaías 60, 1-6). Hermano y hermana, Jesús, la Luz de las naciones, tiene el poder de transformar tu vida, tu familia, tu matrimonio, tu trabajo y tu negocio. La Jerusalén resplandeciente de hoy es nuestra familia de Saints Peter and Paul, tu familia, porque Jesús, Dios hecho hombre, está entre nosotros. Que su luz nos atraiga hacia Él e ilumine a nuestros líderes y a nosotros en nuestra misión.
Liderazgo justo y el mandato divino sobre la justicia
Hoy, más que nunca, necesitamos líderes justos que trabajen por el bien del pueblo y no por sus intereses personales o los de sus amigos. Que nuestras oraciones de hoy por nuestros líderes y por quienes tienen responsabilidades en las Iglesias y otras instituciones se eleven al Padre, como la del salmista (Salmo 72, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13). Que la luz de Cristo los ayude a trabajar por la justicia social y la equidad.
El carácter inclusivo de la promesa de Dios y la revelación de los misterios divinos
San Pablo (Efesios 3:2-3a, 5-6) nos dice que, por la gracia de Dios, se ha revelado que todas las naciones comparten la misma herencia y la misma promesa por medio de Jesucristo. Este tema destaca la universalidad de la promesa de Dios y la revelación de los misterios divinos: «que los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio».
Homenaje y reconocimiento de la realeza de Jesús
Todas las naciones, representadas por los tres Reyes Magos, buscan a este Dios que ha nacido.
El Evangelio (Mateo 2:1-12) nos habla de tres
sabios (Baltasar, Gaspar y Melchor), o
hombres de ciencia (Magoi en griego), que van en busca de este Dios que se manifiesta. Una pregunta los acompaña: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos su estrella al salir y hemos venido a rendirle homenaje». Están buscando a Dios. Como bien podemos comprender por las Sagradas Escrituras, creyentes y no creyentes «buscamos el rostro del Dios vivo», la Estrella que indica el camino y alegra el corazón de las personas. Hermano, hermana, como
los Reyes Magos, déjate guiar por esta Luz y serás feliz. Como ellos, estudia las Sagradas Escrituras para comprender quién es este Niño Jesús y búscalo con todo tu corazón para, finalmente, adorarlo y ofrecerle tus regalos, como los Reyes Magos le ofrecieron
oro (la realeza de Jesús),
incienso (símbolo de la divinidad de Jesús) y
mirra (que simboliza que Jesús también fue hombre y presagia su muerte en la cruz). Hermano, hermana, no te canses de buscar a Dios. Es un desafío, pues puedes encontrarlo o no; puedes alejarte del Dios de Jesucristo o acercarte a él. ¡Tómate tu tiempo! Este es un mensaje de esperanza, porque cuando
encuentres a Cristo, todo cambiará en tu vida; serás feliz y lo adorarás con gran alegría, como los Reyes Magos. Él está presente en tu prójimo, tu esposo, tu esposa, tus hijos, incluso en personas que no comparten nuestra religión, porque Dios también los ama. Hermanos y hermanas,
hombres y mujeres de ciencia
y sabiduría, pongamos nuestra inteligencia al servicio del BIEN y de la VIDA, y no del mal y de la muerte (como Herodes). Los Reyes Magos nos enseñan esta sabiduría: no siguieron el consejo de Herodes.
Santos Juan Neumann, André Bessette y Raimundo de Peñafort, rueguen por nosotros
para que nuestro encuentro con Jesucristo nos
abra nuevos caminos para amar, elegir el bien y poner la ciencia al servicio de la vida. Que los Pequeños Misioneros evangelicen, oren y ayuden a los niños más necesitados del mundo.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 4 de enero de 2026
FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ
La familia: el carácter sagrado de los vínculos, roles y responsabilidades familiares
Queridos hermanos y hermanas:
Este domingo, la Iglesia celebra la
fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret: Jesús, María y José. Para comprender mejor la importancia de la familia tanto para la sociedad civil como para la Iglesia, nuestra reflexión se centrará en estos temas: el honor y las relaciones familiares - el perdón, la compasión y el amor - la paz de Cristo y la gratitud - las bendiciones de la fidelidad - la obediencia y el respeto mutuo en la familia - la Providencia divina y la protección - el cumplimiento de las profecías. ¿Cómo podemos construir este tipo de familia según el plan de Dios?
El honor y las relaciones familiares
La vida y las relaciones familiares son importantes y tienen un carácter sagrado. Los padres dan la vida a sus hijos, los aman y los educan según la ley de Dios.
Estas relaciones tienen su origen en el amor incondicional de Dios. La Sagrada Familia de Nazaret es modelo para todas las familias de la humanidad.
Los hijos tienen el deber y la misión de amar a sus padres y ayudarlos en la vejez
(Eclesiástico 3,2-6.12-14). Así comprendemos la importancia de honrar a los padres. Honrar al padre y a la madre es un camino hacia el perdón, la bendición y una vida larga. Así se expresa la comprensión intergeneracional, la relación recíproca entre generaciones: «los hijos están llamados a respetar y cuidar a sus padres, especialmente en la vejez, y los padres deben ser compasivos y bondadosos». Mantengamos siempre la santidad de la familia y la responsabilidad entre generaciones.
Las bendiciones de una vida conforme a los caminos de Dios
El salmo (Salmo 128:1-2, 3, 4-5) celebra la felicidad y la prosperidad que resultan de temer al Señor y vivir según sus caminos. Relaciona la fidelidad a Dios con bendiciones concretas en la vida familiar, el trabajo y la comunidad. La imagen de un hogar fecundo y la bendición de contemplar la prosperidad de Jerusalén reflejan la idea bíblica de que
la obediencia a Dios conduce al bienestar integral. La fidelidad a las propias convicciones, relaciones o responsabilidades aporta estabilidad y sentido.
Las virtudes cristianas como fundamento de la vida comunitaria y familiar
San Pablo, en la segunda lectura (Colosenses 3:12-21 o 3:12-17), nos invita a vivir virtudes como la compasión, la bondad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia, el perdón y, sobre todo, el amor.
Estas virtudes son esenciales para una vida comunitaria armoniosa y están arraigadas en la identidad del creyente, elegido, santo y amado por Dios. El Apóstol de los gentiles también nos habla de los roles específicos en el hogar: esposas, esposos, hijos y padres.
El respeto mutuo, el amor y el aliento son elementos importantes para la vida familiar y comunitaria. «El respeto mutuo y los límites saludables en las familias son esenciales para la salud emocional y el bienestar. El modelo bíblico promueve el diálogo, la empatía y la responsabilidad compartida». Que la Palabra de Cristo, su paz y la gratitud nos acompañen en
la misión de construir nuestra comunidad parroquial como hermanos y hermanas que creen, celebran y viven juntos como discípulos misioneros.
La Providencia, la protección de Dios y el cumplimiento de las profecías
San Mateo, en el Evangelio (Mt 2:13-15, 19-23), relata la huida a Egipto y el regreso a Nazaret. Destaca la guía providencial y la protección de Dios sobre la Sagrada Familia por medio de los mensajes que recibió José. Ese mismo Dios, queridos feligreses de Saints Peter and Paul, protegerá a nuestra comunidad y a todas sus familias. Además, amados en el Señor, las profecías que se cumplieron en la vida de Jesús también se cumplirán en nuestras familias, nuestra comunidad y nuestra diócesis de Salt Lake City. En medio de nuestras incertidumbres, crisis y angustias, como San José, estamos llamados a obedecer las indicaciones divinas y confiar en el plan de Dios.
Por todos nuestros hermanos y hermanas que viven la misma situación migratoria que la Sagrada Familia, y por todos nosotros, mantengamos la esperanza y perseveremos en la oración y la meditación de la Palabra de Dios.
Santos Silvestre, María Madre de Dios, Basilio el Grande y Gregorio Nacianceno, rueguen por nosotros
para que, siguiendo el ejemplo de la Sagrada Familia, seamos familias que honran y respetan a nuestros padres y a nuestros hijos, promoviendo el perdón, la compasión, el amor y la paz de Cristo, y confiando en la divina providencia y su protección.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 28 de diciembre de 2025
GRACIAS POR SU PARTICIPACIÓN EN LA NATIVIDAD DEL SEÑOR
Queridos feligreses:
De todo corazón, doy gracias a Dios por habernos acompañado durante las cuatro semanas de Adviento. Las Eucaristías diarias, las oraciones y la Adoración, los retiros diocesanos y parroquiales, las novenas y las «Posadas» nos han preparado espiritualmente para vivir este día de Navidad: DIOS VIENE A VISITAR A NUESTRA COMUNIDAD PARROQUIAL DE SAN PEDRO Y SAN PABLO.
Muchas gracias al Consejo Parroquial, a la Asamblea Parroquial, a todas las familias, grupos, coros, ministerios y servicios de nuestra parroquia. Sin ustedes, esta celebración no habría sido tan especial. Gracias por su apoyo moral, espiritual y económico. Que Dios los bendiga y los colme de su gracia y sus bendiciones.
Sigamos
«construyendo nuestra comunidad como hermanos y hermanas que CREEN, CELEBRAN y VIVEN JUNTOS como discípulos misioneros». Este objetivo a largo plazo (2030),
por el que trabajamos cada mes y cada Año Pastoral, avanza firmemente. Dios y su Espíritu nos acompañan. Con la ayuda de Dios y su participación, compromiso y celo misionero, alcanzaremos nuestra meta final.
Mi agradecimiento va directamente a nuestros hermanos y hermanas que, con el fruto de su trabajo (negocios, tiendas, actividades, etc.), nos han apoyado y siguen animándonos y apoyándonos en nuestra labor pastoral. Que Dios multiplique por mil todo lo que han ofrecido de todo corazón a nuestra comunidad parroquial. Ustedes, su trabajo y sus familias están en nuestras oraciones y en nuestro corazón.
Que
nuestra Madre, la Virgen María, Nuestra Señora de Guadalupe (México), de Coromoto (Venezuela), del Quinche (Ecuador), de la «Merced» (Perú) y la «Morenita», interceda por nosotros para que seamos «CIUDADANOS FIELES» y «CATÓLICOS AUTÉNTICOS» al servicio del Reino de Dios aquí, en nuestra ciudad de West Valley City, nuestra Diócesis de Salt Lake City, nuestro estado de Utah y nuestro hermoso y bendecido país, los Estados Unidos de América.
¡FELIZ NAVIDAD!
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 25 de diciembre de 2025
SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
Jesucristo, el Rey que sirve y no es servido
Queridos hermanos y hermanas:
Con la
fiesta de Cristo, Rey del Universo, llegamos al final del Año Litúrgico C. ¡Bendito sea Dios, que nos acompaña durante todo este año! Nos encontramos ante
esta paradoja: ¡un Rey insultado, maltratado y asesinado! Verdaderamente, Jesucristo es el Rey de reyes, no a la manera de los hombres, sino a la manera de Dios. ¿Qué significa esto para nosotros hoy?
Jesucristo es el «nuevo David»
El rey David, en la
primera lectura
(2 Samuel 5:1-3), es reconocido como un ser humano frágil y pecador, pero guía lealmente al pueblo de Dios (Israel). Entre él y el pueblo había
lealtad mutua.
Es esta lealtad la que pedimos al Señor para los líderes del mundo entero y para nosotros mismos. Que seamos fieles y leales a los demás y al Pueblo de Dios. Lo mismo se aplica a todos los pastores, líderes de comunidades y quienes ejercen un ministerio en nuestras Iglesias. Necesitamos comprender el
liderazgo y servicio que ejercía Jesús. Así como David fue ungido y reconocido como líder, estamos llamados a guiar y servir en nuestras comunidades
con integridad y humildad. Esto implica reconocer nuestros dones y usarlos para el bien de los demás, fomentando la unidad y la cooperación.
La Cruz de Cristo
y
la Pascua
Destaca el papel de Jesús como salvador, que ofrece perdón y vida eterna a quienes creen en él. La promesa del paraíso al criminal arrepentido subraya
la universalidad de la salvación y la certeza de la vida eterna por la fe en Jesús.
La Cruz de Cristo y
la Pascua son dos elementos fundamentales para comprender la realeza de Jesucristo. Él es imagen del Dios invisible; por medio de Él fue creado todo. Él es la cabeza del cuerpo, de la Iglesia. Él es el principio y el primogénito
(Colosenses 1:12-20). Todo esto porque aceptó servir a los demás, cumplir la voluntad de su Padre muriendo
en la Cruz
para salvarnos y darnos vida. Al final de todo, con su resurrección, el Padre le entrega todo el Reino. Él es el «nuevo David» y no es un pecador. Es el «nuevo Adán», el «Ungido de Dios», y su Reino no es de este mundo. Nosotros también, por nuestro bautismo, somos reyes. Sirvamos a los demás como lo hizo Cristo.
El reinado de Cristo,
el Reino de Dios
El reinado de Cristo,
el Reino de Dios, solo está abierto a los «convertidos»
(Lc 23, 35-43). Uno de los criminales crucificados con Jesús nos da el ejemplo.
Jesucristo nos ofrece su perdón ilimitado. Hoy recibimos el perdón de Cristo y debemos ofrecérselo a los demás. Por lo tanto,
el Reino de Dios, el reinado de Jesús, es un reino de paz, amor, reconciliación, justicia y paz. El pasaje también destaca el tema de la reconciliación: el sacrificio de Cristo trae consigo la restauración de todas las cosas en Dios.
«¡Señor, venga tu reino!» Queridos jóvenes de Saints Peter and Paul, ¡el Reino de Dios está abierto para ustedes!
San Andrés Dũng-Lạc y Santa Catalina de Alejandría, rueguen por nosotros para que vivamos nuestra fe de manera significativa y transformadora, y conformemos nuestra vida a las enseñanzas y al ejemplo de Cristo.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 23 de noviembre de 2025
TRIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Iglesia de los Santos Pedro y Pablo: «Casa de Dios» donde pecadores y santos están junto a su Padre
Queridos hermanos y hermanas:
En este trigésimo domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos habla del amor de Dios por los pobres, los humildes, los oprimidos, los huérfanos, los marginados y los débiles. Dios, Padre bueno y misericordioso, siempre escucha sus oraciones y sus clamores. Hoy hará lo mismo por nosotros. ¿Sentimos la presencia de Dios durante nuestras celebraciones eucarísticas? ¿Nos beneficiamos de su presencia? ¿Apreciamos su guía, su compañía, su bondad y su mirada misericordiosa?
Junto a Dios, nuestro Padre, en su casa
Cada día, Dios nos invita a su casa para celebrar la fiesta. Nos extiende una invitación especial
cada domingo, porque es el
«Día del Señor», el «día de fiesta y alegría».
Ben Sirácida describe muy bien la imagen de este Dios Padre: «El Señor es un Dios justo, que no hace distinciones. No es parcial en perjuicio del pobre, sino que escucha la oración del oprimido. No desoye la súplica del huérfano ni el lamento de la viuda». (Sirácida 35, 12-14.16-18). Él nos acoge tal como somos:
pecadores o santos, fariseos o publicanos. En este encuentro, a veces nos comportamos como el fariseo, el justo: criticamos a los demás y pensamos que somos justos, perfectos y mejores que ellos. A veces también somos como el publicano, el pecador: humildes, reconocemos nuestras faltas y pedimos ayuda a nuestro Padre. Hoy, nosotros, que somos
misioneros de la esperanza, ¿qué debemos hacer? ¿Qué actitud debemos adoptar?
Misioneros de esperanza, testigos de Cristo resucitado
Fieles a Dios, a Jesucristo y a su Iglesia, apreciamos su guía, su compañía, su bondad y su mirada misericordiosa. Después de la celebración eucarística, continuamos su misión dando testimonio de su amor y permaneciendo fieles a él hasta la muerte, como nos exhorta
San Pablo (2 Timoteo 4:6-8, 16-18).
En primer lugar, debemos imitar a Dios siendo imparciales con todos.
En segundo lugar, nuestra misión es alabar y bendecir constantemente al Señor (Salmo 34:2-3, 17-18, 19, 23). En tercer lugar, como misioneros, debemos ofrecernos como sacrificios, luchar el buen combate de la fe por Jesucristo y permanecer fieles a él hasta el final, incluso hasta la muerte.
Por último, como misioneros y testigos de Cristo, debemos ser hombres y mujeres de oración. No podemos hacer nada sin la oración. El publicano del Evangelio (Lucas 18:9-14) nos ofrece un ejemplo de cómo orar: reconocer que somos pecadores, reconciliarnos con Dios y con nuestros hermanos y hermanas, acercarnos a Él con humildad para implorar su misericordia y ser misericordiosos con los demás. Esto es lo que hará que ustedes y todos nosotros seamos justos, es decir, «santos», salvados.
Santos Simón y Judas, rueguen por nosotros
para que seamos fieles a Dios, humildes, misericordiosos, santos, generosos, misioneros de esperanza, hombres y mujeres de oración, que ayudemos a los demás a experimentar la alegría del encuentro con Dios.
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 26 de octubre de 2025
SEMANA MISIONERA CATÓLICA DE UTAH - 5 - 2025: Gratitud
Quisiera
dar gracias a Dios por acompañarnos durante la
quinta Semana Misionera Católica de Utah.
Agradezco al
obispo Oscar Solis por animarnos a organizar este momento de formación y capacitación misionera en nuestra parroquia.
Expreso mi agradecimiento a los ponentes (Angel, Octavio y Norma, Alfredo y Delfia, Rev. Father Dr. Langes J. Silva y Engineer Pablo MEJIA) por la calidad de sus presentaciones y por ayudarnos a ser «Misioneros de esperanza» entre el Pueblo de Dios aquí en West Valley City y en nuestra Iglesia local de Salt Lake City.
De todo corazón, agradezco a toda nuestra comunidad parroquial su generosidad, su sentido de Iglesia y su participación durante esta Semana Misionera Católica de Utah. Somos «de los que se encuentran con Jesús» y, llenos de la «alegría del Evangelio», «emprendemos una nueva etapa de evangelización marcada por esta alegría», como nos indicó el papa Francisco (Evangelii Gaudium
#1).
Gracias a los
estimados hermanos sacerdotes (Sebastian, Kelechi, Ron, and Langes) que celebraron la Eucaristía durante la Semana Misionera Católica de Utah. Gracias por la
sincera colaboración que nos une como sacerdotes de la Diócesis de Salt Lake City.
Mi agradecimiento a los hermanos y hermanas de las demás comunidades parroquiales que participaron en esta formación misionera.
Que nuestra Madre misionera, la Virgen María, nos acompañe en la tarea de «construir nuestra parroquia como hermanos y hermanas que creen, celebran y viven juntos como discípulos misioneros».
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
Padre Sebastien SASA, PhD, MPA
Párroco de la Iglesia Católica de los Santos Pedro y Pablo
West Valley City, UT
West Valley City, 26 de octubre de 2025
VIGÉSIMO SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
La fe en acción: la importancia de la fe, la justicia y la compasión
Queridos hermanos y hermanas:
Estos pasajes bíblicos del
vigésimo sexto domingo del tiempo ordinario destacan el contraste entre
la riqueza terrenal y la justicia espiritual, y subrayan
la importancia de la fe, la rectitud y la compasión.
Vivimos en un mundo lleno de opresión, de «la explotación del hombre por el hombre» y de discriminación y desigualdad: hay personas demasiado ricas y personas demasiado pobres. En Samaria se daba este tipo de situación. Lo mismo ocurre hoy en nuestras sociedades, nuestros países y nuestras comunidades. Ante esta situación, ¿qué debemos hacer? ¿Resignarnos y aceptarla? ¿O debemos adoptar la misma actitud del profeta Amós y de san Pablo? ¿Cómo puede la fe puesta en práctica ayudarnos a tener el valor de elegir la justicia distributiva y social, buscar las virtudes espirituales, el amor y la paz? Nuestra
fe puesta en práctica debe abarcar todos estos aspectos de nuestra vida: la riqueza y la responsabilidad social, la búsqueda de las virtudes, la fidelidad y la justicia, y la advertencia contra la complacencia.
Riqueza y responsabilidad social
La parábola del rico y del pobre Lázaro subraya las consecuencias eternas de desatender el sufrimiento de los demás
(Lucas 16:19-31). Tenemos un deber: con los recursos a nuestro alcance, ayudemos a quienes lo necesitan. En el mundo de hoy, esto se traduce en decisiones éticas que prioricen la justicia social, la filantropía y una distribución equitativa de la riqueza. También apoyamos causas benéficas, abogamos por políticas que aborden las desigualdades económicas y realizamos actos de bondad y generosidad.
Buscar virtudes
El llamado a las virtudes espirituales, como la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la perseverancia y la mansedumbre (1 Timoteo 6:11-16), subraya la importancia de la conducta ética en todos los aspectos de la vida. Estas virtudes guían a las personas para que tomen decisiones que reflejen integridad, compasión y resiliencia. En la sociedad moderna, esto significa actuar éticamente en el ámbito personal y profesional, mantener los principios morales y procurar hacer lo correcto incluso en situaciones difíciles.
Fidelidad y justicia
La representación de la fidelidad eterna y la justicia de Dios refuerza la convicción de apoyar a los oprimidos, los hambrientos, los encarcelados y los vulnerables (Salmo 146:7, 8-9, 9-10). Esto tiene implicaciones directas para las decisiones éticas relacionadas con los derechos humanos, la justicia social y la protección de grupos marginados de migrantes y refugiados. Acompañemos a nuestra comunidad parroquial y a nuestros sacerdotes para defender un trato justo, brindar apoyo a quienes lo necesitan y trabajar por una sociedad justa y equitativa.
Advertencia contra la complacencia
La advertencia contra la complacencia y la satisfacción egoísta sirve de
lección sobre los peligros de anteponer la comodidad personal al bienestar de la comunidad
(Lucas 16:19-31). Esto tiene importantes implicaciones éticas en un mundo donde el consumismo y el materialismo suelen eclipsar las necesidades de quienes menos tienen. Tomemos
decisiones que prioricen la empatía, la responsabilidad social y el compromiso con el bien común. Queridos jóvenes y adultos jóvenes de nuestra comunidad, los invito a ser conscientes del impacto que tenemos en los demás y a tomar decisiones que contribuyan al bienestar de nuestras comunidades.
Santos Miguel, Gabriel, Rafael, Jerónimo, Teresa del Niño Jesús, Ángeles Custodios y Francisco de Asís, rueguen por nosotros para que
estas consecuencias teológicas sean una brújula moral que oriente las decisiones éticas y anime a las personas y las sociedades a actuar con compasión, justicia y fidelidad.
Recordemos siempre que el verdadero bienestar espiritual está ligado a nuestro compromiso con la justicia, la fe y el bienestar de los demás.
West Valley City, 28 de septiembre de 2025
SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
«La Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace la Iglesia»
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy celebramos la
fiesta del
Corpus Christi,
el Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, la presencia real de este Cuerpo y Sangre de Cristo en la Eucaristía bajo las especies del pan y del vino. ¿De dónde vienen el Cuerpo y la Sangre de Cristo? ¿Qué hace el sacerdote durante la consagración? ¿Cómo hace la Iglesia la Eucaristía? ¿Cómo hace la Eucaristía a la Iglesia? ¿La invocación del Espíritu Santo que hace el sacerdote sobre el pan y el vino, fruto del trabajo de hombres y mujeres, los transforma en el Cuerpo y la Sangre de Cristo?
Corpus Christi, ¿qué?
Desde
Santa Juliana de Cornillon y la
beata Eva de Lieja, hasta los
papas Urbano IV (institución de la fiesta del Santísimo Sacramento),
Juan XXII (procesión pública por la ciudad con la custodia) y sus sucesores,
el Corpus Christi sigue celebrándose en las Iglesias católica romana, anglicana y ortodoxa occidental.
Es una fiesta importante porque crea a la Iglesia, y la Iglesia también la celebra.
La Eucaristía, ¿qué es?
En griego,
Eucaristía (εὐχαριστία) significa «acción de gracias» y «gratitud».
El sacerdote-rey Melquisedec, en un rito de acción de gracias por la victoria, ofreció pan y vino al Señor
(Gén 14:18-20). También nosotros, en todas las circunstancias de la vida, estamos invitados a dar siempre gracias a Dios, porque es bueno con nosotros. En la Nueva Alianza,
san Pablo (1 Cor 11:23-26) nos invita a vivir las dos dimensiones del pan eucarístico:
sacrificio y redención o liberación. En cuanto al vino eucarístico, encontramos la noción bíblica de
«memorial»:
el pasado, el presente y el futuro.
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía»
(pasado). Jesús mismo nos dice: «Esta copa es la nueva alianza en mi sangre. Hagan esto, cada vez que la beban, en memoria mía».
(presente y futuro).
Jesús está vivo, verdaderamente presente y siempre presente en todos los sagrarios del mundo para acompañarnos en nuestra vida. Mientras esperamos su venida, sigamos celebrando su muerte y resurrección: la Eucaristía, el Pan de Vida.
Implicaciones sociales de la Eucaristía
«No podemos vivir sin la Eucaristía» ni sin el domingo, el día del Señor. Hermanos y hermanas, estamos invitados a participar en la celebración eucarística dominical. Celebramos la Eucaristía; hacemos la Eucaristía.
Ella nos une y nos convierte en el pueblo de Dios de la Nueva Alianza por la preciosa Sangre de Cristo. El pan que nos da vida no puede faltar en nuestras familias y comunidades. El Cuerpo de Cristo que comemos y la Sangre de Cristo que bebemos son para nosotros el «Pan de Vida». En el Evangelio (Lucas 9:11-17), Jesús nos invita a compartir con los hambrientos, los que sufren y los necesitados lo que recibimos de Dios: el Pan de Vida. La Eucaristía, el Pan de Vida, está siempre presente en el Santísimo Sacramento, para ser adorado y recibir nuestras oraciones.
Respeto, honor, gloria y poder a aquel que es, que era y que ha de venir.
Por medio de él tenemos la fuerza y el valor para transformar este mundo, esta humanidad deshumanizada. Como dice el papa Benedicto XVI (Sacramentum Caritatis #89), la Eucaristía tiene implicaciones sociales: justicia, paz, liberación, desarrollo, transformación de nuestras comunidades, vivencia de nuestra misión profética, etc.
María, «Mujer eucarística», san Juan Bautista, san Ireneo, san Pedro y san Pablo,
rueguen por nosotros
y ayúdennos
a ser siempre Pan de Vida para nuestros hermanos y hermanas, nuestra parroquia, nuestra ciudad de West Valley City, nuestra Iglesia local de Salt Lake City, nuestro estado de Utah y nuestro país, los Estados Unidos de América.
West Valley City, 22 de junio de 2025
SANTÍSIMA TRINIDAD
Santísima Trinidad: tres personas en un solo Dios, un solo amor
Queridos hermanos y hermanas:
«El misterio más esencial de Dios no se ha revelado mediante “fórmulas”, sino mediante hechos».
San Agustín, en su tratado
sobre la Trinidad (§ 15,28), concluye diciendo:
«Que me acuerde de ti; que te comprenda; que te ame». Por el Amor que circula entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, podemos comprender mejor el misterio de la Santísima Trinidad mediante
el Amor que fluye entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
¿Cómo comprendemos la Santísima Trinidad? ¿Es una cuestión de fe o de especulación filosófica o teológica? En la lógica matemática, 1+1+1=3, no 1. Entonces, ¿cómo podemos comprender esto: 1+1+1=1? ¿Puede el amor ayudarnos a comprender esta lógica?
La comprensión progresiva de la Trinidad
La primera lectura del
Libro de los Proverbios (Prov 8:22-31) no habla explícitamente de la Trinidad. Debemos recordar que este libro fue escrito entre 1015 y 975 a. C., cuando Salomón estaba en Jerusalén.
La preocupación del pueblo de la
Primera Alianza era vivir de manera recta y ser fiel al único Dios. Más adelante, en la
Segunda Alianza, después de la resurrección de Cristo, este pueblo comenzará a hablar del
único Dios como Trinidad. En este Libro de los Proverbios hay un diálogo, una comunión entre Dios y la Sabiduría (que ya nos hace pensar en Jesucristo).
La fe y el Espíritu Santo nos ayudan a comprender el misterio de la Trinidad
Dios Padre crea, el Hijo salva y el Espíritu Santo da vida. Hay una especie de
sinergia, de armonía entre las tres personas en un solo Dios.
San Pablo
(Rom 5:1-5) nos lo confirma:
«La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado». El prefacio de este domingo puede ayudarnos a comprender esta sinergia:
«Porque con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola naturaleza. Pues cuanto creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna Divinidad, adoramos a tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad».
Vivir la Trinidad en nuestra vida diaria
Que la sabiduría de Dios (Pr 8, 22-31) y el Espíritu Santo (Jn 16:12-15) nos ayuden a comprender y vivir este gran misterio en nuestra vida diaria. Toda nuestra vida está marcada por la Santísima Trinidad: antes de comer, dormir, trabajar, descansar, viajar y morir, siempre lo hacemos «en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». En toda situación que enfrentemos, hay tres cosas que nos acompañan: paciencia, virtud sólida y esperanza. Al entrar en la vida de la Santísima Trinidad por el bautismo, experimentamos la intimidad con Dios. En el bautismo de Cristo se manifiesta la Santísima Trinidad: la voz del Padre y el Espíritu que desciende sobre el Hijo. En todas las situaciones que podamos vivir, hay tres cosas que nos acompañan: perseverancia, carácter probado y esperanza. Al entrar en la vida de la Santísima Trinidad por el bautismo, experimentamos la intimidad con Dios. En el bautismo de Cristo tenemos la manifestación de la Santísima Trinidad: la voz del Padre y el Espíritu que desciende sobre el Hijo.
Santos Romualdo y Luis Gonzaga, rueguen por nosotros
para que el mismo amor que fluye entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nutra nuestras relaciones interpersonales, familiares y de amistad. «¡La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes!»
(2 Corintios 13:13).
West Valley City, 15 de junio de 2025
PENTECOSTÉS
Pentecostés: unidad en la diversidad: hijos de Dios por la gracia del Espíritu Santo
Queridos hermanos y hermanas:
Con la
fiesta de Pentecostés,
concluimos el tiempo de Pascua. Jesús ascendió al cielo, pero permanece presente entre nosotros. Por el poder del
Espíritu Santo, nos acompaña en nuestra peregrinación por esta tierra habitada por la humanidad. Su Espíritu, que es el
Abogado, el Consolador, el Paráclito, está ahí para consolarnos, librarnos del mal y guiarnos en nuestras vidas.
¿Cómo acogemos al Espíritu Santo en nuestras vidas? ¿Qué hacemos con los dones del Espíritu Santo? ¿Cómo puede el Espíritu Santo renovarte? ¿Cómo puede renovar nuestra comunidad parroquial? ¿Qué hacemos para evitar vivir la
«Cultura de Babel»? ¿Cómo vivimos la
«Cultura de Pentecostés»
en nuestra parroquia de los Santos Pedro y Pablo?
La cultura de Babel
La experiencia de Babel (Gen 11:1-9): aunque todos hablaban el mismo idioma, las personas no se entendían entre sí. Aunque tenían la misma lengua y las mismas palabras, no lograban comprenderse. No pudieron construir la ciudad, mucho menos la torre. Era la época de una sola cultura. Esta cultura de Babel es expresión del orgullo humano y de la desobediencia a Dios.
La cultura de Pentecostés
La cultura de Pentecostés, por su parte, es
la de la diversidad de lenguas y culturas en la unidad. El Espíritu Santo hace que las personas hablen distintas lenguas que todos entienden:
«…sin embargo, los oímos hablar en nuestras propias lenguas de las maravillas de Dios».
(Hechos 2:1-11). Los dones y carismas del Espíritu Santo permitieron que las personas se entendieran, se amaran y construyeran juntas una comunidad. Estos dones son:
«sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios». En esta cultura de Pentecostés, el
Espíritu Santo, que es el Espíritu del Resucitado en nosotros, da vida
(Rom 8:8-17),
sana, libera, nos recuerda lo que Jesús nos enseñó y nos hace hijos de Dios. Como hijos de Dios, herederos y coherederos con Cristo, guiados por el Espíritu Santo, estamos llamados a amar a Dios, a amarnos unos a otros y a convertirnos en la familia de Dios
(Juan 14:15-16).
Vivir Pentecostés hoy en nuestra comunidad parroquial
Como quienes estaban presentes el día de Pentecostés, también nosotros venimos de diversos contextos culturales, sociales, lingüísticos y religiosos. Todos estamos aquí, en West Valley City, bajo la Cruz de Jesucristo. Aunque somos diferentes y tenemos nuestras diferencias, por la gracia del Espíritu Santo clamamos juntos:
«¡Abba, Padre!» (Rom 8:8-17). Todos somos miembros de un solo Cuerpo: la única Iglesia, santa, católica y apostólica. Tenemos un solo Dios, Padre de todos. Todos somos hermanos y hermanas, hijos e hijas de un Dios y Padre misericordioso.
No importa el color de tu piel, de dónde vienes o si tienes dinero o no. También estamos llamados a ser verdaderos discípulos de Jesús, peregrinos de esperanza, misioneros liberados por el Espíritu Santo, que proclaman sin temor la Buena Nueva de Cristo Resucitado y viven la unidad en la diversidad.
San Bernabé y San Antonio de Padua, rueguen por nosotros para que nuestra parroquia de San Pedro y San Pablo se convierta cada vez más en la morada de la Santísima Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y, por consiguiente, en una comunidad fraterna vibrante. ¡Ven, Espíritu Santo!
West Valley City, 8 de junio de 2025
SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
La Ascensión: tiempo de espera, esperanza y testimonio
Queridos hermanos y hermanas:
La
Ascensión de Cristo es una nueva y gran declaración de fe en la resurrección de Cristo. De hecho,
«la Resurrección, la Ascensión y Pentecostés son tres facetas de un mismo Misterio». Es el acto solemne de entrada de Cristo en el santuario celestial, donde se celebra la liturgia eterna del Cordero.
Esta Ascensión también marca el
final de su vida terrena y el comienzo de su nueva vida a través de la vida de sus amigos y de la Iglesia. Toda la Iglesia espera su regreso, aunque se desconocen el momento y la hora.
¿Cómo esperamos el regreso de Cristo? ¿Cómo nos preparamos como comunidad parroquial de San Pedro y San Pablo? ¿Qué hacemos con el bautismo del Espíritu que hemos recibido? ¿Cómo podemos dar testimonio de Cristo en nuestras familias, nuestra parroquia o nuestra comunidad diocesana?
Un tiempo de espera y esperanza
La Ascensión es la conclusión triunfal de la vida terrena de Jesús. Él, como sumo sacerdote, levanta sus manos y bendice a su Iglesia
(Lucas 24, 46-53). Y ante Él, a la espera de su regreso, toda la comunidad de Saints Peter and Paul adopta
una actitud litúrgica de adoración, alabanza y celebración. Todos los fieles de Saints Peter and Paul siguen las huellas de los apóstoles y emprenden el «camino nuevo y vivo» inaugurado por Cristo para alcanzar la salvación y la plena liberación
(Heb 9, 24-28; 10, 19-23). La Virgen María es la primera criatura en emprender este camino con su Asunción. También nosotros, hoy, purificados y encendidos de amor y fe por el poder del Espíritu Santo, estamos invitados a entrar en este santuario celestial. Muchas gracias, Señor Jesús, porque tu partida no es una despedida, sino el inicio de un tiempo de esperanza.
Este tiempo de espera es un tiempo de esperanza. Cristo, que asciende al cielo y entra en su santuario, es fiel. Nos dará todo lo que nos ha prometido. Confiemos en Él.
Un tiempo para compartir testimonios
Después de la Ascensión de Cristo, para nosotros, sus discípulos, ya no es tiempo de
«mirar al cielo», sino de dar testimonio. Cristo mismo les dijo esto a sus apóstoles:
«Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra».
(Hechos 1:1-11). El bautismo en el Espíritu es para nosotros el medio
para renovar nuestra vida y convertirnos en cristianos auténticos, comprometidos con la vida de la Iglesia y de la sociedad. Así nos convertimos en testigos de Jesucristo y de su resurrección, comprometiéndonos a participar en la vida de nuestra parroquia, en la evangelización de nuestra ciudad y convirtiéndonos en verdaderos
«Peregrinos de esperanza»,
ciudadanos responsables de nuestra casa común, de nuestra humanidad.
San Marcelino, Pedro, Carlos Lwanga, Bonifacio y Norberto, rueguen por nosotros
para que sepamos comunicar el mensaje de la resurrección: esperanza, misericordia, amor, fe, paz, justicia y vida nueva.
Que nuestras celebraciones eucarísticas sean una oportunidad para alabar al Señor y celebrar juntos como Familia de Dios aquí en West Valley City.
West Valley City, 1 de junio de 2025
SEXTO DOMINGO DE PASCUA
Paz y salvación: dones de Jesús por medio del Espíritu Santo
Queridos hermanos y hermanas:
Jesús continúa su discurso de despedida a sus amigos. Él es la
luz (Ap 21:10-14, 22-23) que ilumina a las naciones y a los pueblos de la tierra. Él es quien nos da la
verdadera paz, el Espíritu Santo y la salvación.
¿Estamos listos para recibir la paz que Jesucristo nos ofrece? ¿Qué hacemos con el don del Espíritu Santo que recibimos el día de nuestro bautismo y confirmamos el día de nuestra Confirmación? ¿Por qué hay tantos conflictos en el mundo? ¿Qué hacemos para resolverlos? ¿En qué situación estamos hoy con la «Pax Romana» y la «Pax Americana»? ¿Cómo vivimos hoy en nuestras comunidades parroquiales y diocesanas y en nuestras ciudades?
Leer los signos de los tiempos: conflictos, guerras...
¿Qué está ocurriendo a nuestro alrededor? Actualmente, en todo el mundo, hay
conflictos entre individuos, amigos, hermanos y hermanas, naciones y pueblos. Tenemos el caso de la
República Democrática del Congo (RDC), que lleva treinta años sufriendo una guerra de invasión, con millones de muertos. También está la guerra entre
Ucrania y Rusia;
Israel, que está destruyendo Palestina (Gaza), y
muchos otros conflictos armados en todo el mundo. Algunos de estos conflictos se deben a
intereses socioeconómicos, políticos o simplemente hegemónicos. Otros se deben a
razones religiosas o espirituales. Para resolver estos conflictos, algunos optaron por la
guerra o la fuerza, mientras que otros optaron por el
diálogo
o la diplomacia. Al final, se destruyen
vidas humanas (hombres y mujeres, niños, ancianos) por intereses egoístas. Es posible que todos vivan en paz. En
1963, el papa Juan XXIII, en su encíclica «Pacem in Terris (PT)
Sobre la paz entre todos los pueblos, fundada en la verdad, la justicia, el amor y la libertad», afirmó en el número 1:
«La paz en la tierra, que los hombres de todos los tiempos han deseado y procurado, no se puede establecer ni consolidar si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios».
El Espíritu Santo, protagonista de la paz en las primeras comunidades cristianas
En las primeras comunidades cristianas,
surgió el problema de la salvación de sus hermanos y hermanas de entre los pueblos, condicionada a la circuncisión. Sin ella, no podían salvarse. Estas primeras comunidades cristianas
(Hechos 15:1-2, 22-29) nos ofrecen un ejemplo de
gestión y resolución de conflictos con miras a una convivencia pacífica.
Pablo y Bernabé intentaron resolver el problema de la enseñanza sobre la salvación, que había provocado enfrentamientos y acaloradas discusiones en la comunidad. Siguieron
este proceso:
conocer e identificar el problema; conversarlo con la comunidad; encontrar hombres y mujeres sabios que puedan ayudar a resolverlo;
tomar una decisión teniendo en cuenta lo que nos enseñan el Abogado, el Paráclito y el Espíritu Santo;
y comunicar a las comunidades de base lo que deben hacer. En este
Año Jubilar de la Esperanza, esperamos que el Espíritu Santo nos ayude a vivir en paz en nuestras familias y comunidades. Que el mismo Espíritu ayude a los líderes de este mundo a ser
«Peregrinos de la Esperanza»,
a encontrar caminos, medios y soluciones para todos los conflictos armados y no armados que ofenden la imagen de Dios, que es el hombre y la mujer.
Que el Paráclito nos ayude a recordar y nos enseñe a amar a Dios, a ser artífices de la paz que Jesucristo nos da y a vivir siempre con alegría.
La salvación como don gratuito de Jesucristo
La salvación no está condicionada por la circuncisión ni por otras reglas especiales.
La salvación es integral: humana y espiritual, cuerpo y alma.
Es un don de Jesucristo, el Cordero de Dios, Dios con nosotros
(Ap 21:10-14, 22-23). Para convivir en armonía y alcanzar una paz duradera, debemos amar a Dios y a nuestros hermanos y hermanas, respetarlos como seres humanos, imágenes de Dios, escucharnos unos a otros y vivir haciendo la voluntad de Dios. Espero que esto nos ayude en nuestras relaciones interpersonales y, especialmente, en las relaciones entre naciones y pueblos.
¡Jesús, concédenos la verdadera paz que solo tú puedes dar al mundo!
(Jn 14:23-29)
Mientras esperamos al Espíritu Santo,
María, Reina de la Paz, y los santos Felipe Neri, Agustín de Canterbury y Pablo VI,
rueguen por nosotros, por la paz en el mundo, en la República Democrática del Congo, Ucrania, Gaza y en tantos otros lugares del mundo donde hay focos de guerra desconocidos u olvidados.
West Valley City, 25 de mayo de 2025
QUINTO DOMINGO DE PASCUA
«Ahora hago nuevas todas las cosas»: esperanza y amor
Queridos hermanos y hermanas:
En este
Quinto Domingo de Pascua, nos alegra contar con
el papa León XIV como
«Vicario de Cristo» aquí en la tierra. También tenemos la alegría de vivir la
primavera: los árboles están llenos de flores, los jardines son hermosos y el clima es excelente. Todo renace, todo es hermoso.
Jesús hace nuevas todas las cosas: las comunidades cristianas, las parroquias, las diócesis, su familia, su relación con Dios y el amor entre nosotros.
¿Estamos listos para colaborar en esta obra de Dios, de Cristo? ¿Cómo renueva usted su vida, su matrimonio y su vida espiritual? ¿Cómo puede Jesucristo cambiar su vida y su familia?
«Mira, hago nuevas todas las cosas».
Dios, en su amor, creó todo. Al terminar su obra, vio que
todo era muy bueno.
«Vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno».
(Gn 1, 31). Jesús, el Hijo de Dios, continúa la obra de su Padre,
haciendo nuevas todas las cosas
(Ap 21, 5). Tiene el poder de hacerlo en tu vida personal, en tu familia y, ¿por qué no?, en nuestra familia de San Pedro y San Pablo. ¡A él sean el honor, la gloria y el poder! En este
Año Jubilar, entremos en esta esperanza, en esta alegría y en esta felicidad que Cristo nos ofrece. Con él, todo es posible para Dios
(Mt 19, 26),
«nada es imposible»
(Lc 1, 37).
Pablo y Bernabé: la renovación de las comunidades
Pablo y Bernabé llevaron adelante un apostolado misionero muy exitoso al acercarse a los gentiles y animar a los discípulos de Jesús a perseverar en la fe (Hechos 14:21b-27). Movidos por el Espíritu Santo, formaron comunidades sólidas y dinámicas, cada una guiada por sus líderes. Otro aspecto importante que quisiera compartir con ustedes es la responsabilidad de rendir cuentas al pueblo de Dios sobre nuestro apostolado, compartiendo los frutos de la misión con la Comunidad Eclesial de Base. También es una manera de evaluar la atención pastoral, la misión y todo lo que vive, hace y experimenta la comunidad. Un ejemplo pastoral y misionero para seguir en nuestros grupos, equipos parroquiales y comunidades parroquiales y diocesanas.
Leer los signos de los tiempos y la situación, orar y ayunar, confiar en Dios y perseverar en la fe, rendir cuentas a la comunidad de todo lo que hacemos y evaluar la labor pastoral o el proyecto de evangelización son elementos importantes para construir y renovar las comunidades.
El amor en el centro de todo: amar como Jesús nos ama
Las comunidades renovadas por el poder de la resurrección son comunidades vibrantes.
El amor está en el centro de todo. Es por el amor y por la manera en que nos amamos unos a otros que las personas reconocerán que somos verdaderos y auténticos discípulos de Jesús (Jn 13:34-35).
Jesucristo es el modelo de este amor: «Como yo los he amado, así también ámense los unos a los otros». Él siempre está con nosotros. Es él quien renueva su apostolado, su misión, su matrimonio, la vida de sus hijos, nuestra parroquia, mi ministerio sacerdotal, nuestra comunidad y nuestra Iglesia local en Salt Lake City. Sin este amor, esta «espiritualidad de comunión», todos nuestros planes pastorales serían inútiles, como dijo San Juan Pablo II al comienzo del nuevo milenio (Novo Millennio Ineunte #43-45).
Santa María, primera discípula de Jesús,
San Bernardino de Siena, San Cristóbal Magallanes y Santa Rita, rueguen por nosotros y ayúdennos
a hacer de nuestra ciudad, nuestra Iglesia y nuestra humanidad un cielo nuevo, una tierra nueva, la nueva Jerusalén llena de amor y esperanza.
West Valley City, 18 de mayo de 2025
CUARTO DOMINGO DE PASCUA
Jesucristo, el Buen Pastor de todos
Queridos hermanos y hermanas:
En este
Cuarto Domingo de Pascua, la Iglesia nos presenta la imagen de
Jesucristo como el Buen Pastor.
Él es para todos, sin distinción. Da la vida por sus ovejas, y ellas lo escuchan, lo conocen y lo siguen.
¿Es igual para nosotros, las ovejas de hoy? ¿Escuchamos la voz del Buen Pastor o las voces que nos bombardean a diario en los periódicos, la televisión, las redes sociales y los anuncios? ¿Lo conocemos y estamos dispuestos a seguirlo? ¿Somos misioneros como Pablo y Bernabé?
También este domingo celebramos la «Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones» y el
«Día de la Madre».
En este tiempo de crisis vocacional, ¿rezan nuestras familias y comunidades por las vocaciones? ¿Cómo valoramos el don de nuestras madres? ¿Están dispuestas a evangelizar como lo hicieron Pablo y Bernabé? ¿Siguen el ejemplo del Buen Pastor en su misión como madres?
Misioneros valientes y abiertos, no celosos.
Hoy más que nunca, la Iglesia necesita misioneros valientes, abiertos a la gracia de Dios, guiados por el Espíritu Santo y acogedores. Pablo y Bernabé proclamaron la Palabra de Dios desde Antioquía de Pisidia hasta Iconio. A los judíos y a los convertidos, «los exhortaban a perseverar en la gracia de Dios» (Hechos 13:14, 43-52). Ante el rechazo de la Palabra de Dios por parte de los judíos y sus celos, estos dos misioneros continuaron su misión en Iconio. Los gentiles que aceptaron esta Palabra de Dios se hicieron discípulos «llenos de alegría y del Espíritu Santo». Este es un ejemplo que los misioneros de hoy debemos seguir. La Palabra de Dios debe llegar a todos los rincones del mundo.
Pastor de todos: nación, raza, pueblo y lengua
San Juan, en la segunda lectura
(Apocalipsis 7,9.14b-17), nos ofrece la imagen del Buen Pastor, el Cordero
que está en el centro del trono. Las multitudes incontables que lo rodean representan a toda la humanidad: nación, raza, pueblo y lengua.
Son quienes han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Este Buen Pastor cuida de ellos. Hay intimidad y comunión entre él y los salvados. Los conduce
«a las fuentes de agua viva» y les enjuga «toda lágrima de sus ojos».
Un pastor que da la vida por sus ovejas: escuchar, conocer y seguir.
Jesucristo, el Buen Pastor, afirma que es
UNO con su Padre
(Jn 10,27-30). Estamos invitados a ser uno con Cristo. Debe existir una
profunda comunión entre Él y nosotros. Debemos
escuchar su voz, que nos ayuda a vivir en paz con los demás, a elegir el camino correcto y nos da la vida eterna, es decir, la vida divina. El Buen Pastor
conoce
a cada uno de nosotros por su nombre, nos ama y nos guía por el camino correcto. ¡Señor Jesús, ayúdanos a conocerte y amarte hasta el final de nuestras vidas! Hoy, más que nunca, al escuchar la voz del Buen Pastor, conocerlo y amarlo, debemos
seguirlo. ¡Ayúdanos, Señor, a permanecer unidos a ti para siempre y a seguirte adonde quieras! En esta
Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, Jesús, Buen Pastor, ruega por nosotros para que los jóvenes y adultos jóvenes de nuestra parroquia descubran la belleza y la alegría de ser sacerdotes, religiosos o diáconos al servicio de los demás y de nuestras comunidades.
¡Bendito sea el Señor Dios por el don de nuestras madres!
En el día de su fiesta,
reciban nuestros mejores deseos de santidad, paz, salud y prosperidad. Gracias por ser buenas pastoras que nos aman y nos han enseñado a caminar, amar, rezar, ayudar a los demás y seguir a Jesús.
San Matías, san Pancracio y san Isidoro, rueguen por nosotros
para que
escuchemos la voz del Buen Pastor, lo amemos y lo sigamos. Que todos los que cuidan de tu pueblo (dirigentes de las naciones, líderes de iglesias y comunidades) sigan el ejemplo de Cristo, el Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas.
West Valley City, 11 de mayo de 2025
TERCER DOMINGO DE PASCUA
Ser testigos de la resurrección de Cristo y pescadores de hombres
Queridos hermanos y hermanas:
En este
tercer domingo de Pascua, la Palabra de Dios nos exhorta a ser
auténticos testigos de la resurrección de Cristo, pescadores de hombres y parte del grupo de quienes proclaman:
«Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la bendición, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos». ¿Cómo podemos ser auténticos testigos de la resurrección de Cristo? ¿Cómo podemos ser hoy pescadores de hombres?
Ser testigos auténticos de la resurrección de Cristo
Los apóstoles, especialmente Pedro en la primera lectura (Hechos 5:27b-32, 40b-41) y Juan en la segunda (Ap 5:11-14), afirman sin temor y con valentía que Jesús ha resucitado y que es «digno, el Cordero degollado, de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza». Cabe señalar también que Simón Pedro, Tomás, Natanael de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos experimentaron el poder del Resucitado en su trabajo cotidiano. Hoy también nosotros, peregrinos de esperanza de San Pedro y San Pablo, estamos invitados a seguir el ejemplo de estos hermanos de las primeras comunidades cristianas. Como Pedro, sigamos a Jesucristo y apacentemos sus corderos, cuidemos de sus ovejas y alimentemos a sus ovejas, viviendo libremente nuestra fe y creyendo en Jesucristo resucitado.
Ser pescadores de hombres
Los discípulos de Cristo viven la experiencia de pescar sin Cristo y con Él
(Jn 21:1-19). Por iniciativa propia, trabajan toda la noche sin pescar nada. A la palabra del Resucitado, pescan
153 peces grandes. Ser pescadores de hombres significa sumarse al equipo de hombres y mujeres que devuelven la vida y la esperanza a los demás, que ayudan a otros a salir de sus guetos, respirar el nuevo aliento de Cristo, confiar en Cristo Resucitado y experimentar los efectos de la Pascua en nuestra vida cotidiana (matrimonio, familia, trabajo, comunidad parroquial, sacerdocio, juventud).
El pescador de hombres trabaja por la unidad en la diversidad. A pesar de los 153 peces grandes,
«la red no se rompió».
Estamos llamados
a construir la Iglesia en unidad, sin divisiones, discriminación ni racismo. Oremos para que los cardenales elijan al sucesor del papa Francisco. Que sea el «Buen Pastor», conforme al Sagrado Corazón de Jesús, y que trabaje por la catolicidad de la Iglesia y por su unidad en la diversidad.
San Juan de Ávila y san Damián de Veuster, rueguen por nosotros
para que seamos auténticos testigos de la Resurrección de Cristo, pescadores de hombres valientes, que amemos a Cristo y seamos apasionados por el Evangelio, la misión y la salvación integral del Pueblo de Dios.
West Valley City, 4 de mayo de 2025
SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA
La misericordia divina de Dios, las dificultades y oscuridades de creer
Queridos hermanos y hermanas:
«Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor y su misericordia» (Salmo 118,2-4.13-15.22-24). ¡Grande es la misericordia de Dios con nosotros! Cristo ha resucitado y está entre nosotros. Está presente en nuestra familia de San Pedro y San Pablo. Su resurrección es el fundamento de toda la vida de las comunidades cristianas y católicas. De hecho, es el fundamento de nuestra familia aquí en West Valley. Somos la Iglesia que celebra su triunfo sobre la muerte y el mal
(Ap 1,9-11a.12-13.17-19).
¿Somos misericordiosos como Dios lo es con nosotros? ¿Es la resurrección de Cristo verdaderamente el fundamento de la vida de nuestra comunidad parroquial? ¿Qué dificultades tenemos para creer que Jesús realmente resucitó? ¿Cómo puede ayudarnos la Biblia?
La misericordia de Dios: perdón, señales y milagros
Nuestras comunidades parroquiales y diocesanas deben tomar como ejemplo la de Hechos 5:12-16: la acción apostólica acompañada de signos y milagros, la comunión fraterna en la oración y la vida, y la fuerza del testimonio y del ejemplo. La fe en la resurrección de Cristo hace posibles estos milagros en la vida de los apóstoles y, ¿por qué no?, también en la nuestra.
Gracias, Señor Jesucristo, por los
dones de la paz y del
Espíritu Santo que diste a tus apóstoles, y por
el poder de perdonar los pecados. En el
Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, nos ofreces tu gran misericordia y una nueva oportunidad para volver a Dios. Gracias también a
Santa María Faustina Kowalska y a los
papas san Juan Pablo II (Dives in Misericordia, 30 de noviembre de 1980) y
Francisco (Misericordia et misera, 20 de noviembre de 2016 y Dilexit Nos, 24 de noviembre de 2024), quienes nos han ayudado a comprender y vivir la misericordia de Dios.
Creer: dificultades, oscuridades y profesión de fe
La fe es un largo proceso de crecimiento que atraviesa crisis, oscuridades y dudas, y llega a la auténtica profesión de fe en Jesucristo: «¡Señor mío y Dios mío!». Tomás es el ejemplo
(Jn 20, 19-31) para nosotros y para nuestras comunidades. El encuentro con el Resucitado lo cambia todo en la vida personal, matrimonial y familiar. Que el Espíritu Santo nos acompañe en este crecimiento de la fe.
Hermano, hermana:
la
Palabra de Dios,
las oraciones y las
devociones pueden ayudarnos a acoger la fe, profundizar en ella y profesarla sin miedo y con convicción.
Jesucristo, hermano mío, aumenta nuestra fe.
San Pedro Chanel, San Luis María Grignion de Montfort, Santa Catalina de Siena, San Pío V, San José Obrero, San Atanasio, San Felipe y Santiago,
rueguen por nosotros y
ayúdennos a celebrar el triunfo de Cristo sobre la muerte y el mal, y a profesar públicamente nuestra fe.
¡Que tengan un bendecido camino pascual!
West Valley City, 27 de abril de 2025
LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
Pasión, muerte y resurrección de Cristo: raíz de nuestra existencia, fe y misión
Queridos hermanos y hermanas,
«La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra del SEÑOR, admirable a nuestros ojos…
Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos». Que esta
Pascua sea para nosotros un
día de alegría y fiesta.
¡Cristo ha resucitado, aleluya! Después de
cuarenta días de oración, ayuno y caridad,
celebramos el día de nuestra salvación, la madre de todas las fiestas.
¿Quién anuncia esta Buena Nueva a los demás? ¿Cuál es el contenido de este mensaje? ¿Cuál era el «estilo evangelizador» de Pedro y cómo puede ayudarnos hoy? ¿Hemos resucitado con Cristo? Como
peregrinos de esperanza, ¿qué hacemos con la vida nueva que hemos recibido por el bautismo?
Una mujer, primera testigo de la Resurrección de Jesucristo
En el
Evangelio de san Juan (Jn 20, 1-9),
se honra a la mujer, que ocupa el primer lugar. Es precisamente una mujer,
María Magdalena, quien va a
Simón Pedro para anunciarle que el sepulcro estaba vacío.
¿Debemos creerle? Sin duda, porque Pedro y el
«discípulo a quien Jesús amaba» confirmaron la noticia al llegar al sepulcro:
«vio y creyó». ¡Cristo ha resucitado, aleluya!
«…Vio las vendas en el suelo y el sudario que le había cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte…». Al ver todo esto, no se habría creído que Cristo había resucitado. Habría sido necesario
abrir los ojos de la fe para ver y creer. «Sí, Cristo, mi esperanza, ha resucitado».
La fe mejora la vida del peregrino de esperanza
La fe es una dimensión importante de nuestra vida como cristianos y discípulos de Cristo.
Sin la Resurrección de Cristo, nuestra fe sería vana,
afirma
san Pablo (1 Cor 15, 14). Por eso,
los fundamentos de nuestra fe cristiana son la muerte y la resurrección de Jesucristo.
San Pedro (Hch 10, 34a.37-43) y san Pablo (Col 3, 1-4) afirman que nuestra existencia, nuestra vida, ha cambiado por completo gracias a estos dos acontecimientos. Por el bautismo, hemos resucitado con Cristo, y debemos
«buscar las cosas de arriba»:
el amor, la misericordia, la paz, la justicia, etc.
Esta es la misión de los peregrinos de esperanza que somos.
La misión del peregrino de esperanza
Por último, debemos salir, dejar el sepulcro e ir hacia Galilea. Debemos seguir el ejemplo de Pedro, quien llega a Cesarea y hace un primer anuncio kerigmático: a ese mismo Jesucristo que murió en la cruz, Dios lo resucitó y vive de nuevo. Ahora nuestra misión es evangelizar al pueblo de Dios aquí, en West Valley City. ¿Qué estilo de evangelización debemos seguir? El cardenal Gianfranco Ravasi propone el de Pedro, que me parece excelente: «basado en los hechos, las expectativas de la población y sus beneficiarios concretos; comparar estas expectativas con el contenido del Evangelio, anuncio de paz, liberación y justicia que es salvación, don de Dios para todos». El Peregrino de la Esperanza tiene la misión de ser un hombre, una mujer de esperanza, para anunciar con alegría, convicción y sin miedo que Jesucristo está vivo.
Señor Jesucristo, aumenta nuestra fe,
para que seamos auténticos y verdaderos testigos de tu Resurrección, peregrinos de esperanza.
San José, ruega por nosotros.
FELIZ PASCUA.
West Valley City, 20 de abril de 2025
DOMINGO DE RAMOS DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
La fecundidad misteriosa del dolor y la muerte... El mensaje de Dios a quienes han perdido el ánimo
Queridos hermanos y hermanas:
Hemos llegado al
Domingo de Ramos, la
entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. ¡Alabemos al Señor! Nuestros hermanos y hermanas del programa OICA/OCIA han completado sus escrutinios y han recibido el «Credo» y el «Padrenuestro». Nuestra familia de los Santos Pedro y Pablo, con todo el camino espiritual y humano de este tiempo de Cuaresma, se ha preparado bien mediante:
las Misas, la abstinencia, la caridad, el vía crucis, los distintos momentos de formación, el retiro diocesano, el retiro parroquial y los demás retiros (para novios, jóvenes y adultos jóvenes, y matrimonios).
Nuestra familia de los Santos Pedro y Pablo se ha reconciliado con Dios y entre nosotros, hermanos y hermanas. Estamos listos para comenzar la
Semana Santa, celebrar con fe el «Triduo Pascual» y, finalmente, celebrar con alegría la
Pascua de la Resurrección de Cristo.
En
este domingo vivimos el «misterioso fruto del dolor y la muerte».
Es el mensaje de Dios para el mundo, para quienes están desanimados y para todos los que sufren en este mundo: en Ucrania, Nicaragua, Perú, Ecuador, Venezuela, Colombia, Honduras, Guatemala, El Salvador, México, Argentina, Brasil, la República Democrática del Congo, Turquía, Siria y en nuestro país, los Estados Unidos de América.
Pensamos de manera especial en los misioneros:
los enfermos, los niños, los laicos, los religiosos, los diáconos, los sacerdotes, los obispos, etc. El Siervo sufriente del libro del
profeta Isaías (Is 50, 4-7) representa a todas estas personas que sufren. Fortalecidos por la Eucaristía, Fuente de Misericordia, tenemos la misión y el deber de cumplir nuestras
promesas bautismales como profetas, reyes y sacerdotes. Con nuestro
sacerdocio común, debemos orar por quienes sufren y ayudarlos. Dios siempre está a nuestro lado.
San Pablo (Ph 2: 6-11) y el Evangelio de Lucas (Lc 22, 14 – 23, 56) nos hablan de Cristo como el verdadero Siervo sufriente. Como Hijo de Dios, como Dios, se hizo hombre como nosotros (sin pecado) para sufrir y morir en la Cruz por nuestra salvación y darnos vida. ¡Así podemos comprender la fecundidad del dolor y de la muerte!
Hermano y hermana, permanezcamos
fieles a Dios,
a Cristo y a su Iglesia,
fieles a nuestros compromisos:
matrimoniales, sacerdotales, religiosos y como sencillos discípulos misioneros de Cristo.
De rodillas, adoremos al Señor y proclamemos con nuestra
lengua y nuestra vida que «Jesús es el Señor», mi Señor y mi Dios.
Invito a todas nuestras familias de Saints Peter and Paul a celebrar con fe, devoción y alegría el
Jueves Santo,
Viernes Santo,
la Vigilia Pascual y
la Pascua de Resurrección.
¡Felices Pascuas a todos!
West Valley City, 13 de abril de 2025
QUINTO DOMINGO DE CUARESMA
La alegría de recordar al Dios misericordioso que abre nuestro corazón a la esperanza pascual
Queridos hermanos y hermanas:
Al final de la Cuaresma, el
quinto domingo de Cuaresma ya nos anticipa lo que viviremos la próxima semana:
el recuerdo de la liberación, las maravillas de Dios, la vida nueva en Cristo y el amor infinito de Dios.
¿Recuerdas las maravillas de Dios en tu vida, en tu matrimonio, en tu trabajo, en nuestra parroquia de San Pedro y San Pablo? ¿Sabes que Dios es y siempre será el Señor de la historia? ¿Ha cambiado tu vida el encuentro con Jesucristo? ¿Estás dispuesto a renunciar a todo para imitarlo? ¿Eres fiel a la Alianza con Dios, establecida el día de tu bautismo? ¿Eres misericordioso con tus hermanos y hermanas? ¿Odias y excluyes a las mujeres, o sigues la nueva actitud de Jesucristo hacia ellas?
La alegría de recordar al Dios misericordioso y abrir los ojos a la esperanza. El Dios que Jesucristo nos reveló el domingo pasado invita a Israel a reconocer las maravillas que ha realizado en el pasado (la Alianza, el paso del mar Rojo, el regreso a Jerusalén desde Babilonia, la liberación), pero con la mirada puesta en la esperanza de un futuro mejor (Is 43:16-21). El pueblo recuerda las obras de Dios con gritos de alegría (Salmo 126:1-2, 2-3, 4-5, 6), pues él está «haciendo algo nuevo» (una nueva semilla), un mundo nuevo, una vida nueva. Lo que Dios hizo en el pasado, también lo hará por nosotros hoy y seguirá obrando de la misma manera mañana. Él es y sigue siendo el Señor de la historia: del pasado, del presente y del futuro. Él liberará a los cautivos, a los esclavos y a la «Babilonia» de hoy. Jesús sigue realizando esta obra a través de nuestras manos y nuestras comunidades.
Jesús valora y dignifica al hombre y a la mujer: ama a la persona, no al pecado.
San Pablo (Filipenses 3:8-14) y la
mujer del Evangelio de
San Juan (Juan 8:1-11)
experimentan
la misericordia de Dios.
Pablo se encuentra con Jesús, quien transforma por completo su vida. Lo ama y comparte su vida con Él. Dice:
«Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí»
(Gálatas 2:20). La
meta,
lo único que le importa es Cristo, y todo lo demás (las ventajas, la Ley, la circuncisión) lo considera basura. Con esta firme decisión, Pablo siguió su camino hasta morir en Roma.
Lo que le importa es la fe en Cristo, el poder de su resurrección y vivir unido a Él. En cuanto a la
mujer adúltera, humillada, pecadora y triste, también
se encuentra con Jesús.
Él le devuelve su valor y dignidad como mujer. Ella experimenta
la misericordia divina, el amor ilimitado de Dios, y se salva.
Dios envió a su Hijo para darnos vida nueva, no para condenarnos.
San Juan Bautista de La Salle y san Estanislao, rueguen por nosotros
para que caminemos juntos hacia las celebraciones de Pascua, llenos de alegría y gratitud a nuestro Libertador. Que seamos misericordiosos con los demás, como Dios lo es con nosotros. Que la resurrección de Jesús sea nuestra alegría, nuestra fuerza y nuestra esperanza.
West Valley City, 6 de abril de 2025
CUARTO DOMINGO DE CUARESMA
Padre pródigo: Dios nos ama a todos, ¿y nosotros nos amamos unos a otros?
Queridos hermanos y hermanas:
La antífona de entrada de este
cuarto domingo de Cuaresma, también conocido como
«domingo Laetare», comienza con estas palabras:
«Alégrate, Jerusalén, y todos los que la aman. Regocíjense todos los que estaban de duelo; alégrense y sacíense de sus pechos consoladores». Hoy nuestro corazón está lleno de alegría, porque dentro de unos días
celebraremos la Pascua, la alegría de
nuestros catecúmenos, que recibirán sus sacramentos, y la alegría de nuestra comunidad, que después de Pascua comenzará
la experiencia de
Pequeñas Comunidades Fraternas (SFC) para compartir la Palabra de Dios.
En medio de nuestra peregrinación cuaresmal, Jesús vuelve a revelarnos el
verdadero rostro del Padre, que nos ama profundamente y está dispuesto a correr el riesgo de darnos todo lo que necesitamos.
Él es el primero en venir a buscarnos cuando estamos perdidos, tristes o enojados, ¡para celebrar la fiesta con él!
Entre nosotros, los hijos de Dios, ¿estamos dispuestos a «entrar en la alegría del Padre» cuando un hermano o una hermana perdidos regresan a la familia? ¿Cómo resolvemos nuestros problemas en familia: padres e hijos, papá y mamá, un hijo o una hija con otro? ¿Cuál es la verdadera imagen de Dios Padre que nos revela su Hijo Jesús? En esta mitad de la Cuaresma, ¿has iniciado el cambio hacia una «vida nueva», una «metanoia» (μετάνοια), una vida de madurez y responsabilidad? ¿Qué relación tenía Jesús con los pecadores?
En todas las familias hay problemas. La cuestión es cómo encontrar soluciones pacíficas para que podamos convivir con alegría como hermanos y hermanas.
El tiempo de Cuaresma es un tiempo para convivir en armonía, siguiendo el ejemplo del «Padre pródigo».
El verdadero rostro del Padre revelado por Jesús. También este domingo, Jesús nos revela la verdadera imagen del Padre. Él quita «el oprobio de Egipto» (Jos 5:9a, 10-12). Siempre escucha los gritos de sus hijos, que somos nosotros, y responde enseguida a nuestras necesidades. Por el bautismo y la sangre de su Hijo amado, nos hace criaturas nuevas (2 Cor 5:17-21). Este Padre bueno, tierno y misericordioso (Lc 15:1-3, 11-32) borra nuestros pecados y no nos hace responsables de nuestras faltas ni de nuestros errores.
Él es solidario con todos: paganos, judíos, conversos, blancos, negros o amarillos. Celebra cuando volvemos a él, cuando tomamos la firme decisión de acercarnos a Él. Ama a sus hijos, es decir, nos ama a todos sin distinción de color, clase, condición social ni ninguna otra. «Dios, nuestro Padre» respeta nuestra libertad y nuestras decisiones, incluso las más drásticas.
Lo que él quiere es nuestra conversión, un cambio de corazón y que vivamos en la alegría. Nosotros también debemos imitar a este Padre.
El tiempo de Cuaresma es un tiempo para conocer el verdadero rostro del Padre e imitarlo.
Demos gracias por toda la obra de Dios y por los compromisos asumidos. Ante todas estas obras de este Padre bueno, amoroso y misericordioso,
nosotros, peregrinos de esperanza, debemos recordar siempre a Dios nuestro
Padre,
a Jesús nuestro Salvador y al
Espíritu Santo nuestro Consolador. Debemos,
con nuestros labios, nuestros cuerpos, nuestras manos, nuestros bailes y nuestros cantos, bendecir, alabar y glorificar al Señor en todo momento
(Salmo 34:2-3, 4-5, 6-7). En resumen: «entremos en la alegría del Padre».
No debemos ver nuestra relación con el Padre en términos de cuentas, cálculos o interés propio.
Debe ser una relación de amor desinteresado, de conciencia de nuestras limitaciones y de búsqueda de su ayuda y su salvación. Como hijos e hijas de Dios,
debemos amarnos unos a otros y nunca creernos mejores que los demás, como el hijo menor del Evangelio.
Peregrinos de esperanza, «criaturas nuevas», debemos reconciliarnos con Dios y con nuestros hermanos y hermanas. ¡No sabemos si el hijo mayor entró en el salón del banquete! Así pues, somos
«embajadores de Cristo», de paz y reconciliación.
San Francisco de Paula, san Isidoro y san Vicente Ferrer, rueguen por nosotros
para que amemos a los demás como Dios nos ama y nos alegremos en el perdón y la reconciliación, siguiendo el ejemplo de Dios.
West Valley City, 30 de marzo de 2025
TERCER DOMINGO DE CUARESMA
He visto la aflicción de mi pueblo: Dios nos ama y nos libera
Queridos hermanos y hermanas:
El domingo pasado hablamos del Peregrino de la Esperanza, fiel a la Alianza y enviado a transformar el mundo. Este
tercer domingo de Cuaresma hablaremos de la revelación de la
identidad del Dios de la vida y de la
actitud del Peregrino de la Esperanza
ante la decisión que debe tomar durante su peregrinación en la tierra.
¿Conoces al Dios vivo? ¿Conoces su nombre? ¿Sabes que está muy cerca de ti, te conoce, te ama y te libera? Como Peregrino de la Esperanza, ¿estás dispuesto a renunciar al mal y a toda forma de esclavitud? En este mundo de «convivencia de las diferencias», ¿cómo podemos aprender a vivir con humildad?
En este mundo de «convivencia de las diferencias», se nos invita a conocernos, conocer a los demás y vivir juntos con humildad. A lo largo de esta peregrinación, también estamos llamados a conocer los fundamentos de nuestra fe: Dios nos ama y nos libera del mal, de la esclavitud del pecado.
La identidad de Dios: bondadoso y misericordioso – En la zarza ardiente (el encuentro con Dios)
(Éxodo 3:1-8a, 13-15),
Dios revela su nombre y descubrimos que nos ama y cuida de nosotros. Su nombre es:
«Yo soy el que soy… Yo soy… el Señor». Seis verbos expresan bien este descubrimiento:
ver, oír, conocer, bajar, rescatar y sacar. El Dios lejano, Santo, se acerca a los seres humanos, ve su miseria, escucha sus gritos, conoce su sufrimiento, desciende para liberarlos y los conduce a una nueva tierra (que mana leche y miel).
Defiende los derechos de los oprimidos
(Salmo 103:1-2, 3-4, 6-7, 8, 11)
y es fiel a su Alianza.
Es bondadoso y misericordioso
(Lucas 13:1-9). Jesús se toma su tiempo para exhortarnos a volver a Dios y dar abundantes frutos de amor, misericordia, paciencia, justicia y fidelidad.
La Cuaresma es un tiempo para redescubrir la verdadera imagen de Dios (paciente y misericordioso) y ser pacientes y misericordiosos con los demás. Es un tiempo para ver la miseria o pobreza de los demás, acudir en su ayuda y colaborar en la obra liberadora de Dios.
Actitudes del peregrino: renuncia y confianza en Dios – Ante este
Dios bueno, paciente y misericordioso,
la actitud de los seres humanos que viven en un mundo sumido en una crisis generalizada debe ser la
renuncia al pecado y al mal (1 Corintios 10:1-6, 10-12),
a los ídolos de madera o piedra, como dice el salmista, al
ayuno que agrada a Dios
(Is 58:6),
a buscar agradar a Dios y a no volver a caer en la esclavitud del pasado. Ante las pruebas de la vida y el matrimonio, la
actitud del Peregrino de la Esperanza es confiar plenamente en Dios, adorar al Rey de reyes y creer en su misericordia divina.
La Cuaresma es un tiempo de conversión, de elegir a Dios, de hacer el bien, de oración y de humildad (pues todos somos pecadores). Es tiempo de volver a Dios, liberar a los oprimidos y ayudar a los demás a liberarse de la esclavitud.
Señor Jesucristo, ruega por nosotros
para que seamos santos peregrinos de esperanza que amemos a Dios y al prójimo.
West Valley City, 23 de marzo de 2025
SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA
Peregrinos de esperanza: fieles a la alianza y preparados para la transfiguración del mundo
Queridos hermanos y hermanas:
Después de la primera semana, comenzamos ahora la
segunda semana de Cuaresma.
Peregrinos de esperanza, como dice
el papa Francisco:
«Caminemos juntos en la esperanza». Somos
fieles a la Alianza que Dios hizo con nuestro «padre» Abraham y, fortalecidos por la transfiguración de Jesucristo, estamos llamados a transformar este mundo caótico en el que vivimos.
¿Estás listo para caminar con Jesús? ¿Cómo va tu experiencia de oración, ayuno y limosna? ¿Estás listo para vivir el «Vía Crucis» el próximo viernes y caminar junto a las personas, familias, matrimonios y naciones que sufren? ¿Eres fiel a la Alianza? ¿Cómo puedes, durante esta Cuaresma e incluso después, ser agente de transformación o transfiguración en tu vida, tu familia, tu comunidad parroquial, tu diócesis, tu ciudad, tu estado o la nación?
La certeza de que el Señor está con nosotros. Peregrinos de esperanza, caminamos juntos hacia la Pascua. Hoy, Jesús, con su transfiguración, manifiesta su gloria. Estamos convencidos de algo y tenemos la certeza de ello:
el Señor está con nosotros.
El salmista (Salmo 27, 1.7-8.8-9.13-14) lo confirma:
«El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?». En las circunstancias tristes o alegres, debemos confiar en Dios. Este lenguaje de la fe abre el camino a la esperanza.
«Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida». «Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor».
La Cuaresma es un tiempo para confiar en Dios, tener la certeza de que está con nosotros y buscar su rostro.
Fieles a la alianza como nuestro «padre en la fe». Abraham comprendió bien lo que acabamos de decir. En el rito de la alianza entre Abraham y Dios
(Gn 15, 5-12.17-18), nuestro «padre en la fe» descubre al Dios verdadero, confía en él y cumple sus compromisos. Permaneció fiel a Dios y creyó en sus palabras.
Cree sin hacer muchas preguntas. Su vida, sus planes y su conducta están en armonía con el plan de Dios. Al final de esta alianza, Dios le concede dos cosas a Abraham:
descendencia (pasa de no tener hijos a ser padre de una multitud) y la
tierra.
Este es un ejemplo de fe que debemos seguir nosotros, descendientes de Abraham.
La Cuaresma es un tiempo para permanecer fieles a Dios y a su alianza.
Prepararnos para la transfiguración del mundo y manifestar la gloria de Dios. Dios está con nosotros (Emmanuel). Ya no es necesario demostrar su cercanía. Jesucristo está realmente presente en nosotros.
San Pablo (Filipenses 3:17 - 4:1), entre lágrimas (en prisión), nos invita a hacer de Cristo el centro de nuestra vida y no de nuestras prácticas externas (la circuncisión).
San Lucas (Lucas 9:28b-36) nos hace escuchar la voz de Dios que nos pide «escuchar» a su Hijo y confiar en él. Por el bautismo, somos incorporados a Aquel que es Profeta, Rey y Sacerdote. Mediante su transfiguración, él nos transforma y nos da la fuerza para bajar del monte y transformar el mundo caótico con todas sus realidades.
El tiempo de Cuaresma es el tiempo para escuchar a Jesucristo y transformar el mundo según el maravilloso plan de Dios.
Santos Patricio, Cirilo de Jerusalén y José, rueguen por nosotros
para que seamos fieles a la Alianza, a la Cruz de Cristo (pasión, muerte y resurrección) y manifestemos la gloria de la resurrección en nuestras vidas mientras esperamos su gloriosa venida.
West Valley City, 16 de marzo de 2025
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
Cuarenta días caminando con Jesús: escuchar, discernir y encontrarnos
Queridos hermanos y hermanas:
Desde el
Miércoles de Ceniza hasta la
Misa de la Cena del Señor, tendremos cuarenta días de
ayuno, oración y limosna. Además, durante este tiempo nos acompañarán tres frases:
escuchar y recordar -
discernir y profesar nuestra fe -
encontrarnos con Dios y refugiarnos bajo su protección.
Escuchar, recordar y ofrecer. Este
tiempo de Cuaresma es el momento propicio
para escuchar a Dios, que habla a nuestros corazones, y el momento de
hacer memoria.
Tómate el tiempo para escuchar, leer la Palabra de Dios, meditarla, contemplarla y ponerla en práctica cada día (Lectio Divina). Te invito, hermano y hermana, a hacer esta Lectio Divina en familia, una vez por semana. La Palabra que está en tu boca y en tu corazón
(Rom 10, 8-13) despierta el deseo de conversión, suscita la fe, el diálogo y la oración. Nos ayuda a recordar todas las bendiciones de Dios.
Todo lo que somos y tenemos pertenece a Dios. Debemos presentarle y
ofrecerle las primicias de nuestro trabajo, de nuestras cosechas
(Dt 26, 4-10).
Discernir, profesar nuestra fe y comprometernos. La Cuaresma es tiempo de
discernir, profesar nuestra fe y comprometernos a ayudar a los demás y a cuidar la creación. En medio de este mundo caótico, con tantas voces contradictorias, es urgente formarnos en el discernimiento espiritual,
profesar nuestra fe mediante un compromiso total con el bien, la belleza, la justicia y la paz.
Blancos, negros o amarillos: tenemos un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo. Con todo el corazón, con nuestros labios y con nuestras acciones, invoquemos el nombre de este Señor. Trabajemos juntos (unidad en la diversidad). ¡Tenemos cuarenta días para formarnos en la escuela de Jesús! A la luz de la Palabra de Dios,
el ayuno y la oración, podemos escuchar la voz de Dios y comprender su maravilloso plan para nosotros, nuestra familia de San Pedro y San Pablo.
Encuéntrate con Dios y habita bajo su amparo. La Cuaresma es el
tiempo del encuentro con Dios y con nuestros hermanos y hermanas. Al escuchar la Palabra de Dios, discernir y orar, nos encontramos personalmente con Jesús y con el Señor. Él es el
Altísimo, el Poderoso, el Señor. Él es
nuestra protección (Salmo 91:1-2, 10-11, 12-13, 14-15),
nuestro refugio. Envía a sus ángeles para protegernos.
La Cuaresma es el tiempo de habitar bajo su amparo. Jesús, en el
Evangelio de san Lucas (Lc 4: 1-13), nos da el ejemplo. Durante cuarenta días, para no caer en las tentaciones de Satanás (el hambre, el poder temporal y el abandono de Dios o ateísmo), Jesús se refugia en su Padre, pone toda su confianza en Él y en su Palabra (siempre recurre a los textos bíblicos para responder a Satanás).
Jesús está presente en el Santísimo Sacramento y nos espera de lunes a viernes, de 8:45 a. m. a 6:45 p. m. «…Vengan y vean…» (Jn 1:45-46). Dediquemos diez o treinta minutos a adorar al Rey de reyes. No podemos vivir solo de pan, sino de la Palabra de Dios.
Virgen María, intercede por nosotros
para que tengamos fuerzas para vencer a Satanás y luchar contra el mal, permanecer fieles a Dios y profesar nuestra fe sin temor a nada ni a nadie.
West Valley City, 9 de marzo de 2025
OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
El proyecto de Dios: la salvación de toda la humanidad
Queridos hermanos y hermanas:
En este
octavo domingo del Tiempo Ordinario, Dios nos habla de su
plan para salvar a toda la humanidad. Tiene un plan maravilloso para nosotros, pero no nos salva sin nosotros. Por medio de su Hijo Jesucristo, se hizo uno de nosotros para traernos la
salvación, una vida nueva.
¿Cómo lleva Dios a cabo su plan? Hermano, hermana, ¿estás dispuesto a aceptar este plan de Dios? En tu familia, en nuestra comunidad de San Pedro y San Pablo, ¿cómo te comportas? ¿Cómo ves a los demás: los juzgas y te fijas en sus defectos, o los ayudas a crecer en la fe y en la vida? ¿Qué papel tiene Cristo en este plan?
Dar gracias a Dios – El ser humano da gracias a Dios por sus maravillas. Canta a su nombre. Anuncia su amor y su fidelidad
(Salmo 92:2-3, 13-14, 15-16)
a quienes no lo conocen o rechazan su
Plan de Salvación. El ser humano confía en el amor gratuito, inagotable y eterno de Dios. A lo largo de la historia de la humanidad, a pesar de las aventuras del ser humano, sus errores e infidelidades,
Dios mantiene su plan de salvarnos. En cuanto a nosotros, como los recién bautizados en tiempos de Ben Sira el Sabio (autor del libro del Eclesiástico o Sirácida)
(Sir 27:4-7),
sigamos las enseñanzas morales que nos ofrece, saquemos nuestra sabiduría de la Ley de Dios y transmitámosla a las generaciones futuras. Que nuestras palabras, nuestro lenguaje y nuestras expresiones sociales reflejen lo que realmente somos: hijos de Dios con un
corazón bueno como el de Cristo (Papa Francisco,
Delexit Nos
[DN]).
Cristo resucitado: victoria sobre la muerte y el pecado - Cristo, enviado por su Padre para sanar y salvar a los seres humanos, está presente en nuestra vida y en nuestras comunidades. Nos ama y lleva a cabo el plan de su Padre. Tiene un corazón inmenso que nos acoge a todos. El papa Francisco afirma acertadamente: «El Sagrado Corazón es el principio unificador de toda realidad, pues “Cristo es el corazón del mundo, y el misterio pascual de su muerte y resurrección es el centro de la historia que, gracias a él, es una historia de salvación” […].
El corazón de Cristo, símbolo de la fuente más profunda y personal de su amor por nosotros, es el núcleo mismo del anuncio inicial del Evangelio. Está en el origen de nuestra fe, como manantial que refresca y da vida a nuestras creencias cristianas» (DN 31 y 32).
La victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado es la victoria del proyecto de Dios y del nuestro. Inaugura una nueva humanidad fundada en el amor, la fraternidad, el perdón, la paz y la justicia. «Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo».
(1 Cor 15:54-58). Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de llevar a cabo el maravilloso plan de Dios, siempre y en todas partes.
La conducta entre hermanos dentro de la comunidad
(Lc 6, 39-45) – Cristo resucitado vive, está entre nosotros, es nuestra esperanza, nuestra vida, nuestro pan. Nos amó y nos salvó. En nuestras comunidades familiares, parroquiales o diocesanas, nosotros, que hemos resucitado con Cristo y hemos sido sanados por él de nuestra ceguera, miremos a los demás como él nos mira. Amémoslos como él nos ama; no los juzguemos y mucho menos busquemos sus defectos. Pongamos en práctica la exhortación de san Pablo: «…manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano». Que este tiempo de Cuaresma sea una oportunidad para fortalecer nuestros lazos de fraternidad mediante el ayuno, la oración y el amor.
Santas Catalina Drexel, Casimiro, Perpetua y Felicidad, y San Juan de Dios, rueguen por nosotros
para que seamos verdaderos discípulos transformados por Jesús, de buen corazón, árboles plantados junto al río que dan abundantes frutos de amor, paz, justicia, misericordia y esperanza.
West Valley City, 2 de marzo de 2025
SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Amen a sus enemigos: el amor universal que no excluye a nadie
Queridos hermanos y hermanas:
«Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los maltratan». Estas frases son la novedad del Evangelio de este séptimo domingo del Tiempo Ordinario.
¿Quién es tu enemigo? ¿Tienes enemigos? ¿Qué haces con la unción de Dios que has recibido? ¿Qué significa para ti el perdón? ¿Olvidar el pasado o realizar un acto liberador que abre el camino hacia el futuro? Jesucristo nos invita a ser misericordiosos como Dios nuestro Padre es misericordioso. ¿Lo eres tú también? ¿Estás dispuesto a perdonar como Dios te perdona? ¿Qué haces para poder perdonar a tu cónyuge, a tu hijo o hija, a tus compañeros de trabajo, a tu hermano o hermana, a tus amigos? ¿Quiénes son tus enemigos? ¿Estás dispuesto a perdonarlos hoy?
En las culturas del mundo encontramos el
precepto de amar y amarnos unos a otros. En casi todas las religiones existe la ley del amor.
Amar y ser amados nos hace vivir felices. Este domingo,
Jesús nos propone algo nuevo:
amar a nuestros enemigos, hacerles el bien y orar por ellos. Para poder vivir esta novedad, esta enseñanza radical de Jesús, les ofrezco
tres pequeños consejos que me inspira la Palabra de Dios.
Reconozcamos la misericordia y el perdón de Dios y pongámoslos en práctica. Nuestro Dios es misericordioso y es Amor. Su misericordia es inagotable. El perdón forma parte de su ser
(Sal (103), 1-2, 3-4, 8.10, 12-13 - Lk 6, 27-38). Los israelitas crecerán en esta cultura. En la
primera lectura (1 Sam 26:2.7-9.12-13.22-23), tenemos el ejemplo del rey David, quien no acaba con la vida de su enemigo Saúl, el hermoso rey de Israel (1040 a. C.). Nos enseña que es posible ser misericordiosos, perdonar a los enemigos y desearles todo lo mejor. David, al encontrarse en la situación de matar a Saúl, no lo hace. Porque
respeta el plan de Dios (la elección de Saúl como rey), a la persona humana como imagen de Dios (ungida por Dios) y la vida. Aquí, el perdón se entiende como la
decisión de no vengarse. No significa
olvidar el pasado, y mucho menos borrarlo; al contrario, significa la
liberación de la persona y su
apertura al futuro,
a un futuro radiante de paz y fraternidad.
Para los líderes de las naciones, los políticos, los líderes comunitarios y quienes encabezan movimientos sociales o religiosos, entre otros, este es un ejemplo que debemos imitar para amarnos unos a otros construyendo un
mundo de amor, paz, justicia, vida y fraternidad.
Imita a Dios para convertirte en hijo suyo. Dios nos ama, nos perdona, nos sana y nos da vida.
Como el salmista, que canta con alegría, debemos bendecir al Señor, alabarlo e imitarlo. Hagamos a los demás lo que queremos que hagan con nosotros:
«Amen a sus enemigos, hagan el bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los maltratan».
(Lc 6:27-38). Nosotros,
los cristianos y católicos, debemos dominar nuestra violencia, nuestras pasiones e impulsos, y amarnos unos a otros.
Para hacernos hijos suyos, Dios nos educa y nos transforma según su pedagogía, y nos da un corazón nuevo, un corazón de carne.
Fe y amor. San Pablo (1 Cor 15:45-49), al hablar de la resurrección de Cristo, también habla de la nuestra (la de la carne). Esta cuestión es de fe. Cristo ha resucitado y también nos resucitará (con un cuerpo espiritual). Mientras tanto, por la gracia del Espíritu de Dios que está en nosotros, estamos llamados, a lo largo de nuestra vida, a hacernos semejantes a él, a amar y a seguir a Cristo (vida), no al primer hombre, Adán (muerte). San Gregorio de Narek, ruega por nosotros para que nos amemos unos a otros sin excluir a nadie, ni siquiera a nuestros enemigos.
West Valley City, 23 de febrero de 2025
SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Camino hacia la verdadera felicidad
Queridos hermanos y hermanas:
El
sexto domingo del Tiempo Ordinario nos enfrenta a la situación de
elegir entre la felicidad y la infelicidad, Dios o los ídolos, la vida o la muerte, la luz o la oscuridad, la libertad o la esclavitud.
¿Puede Dios abandonarnos a la tentación? ¿Puede maldecirnos? ¿Es un consejero digno de confianza? ¿Podemos confiar en él? ¿Debemos reconocer en Jesús al verdadero Mesías? En el camino hacia la felicidad, ¿qué debemos hacer para alcanzarla? Como peregrinos de esperanza, ¿debemos confiar en Dios o en un ser humano como nosotros? ¿Debemos desconfiar del ser humano o trabajar juntos para construir el Reino de Dios?
Hoy más que nunca, la gente busca la felicidad. Para algunos, está en el dinero, la bebida y las riquezas. Para otros, en el sexo y los placeres. Para otros, en buscar a Dios y su Reino, en vivir en comunión con Él. ¿No es esa la verdadera felicidad? Hermano, hermana, ¿dónde está la tuya? La Palabra de Dios de este domingo nos ofrece tres claves.
Confía en el Señor y pon en Él tu esperanza. Dios nos ama y no puede maldecirnos. Quiere nuestra felicidad y desea que seamos felices
(Sal 1, 1-2, 3, 4.6). Por medio del
profeta Jeremías (Jer 17: 5-8), nos enseña a no elegir la desgracia ni confiar en ídolos o alianzas contrarias a la que establecimos con Él. Nos
alienta a no alejarnos de Él y a elegir caminar con Él por el camino de la libertad (como el árbol plantado junto al agua, que siempre da fruto).
Creer en la resurrección de Jesucristo,
nos dice san Pablo (1 Cor 15:12, 16-20),
es el pilar, el fundamento de nuestra fe. También es la clave de nuestra felicidad: «…si Cristo no resucitó, vana es su fe; siguen en sus pecados». Esta felicidad comienza ya aquí, en esta vida, cuando
«vivimos con él», es decir, lejos del pecado, de Satanás y de todas sus manipulaciones. Después de esta vida, seremos felices viviendo con Cristo en la eternidad. Así que, hermano y hermana, ¡no pierdas esta oportunidad!
La mirada amorosa de Dios sobre nosotros. Los pobres, los hambrientos, los que lloran, los odiados, los excluidos, los insultados y los rechazados
(Lc 6,17.20-26) están invitados
a volver su mirada hacia Dios como su única fuerza y esperanza. La mirada benevolente de Dios está sobre ellos. Jesucristo, quien fue el primero en vivir estas situaciones, tuvo
la certeza constante de que su Padre lo miraba. Venció el mal y las tinieblas y se convirtió en defensor de este grupo de personas al
ofrecerles alegría, liberación, sanación y abundancia de bienes.
Jesús habla en el Evangelio de san Lucas de esta
«inversión de las situaciones». Lo mismo ocurrió en el cántico de la Virgen María,
el Magníficat.
San Pedro Damián y San Pedro Apóstol, rueguen por nosotros,
para que sepamos elegir bien y reconocer a Jesús como el Mesías y la verdadera felicidad. Ayúdennos a convertirnos siempre, porque a veces en la vida nos comportamos como los ricos del Evangelio.
Acompáñennos en el esfuerzo por apoyarnos mutuamente para construir el Reino, sin separarnos ni alejarnos de ustedes. Juntos seremos felices.
West Valley City, 16 de febrero de 2025
QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
El llamado de Dios a servir en la misión de Cristo
Queridos hermanos y hermanas:
En este
quinto domingo del Tiempo Ordinario, la palabra clave es
la llamada de Dios a servir a la misión de Cristo. Este domingo, la Iglesia celebra
la Jornada Mundial del Matrimonio.
¿Cómo respondes a la llamada de Dios? Como el profeta Isaías y los santos Pablo y Pedro, ¿reconoces lo que eres, es decir, un pecador? ¿Te basta la gracia de Dios? ¿Sabes que Dios te ama con un amor incondicional? ¿Qué significan para ti la muerte y la resurrección de Jesucristo? ¿Sabes que la misión de Jesús es también la tuya y la de la Iglesia? ¿Estás dispuesto, confiando en la palabra de Jesús, a remar mar adentro y echar las redes para pescar? ¿Estás dispuesto a correr el riesgo de remar mar adentro? ¿Das gracias a Dios por su amor, su misericordia y su bondad?
Dios toma la iniciativa de llamar a las personas. Como el salmista, bendigo a Dios por llamarme a servir a su Hijo y a su Iglesia. «Te daré gracias, Señor, de todo corazón, pues has escuchado las palabras de mi boca; en presencia de los ángeles cantaré tus alabanzas; me postraré ante tu santo templo y daré gracias a tu nombre».
(Sal 137 (138): 1-2a, 2bc-3, 4-5, 7c-8). Desde el comienzo de la aventura misionera, es Dios quien toma la iniciativa de llamar a hombres y mujeres a servirlo a él y a su pueblo. Él es
tres veces santo, es decir, distinto del ser humano. Pero, al mismo tiempo, está muy cerca de nosotros. Es él quien toma la iniciativa de venir a nosotros. ¡Qué honor! Dios llama al
profeta Isaías en una visión. Jesús
se aparece a Pablo, quien se convierte en el Apóstol de los gentiles. En cuanto a
Pedro, después del milagro, de ser un
hombre pecador se convierte en
pescador de hombres. ¿Cómo sucede esto?
Él nos prepara para ir a la misión. Cuando Dios llama, prepara a sus servidores antes de enviarlos a la misión.
Isaías reconoce quién es: «¡Ay de mí, estoy perdido! …Porque soy un hombre de labios impuros». Dios, por medio de las manos de los serafines, perdona los pecados de Isaías, lo purifica y él entra en una relación con Dios (santidad).
Pablo reconoce su vida antes de encontrarse con Cristo. Mediante la imposición de las manos de Ananías y la fuerza del Espíritu Santo, queda listo para la misión. La gracia de Dios le basta. Lo mismo sucede con nosotros hoy.
Pedro toma conciencia de su pobreza: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador».
Jesús lo tranquiliza diciéndole: «No tengas miedo». Hermanos y hermanas, en este año jubilar, no teman y «Duc in Altum».
Actitudes para la misión. Una de ellas es responder positivamente al llamado de Dios. Hay que decir que la vocación es una
decisión personal que se toma después de una reflexión madura y de la oración.
Isaías dice: «Aquí estoy», dije; «¡envíame!».
Pablo acoge la gracia de Dios y dice: «¡Ay de mí si no cumplo con esta misión!».
(1 Cor 9, 16). En cuanto a
Pedro,
confía en las palabras de Jesucristo y se pone a su disposición. Lo deja todo y se arriesga con alegría a ir a pescar hombres.
Esta es la misión de Cristo. Es la tuya y la de toda la Iglesia.
El núcleo fundamental de esta misión es la
muerte y
resurrección de Jesucristo, que es la
Salvación para todos.
Jesús está vivo y siempre presente para acompañarnos,
sanar a los enfermos (Jornada Mundial del Enfermo) y
proteger a los matrimonios (Día Mundial del Matrimonio).
Santa Escolástica, san Cirilo y san Metodio, rueguen por nosotros
para que seamos verdaderos peregrinos de esperanza, auténticos misioneros y pescadores de hombres.
West Valley City, 9 de febrero de 2025
FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA
El Niño Jesús: Luz de las naciones y gloria del pueblo de Dios
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy celebramos la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo. Además, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. ¿Ponemos en práctica lo que está escrito en la Ley, la Palabra de Dios? ¿Quién es este niño de quien nos habla el Evangelio? ¿Es él el Rey de la gloria? ¿Es un sacerdote, un sumo sacerdote, él cuya familia no pertenece a la clase sacerdotal? ¿Está Jesús al servicio de su pueblo? ¿Es él el Mesías esperado por el pueblo de Dios, por Simeón y Ana?
José y María, los padres de Jesús, fieles a la fe de sus padres, cumplen lo que está escrito en la Ley de Moisés. Presentan a su hijo en el Templo. Esto nos ayuda a comprender que Jesús es verdadero hombre y verdadero Dios.
San Lucas (Lc 2, 22-40) lo dice claramente:
«El niño crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él».
Este niño es el mensajero de Dios, «el mensajero de la alianza» (Mal 3:1-4). Es aquel a quien el pueblo de Dios esperaba desde hacía siglos. Es el niño que esperaban Simeón y Ana. Es el Rey de la gloria que entra, que siempre acompaña a su pueblo en sus batallas (Sal 23 [24]:7, 8, 9, 10) y que ilumina a todas las naciones.
El niño que hoy se presenta es el Sacerdote por excelencia, según el orden de Melquisedec. No es sacerdote a la manera de los de la primera Alianza. Porque, como dice Malaquías, estamos en un período en que el pueblo está bajo el dominio persa y no tiene rey. Los sacerdotes son quienes representan a Dios. Pero hay
una degradación, una crisis de la clase sacerdotal. Están perdiendo su
ideal y responsabilidad, es decir,
estar al servicio del Pueblo de Dios. Sus decisiones respecto a la justicia son parciales. Ya no son los
mediadores, miembros del pueblo y distribuidores de las gracias, las bendiciones de Dios y la santidad de Dios. Amados en el Señor,
debemos rezar por nuestros sacerdotes, los líderes de las Iglesias y todas las personas consagradas, para que estén plenamente al servicio del Pueblo de Dios. Que sean, como
dice el papa Francisco (Misa Crismal del Jueves Santo, 28 de marzo de 2013):
«pastores que vivan con “olor a oveja”». El autor de la
Carta a los Hebreos (Heb 2:14-18) presenta a Jesús como quien
da cumplimiento a la institución del sacerdocio. En cuanto al
Evangelio de San Lucas (Lc 2: 22-40), tenemos a dos personas
que nos revelan el misterio de este niño que hoy se nos presenta. Son
Simeón y la profetisa
Ana. El
cántico de Simeón (Nunc dimittis servum tuum, Domine) es una
acción de gracias y una profecía (el sufrimiento de María). Proclama que Jesús es la salvación de la humanidad. El de la
profetisa Ana, por su parte,
es una alabanza a Dios y habla del niño Jesús. Ambas personas nos enseñan a
mantener la paciencia mientras esperamos a Cristo, el gusto por la oración, el ayuno, la justicia y la docilidad al Espíritu Santo.
San Blas, Santa Águeda, San Pablo Miki, San Jerónimo Emiliani y Santa Josefina Bakhita, rueguen por nosotros
para que seamos verdaderos discípulos de Jesucristo, hombres y mujeres peregrinos de esperanza, al servicio de Dios y de nuestros hermanos y hermanas.
West Valley City, 2 de febrero de 2025
TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Palabra de Dios: unidad viva en la diversidad y fortalecimiento de la fe
Queridos hermanos y hermanas:
En este
tercer domingo del Tiempo Ordinario celebramos el
Domingo de la Palabra de Dios, que
el papa Francisco instituyó el 30 de septiembre de 2019 mediante su carta apostólica
«Aperuit Illis». Esta Palabra de Dios es importante para la vida de nuestra comunidad parroquial. En este Año Pastoral 2024-2025, ocupa el centro de la vida de nuestra familia parroquial.
¿Me tomo el tiempo para leer la Palabra de Dios, meditarla, orar con ella, anunciarla, cantarla, enseñarla, alimentarme de ella, proclamarla, escucharla y ponerla en práctica? ¿Está en el centro de mi vida, de la vida de mi familia y de nuestra familia parroquial? ¿Se convertirá su familia, después de Pascua, en un centro para escuchar y compartir esta Palabra de vida? ¿Es la Biblia la Palabra de vida para usted y su familia, para nuestra familia parroquial?
«La relación, como
afirma el papa Francisco,
entre el Señor resucitado, la comunidad de creyentes y la Sagrada Escritura es esencial para nuestra identidad como cristianos». Para conocer mejor a Cristo vivo, debemos conocer las Sagradas Escrituras. Por eso
san Jerónimo afirma:
«Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo».
Vivir la unidad en la diversidad. La Palabra de Dios de hoy nos ayuda a comprender cómo vivir la unidad en la diversidad. En el día dedicado a Dios, el pueblo de Dios se reúne en torno a la Ley
(Neh 8, 2-4a.5-6.8-10). El
laico y gobernador Nehemías, el
sacerdote Esdras y los
levitas están juntos (en unidad) para ayudar al pueblo a comprender la Palabra de Dios y ponerla en práctica en sus vidas para la
reconstrucción de su país. Nuestras sociedades actuales pueden inspirarse en este
ejemplo de colaboración entre estas tres realidades o instituciones.
La unidad en la diversidad es muy importante para construir la comunidad cristiana, la Iglesia.
La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. Por el
bautismo, todos somos miembros de este cuerpo.
San Pablo (1 Cor 12, 12-30), mediante la imagen del cuerpo y sus miembros, nos ayuda a comprender
«la unidad y la pluralidad eclesiales»,
la necesidad de trabajar juntos y colaborar en la construcción de la comunidad, la Iglesia (apóstoles, profetas, maestros; quienes hacen milagros, curan, hablan en lenguas misteriosas y las interpretan). Dios quiso que fuera así: «Para que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocupen por igual unos de otros». Hoy se nos invita a no dividirnos entre nosotros (blancos, negros, amarillos). Que cada uno haga bien lo que le corresponde, respetando a los demás, porque todos somos «imagen de Dios».
La Palabra fortalece nuestra fe para vivir libres y felices.
«La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es fiel, da sabiduría al sencillo. Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; el mandato del Señor es claro, ilumina los ojos».
(Sal 18 (19): 8, 9, 10, 15). Debemos ser humildes, recibir esta Ley, ponerla en práctica y vivir felices. El pueblo que escucha la Palabra de Dios llora y, después, lleno de alegría, celebra el día del Señor.
San Lucas (Lc 1: 1-4; 4, 14-21) recopiló «un relato de los acontecimientos que se han cumplido» para escribirlo ordenadamente para Teófilo, a fin de que pudiera comprobar la certeza de las enseñanzas que había recibido. Es en esta
Palabra leída donde Jesús,
ungido,
lleno del Espíritu, recibe
su misión:
anunciar la Buena Nueva a los pobres, proclamar la libertad a los cautivos y la recuperación de la vista a los ciegos, liberar a los oprimidos y proclamar un año agradable al Señor.
Esta misión es nuestra hoy y es la misión de la Iglesia.
Santos Ángela Merici, Tomás de Aquino y Juan Bosco, rueguen por nosotros,
para que la Palabra de Dios esté presente en nuestras vidas y familias; que la leamos, proclamemos, escuchemos, meditemos, oremos con ella, la compartamos, anunciemos, recibamos, cantemos y pongamos en práctica.
Que nos ayude a vivir siempre con alegría, unidos, respetando nuestra diversidad y fortaleciendo nuestra fe.
West Valley City, 26 de enero de 2025
SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
El Espíritu Santo lo transforma todo
Queridos hermanos y hermanas:
Con el bautismo del Señor terminó el tiempo de Navidad. Este domingo comenzamos el
segundo domingo del Tiempo Ordinario.
La palabra clave de este domingo es
transformación: la de Jerusalén como Madre y esposa, abandonada en el gozo de Dios; la de una persona mediante los distintos dones del Espíritu Santo y, finalmente, la del agua en vino por Jesucristo.
El profeta Isaías (Is 62: 1-5) habla de
una Jerusalén transformada. De «Abandonada», «Desolada», se convierte en la Consolada, la Novia, la «Preferida».
«Te llamarán “Mi deleite”, y a tu tierra, “Desposada”». Jerusalén se convierte en la alegría de Dios. ¡Hay una especie de matrimonio entre Dios y su novia Jerusalén! ¡Qué alegría y qué honor cuando Dios transforma tu vida y tu tristeza en alegría, y hace de ti una copa nueva!
En nuestras comunidades, Dios concede a cada miembro
dones personales o carismas para el bien de la comunidad. Por eso,
san Pablo (1 Cor 12:4-11), en la segunda lectura, habla del Espíritu Santo, que obra de manera distinta en los corintios.
Los dones, los servicios y las actividades son diversos, pero siempre son el mismo Espíritu, el mismo Señor y el mismo Dios. Por eso, compartimos la unidad de la fuente y la diversidad de las manifestaciones de los dones y carismas.
Finalmente, Jesús, en
el Evangelio de Juan (Jn 2:1-11),
convierte el agua en vino por intercesión de su Madre, la Virgen María.
A partir de este
primer signo de Jesús, sus discípulos creen en él. La alegría llena los corazones de los novios y de sus invitados para que continúe la fiesta.
Escuchar a Jesús, hacer lo que nos pide y obedecerle son los tres elementos importantes para vivir felices y transformarnos en el matrimonio, la vida sacerdotal y la vida de la comunidad parroquial.
Santos Fabián, Sebastián, Vicente, Mariana, María y Francisco de Sales, rueguen e intercedan por nosotros
para que nuestras familias, todos los matrimonios de nuestra comunidad parroquial, sean transformados
por el Espíritu Santo.
Que, mediante la presencia real y viva de Jesús en la Eucaristía y la intercesión de nuestra Madre María, sean lugares de esperanza y alegría contagiosas.
West Valley City, 19 de enero de 2025
Fiesta del Bautismo del SEÑOR
Bautismo de Cristo: fuente del Bautismo cristiano y sus implicaciones
Queridos hermanos y hermanas:
Este domingo celebramos la
fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, que es
la fuente del bautismo de todos los cristianos.
¿Qué implicaciones tiene en nuestra vida, en nuestras comunidades, familias, parroquias y diócesis de Salt Lake City? ¿Cómo puede «la gracia de Dios» recibida en el bautismo renovar y transformar nuestras vidas? Al convertirnos por el bautismo en hijos e hijas de Dios, ¿cómo puede él encontrar su alegría en nosotros? El día de su bautismo, Jesús ora con su Padre. ¿Somos capaces de orar sin cesar y estar siempre en contacto con Dios? ¿Tiene la oración al Espíritu Santo un lugar en nuestras vidas?
Dios, en su plan maravilloso, quiso salvar a la humanidad. Se manifiesta a nosotros. Por medio de la voz del profeta Isaías (Is 40, 1-5. 9-11), promete a su pueblo consuelo, esperanza y misericordia. Su Hijo único se hizo uno de nosotros y vino al mundo para salvarnos. Entregó su vida al morir en la cruz para darnos vida. Este es el verdadero significado del bautismo del Hijo de Dios.
Por nuestro bautismo, quedamos
incorporados a Jesucristo, Sacerdote, Profeta y Rey.
«La gracia de Dios» se manifiesta en nosotros
(Tit 2, 11-14; 3, 4-7), en cada uno de nosotros.
Esta agua
nos hace renacer y renueva nuestras vidas con los dones y carismas del Espíritu Santo. Además, estamos llamados a «rechazar los caminos impíos y los deseos mundanos y a vivir con templanza, justicia y devoción en este mundo», y a entrar en la vida eterna.
Por el bautismo del Espíritu Santo y el fuego (Lc 3:15-16, 21-22), estamos llamados a vivir una vida nueva según el Espíritu y no según la carne; a anunciar con pasión la Buena Nueva; a ser mensajeros de esperanza; a amar profundamente todo lo que viene de Dios; a hacer todo lo que agrada a Dios; a orar sin cesar (1 Tesalonicenses 5:17); a vivir como verdaderos hijos e hijas de Dios; a escuchar la voz de Dios Padre y ponerla en práctica; a ser la voz de Dios que consuela a su pueblo; y a servir a nuestros hermanos y hermanas y a la Iglesia de Jesucristo.
Santos Hilario y Antonio, rueguen por nosotros para que, incorporados a Jesucristo por nuestro bautismo, seamos verdaderos ciudadanos y auténticos católicos, discípulos misioneros de esperanza y paz.
West Valley City, 12 de enero de 2025
Solemnidad de la Epifanía del Señor
La estrella que conduce a Jesucristo
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy celebramos la fiesta de la Epifanía del Señor. Dios se manifiesta a su pueblo, a las naciones y a toda la humanidad. Él es la estrella que ilumina a todas las naciones y nos acompaña hasta donde está Jesús. Como los Magos, ¿quieres ir en busca del Niño recién nacido? ¿Estás listo para escuchar la voz del Ángel o la de Herodes? ¿Cómo podemos seguir la estrella que señala el camino hacia Jesucristo? ¿Estás dispuesto a poner tu inteligencia, tu ciencia y tus conocimientos al servicio de la vida y no de la muerte? En este mes dedicado al respeto por la vida, ¿estás dispuesto a defender la vida de los niños? ¿Cómo acogemos a los hermanos y hermanas que reconocen a Jesucristo como Señor y Dios? ¿Qué regalos le llevas a Jesucristo, a quien adoras?
En este año jubilar, estamos invitados a ser peregrinos de esperanza y protectores de la vida. Peregrinos que siguen la luz de la estrella. Sin ella, no podemos encontrar al Niño que ha nacido. Ya desde el siglo VIII, Isaías anuncia esta convergencia de todas las naciones, de todos los pueblos de Sabá y de los reyes hacia Emmanuel. En la primera lectura, el profeta Isaías (Is 60, 1-6) invita a Jerusalén a levantarse resplandeciente, a brillar, porque Dios hecho hombre está en medio de ti.
«Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora».
San Pablo (Ef 3, 2-3a. 5-6) añade:
«que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio». Así comprenderemos la manifestación, la epifanía de Dios a todas las naciones, sin distinción alguna. El Evangelio de san Mateo (Mt 2, 1-12) nos presenta a tres sabios (Baltasar, Gaspar y Melchor). Estos hombres de ciencia (Magoi en griego) buscan la estrella, a este Dios que se manifiesta:
«¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos su estrella al salir y hemos venido a rendirle homenaje». Buscaban a Dios hecho hombre. Esto significa que creyentes y no creyentes buscamos «el rostro del Dios vivo», la estrella que señala el camino y alegra los corazones.
Te invito, hermano y hermana, a dejarte guiar por esta Luz y te llenarás de alegría. Nadie podrá quitarte ni robarte esta alegría del encuentro con Jesucristo, como dice el
papa Francisco en
Evangelii Gaudium. Sigue el camino de los Reyes Magos:
estudia las Sagradas Escrituras para comprender quién es este Niño que nació, y búscalo con todo tu corazón para finalmente adorarlo y ofrecerle tus dones, como los Magos le ofrecieron
oro (la realeza de Jesús),
incienso (símbolo de la divinidad de Jesús) y
mirra (símbolo de que Jesús también fue hombre y anuncia su muerte en la cruz).
Como los Magos,
seamos de esos peregrinos que escuchan la voz del Ángel y hacen la voluntad de Dios, que dicen sí a la VIDA y no a la muerte. Pongamos toda nuestra inteligencia, ciencia y conocimiento al servicio de la felicidad de la humanidad, de nuestras comunidades, sociedades e Iglesias.
San Raimundo de Peñafort y san André Bessette, rueguen por nosotros para que siempre estemos dispuestos a escuchar la voz del Ángel de Dios y a proteger la vida en general, y de manera particular la de los niños y los inocentes.
West Valley City, 5 de enero de 2025
FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ
La familia: reflejo del amor divino
Queridos hermanos y hermanas:
En este
último domingo de diciembre, la Iglesia, nuestra Madre, nos invita a celebrar la
fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret.
¿Es esta familia una fuente de inspiración para ti?
¿Es un modelo de comprensión, alegría, amor, respeto, diálogo y perdón? Papá, ¿sigues el ejemplo de José? Mamá, ¿sigues el ejemplo de María? Y tú, hijo o hija joven, ¿sigues el ejemplo de Jesús? Hoy, ¿qué espiritualidad acompaña a nuestras familias? En este Año Jubilar de la Esperanza 2025, ¿está organizando tu familia una peregrinación a una de las cinco iglesias jubilares diocesanas (la Catedral de la Magdalena, la Iglesia Católica de San Jorge, la Iglesia Católica de San Francisco de Asís, la Iglesia Católica de San José o la Iglesia Católica de Nuestra Señora de Lourdes)? Padres, ¿están consagrando a Dios a sus hijos e hijas? ¿Saben que sus hijos son de Dios? En momentos de crisis en la relación entre ustedes, padres, y sus hijos, ¿qué hacen? ¿Están dispuestos a ir a buscar a su hijo al lugar donde se perdió? Católicos todos, hijos e hijas de Dios, ¿es él la prioridad de nuestra vida, como lo es para Jesús su Padre? En la vida de nuestras familias, ¿guardamos la Palabra de Dios en el corazón?
La familia es el primer elemento fundamental y de gran importancia tanto para la sociedad civil como para la Iglesia. Jesús, el Hijo de Dios, pasó a formar parte de una familia humana (Jesús, María y José). La familia es el origen de toda sociedad humana. Por ejemplo, tenemos distintas formas de familias humanas: la familia diocesana, la familia parroquial, la familia laboral, la familia deportiva, etc. Todas estas familias humanas forman parte de la familia de Dios. Todos somos hijos e hijas de Dios. La primera lectura, del primer libro de Samuel (1 S 1: 20-22.24-28), nos presenta a la familia de Samuel. Su padre es Elcaná. Ana, su madre, que era estéril, recibe un hijo por la gracia de Dios, gracias a sus oraciones y súplicas. El nombre Samuel que le dieron lo explica todo: «Dios ha escuchado». Hermanos y hermanas, Dios siempre escucha nuestras oraciones. Debemos confiar en él y esperar con esperanza, como Ana.
La familia humana es el espejo del amor divino.
San Juan afirma en la segunda lectura (1 Jn 3: 1-2.21-24) que Dios es el fundamento de todo amor. Él es amor. Somos su familia, y todos somos sus hijos e hijas. Nos pide dos cosas:
tener fe en Jesucristo, su Hijo, y amarnos unos a otros. Así permanece con nosotros y tenemos la certeza de que recibiremos todo lo que le pidamos.
La familia de Nazaret es el modelo de la familia de Dios. El Evangelio de san Lucas (Lc 2, 41-52) nos lo relata en su contexto natural: la crisis del niño Jesús, que se hace adulto y no es encontrado, y la crisis de fe de sus padres. Al final, José y María comprenden que este joven es el Hijo de Dios y que tiene una misión: la unión con su Padre y dar su vida por los demás.
En todas nuestras familias humanas, tenemos mucho que aprender de esta familia de Nazaret (Jesús, María y José): amor, respeto, diálogo, escucha, integridad, hacer la voluntad de Dios, obediencia, el silencio de José, fe, etc. Que la Palabra de Dios nos acompañe siempre en nuestro camino de crecimiento humano y espiritual.
San Silvestre, san Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno, rueguen por nosotros para que
sigamos los sabios consejos de Jesús, María y José y crezcamos como Jesús en estatura, edad, sabiduría y santidad de vida.
Que
nuestras familias se conviertan en lugares de paz, esperanza, amor y solidaridad en este Año Nuevo 2025, Año del Jubileo de la Esperanza.
¡FELIZ AÑO NUEVO 2025!
West Valley City, 29 de diciembre de 2024
CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
Meditar con María mientras espera a su Hijo
Queridos hermanos y hermanas:
En este
cuarto domingo de Adviento, contemplamos a
María (Myriam), la «Princesa».
Como María, ¿estás dispuesto a creer que la Palabra de Dios se cumplirá en tu vida, en la de tu familia, en nuestra comunidad parroquial de San Pedro y San Pablo y en nuestra Diócesis de Salt Lake City? El niño anunciado por el profeta Miqueas es la paz. ¿Cómo puedes hacer realidad esa paz en tu familia, en tu trabajo, en nuestra parroquia y en nuestra Diócesis? Como María y Jesús, ¿estás dispuesto a hacer la voluntad de Dios? Como María y Jesús, ¿tienes fe en Dios? Como María, ¿sientes el «impulso misionero» de ir a anunciar la Buena Nueva a los demás miembros de tu familia, a tus amigos, a tus vecinos, por todas las calles de West Valley City?
Myriam, la Princesa, como
nos cuenta san Lucas (Lc 1:39-45), sale de su ciudad y de las comodidades de su hogar,
«se puso en camino y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá»
para visitar a su prima Isabel. ¿Dónde está tu
«entusiasmo misionero» para salir e ir a anunciar las maravillas de Dios? Mientras espera a su hijo, piensa en los demás, especialmente en Isabel, que también espera un bebé.
¡Debemos pensar en servir a los demás, en vez de pensar en servirnos a nosotros mismos! Señor, danos la disposición misionera para ir a sembrar y anunciar la paz, la justicia, el amor, la alegría y la reconciliación.
Entre las dos mujeres, María e Isabel, se entabla un diálogo sincero. Las dos primas comparten su alegría. Isabel puede tener un bebé. Myriam viene a compartir esa alegría con ella y le trae paz
(Shalom) con su saludo.
También nosotros debemos ser misioneros de paz hoy.
Isabel, «llena del Espíritu Santo»,
proclamó el cántico que rezamos cada día al rezar el Rosario, y reconoce que
Myriam es la «Bendita».
Hermano y hermana, al rezar el Rosario, canta esta canción con alegría y confianza en Dios. Deja que el Espíritu Santo complete su obra en ti.
Con María, al finalizar este tiempo de Adviento,
entremos en la lógica de la fidelidad a Dios en las cosas pequeñas, con sencillez. El
profeta Miqueas (Miqueas 5:1-4a)
anuncia una esperanza: el nacimiento del futuro «gobernante» de Israel, que viene de «Belén-Efrata», la más pequeña de las familias de Judá, y dará seguridad y paz a su pueblo.
San Esteban, San Juan, los Santos Inocentes y los mártires, rueguen por nosotros
para que, como María y Jesús, cumplamos la
voluntad de Dios
(Heb 10:5-10).
Aquí estamos, Señor, en San Pedro y San Pablo, para hacer tu voluntad y construir juntos nuestra comunidad parroquial, que camina con María y José hacia Belén para recibir al «Niño Dios».
West Valley City, 22 de diciembre de 2024
TERCER DOMINGO DE ADVIENTO
Adviento, tiempo de espera, tiempo de alegría. «¿Qué debemos hacer?»
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy celebramos el tercer domingo de Adviento, también llamado «Gaudete», que significa «Alégrense». Después de recibir el bautismo y mientras esperamos la llegada de Jesús, «¿qué debemos hacer?». ¿Qué haces durante este tiempo de espera? En diez días nacerá nuestro Salvador, ¿te alegras? ¿Cómo recibes el gran regalo de la Navidad, que es Jesús, el Hijo de Dios?
En todo el mundo tenemos la alegría de celebrar la gran fiesta de Navidad, el gran regalo que Dios quiso darnos: Emmanuel. En la cultura mexicana y en nuestra comunidad parroquial, el lunes comienzan las «Posadas». Los filipinos comienzan la celebración del «Simbang Gabi». Por su parte, los cubanos y los puertorriqueños celebran las «Parrandas». La Navidad es tiempo de compartir, ofrecer hospitalidad y vivir la solidaridad. El miércoles 18 de diciembre celebraremos el Día Internacional del Migrante y el viernes 20, el Día Internacional de la Solidaridad Humana. Son oportunidades para compartir con los demás nuestra alegría y las bendiciones que Dios nos ofrece.
Hoy, el profeta Sofonías (Sofonías 3:14-18a) nos habla de la alegría de Israel por la presencia de Dios en medio de su pueblo. San Pablo (Flp 4:4-7) nos invita a «alegrarnos siempre en el Señor». Ya no hay tristeza, preocupación y mucho menos miedo, porque Dios se ha hecho cargo de su pueblo. El papa Francisco, en las primeras líneas de su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (#1), afirma: «Con Cristo siempre nace y renace la alegría». ¡Maranatha, ven, Señor Jesús, no tardes! Jesús está presente en la Palabra de Dios, en la Eucaristía, en tu hermano y hermana, en los pobres, los enfermos, los migrantes, en el silencio de tu corazón, etc.
En la gozosa espera de Jesucristo, ¿qué debemos hacer? Solo hay una cosa que debemos hacer: anunciar la Buena Nueva.
¿Quién debe hacerlo? ¿A quién debemos anunciarla?
San Lucas, en el Evangelio (Lc 3, 10-18), nos habla de Juan el Bautista, quien revela su identidad y anuncia esta Buena Nueva a las multitudes que habían sido bautizadas, a los recaudadores de impuestos y a los soldados. Después del arrepentimiento, del bautismo y, sobre todo, de ese bautismo «con Espíritu Santo y fuego», ¿qué debemos hacer? Estas tres categorías pueden representarnos a cada uno de nosotros o las situaciones en las que podemos encontrarnos. Necesitamos el celo para proclamar el Evangelio con pasión y entusiasmo, el amor a Dios y a nuestros hermanos y hermanas, y el valor y la audacia para dar testimonio de Jesucristo.
Debemos hacerlo no solo con los labios, sino con la vida (ayudando a los necesitados, siendo honestos y responsables en todo lo que hacemos, cumpliendo nuestras obligaciones, sin ejercer violencia, siendo justos y haciendo bien nuestro trabajo).
San Pedro Canisio, ruega por nosotros y ayúdanos a servir, dar y ayudar siempre con alegría.
West Valley City, 15 de diciembre de 2024
SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO
Juan el Bautista: nuestro guía espiritual para este tiempo de Adviento
Queridos hermanos y hermanas:
En este
segundo domingo de Adviento, la Iglesia nos presenta a
Juan el Bautista como guía espiritual durante este
tiempo de Adviento, un tiempo de preparación para la venida de nuestro Salvador Jesucristo. Las tres lecturas de este domingo nos muestran
cómo debemos prepararnos espiritual, emocional y materialmente para recibir debidamente al Rey de reyes. ¿Estás listo para recibir con alegría y dignidad a Jesús, el Hijo de Dios y tu hermano? ¿Estás listo para «quitarte el manto de duelo y aflicción», «vestirte para siempre con el esplendor de la gloria de Dios», «cubrirte con el manto de la justicia de Dios» y «llevar en tu cabeza la mitra»? ¿Estás dispuesto a
«volver a Dios»
(metanoia) y abandonar la injusticia, el orgullo, la enemistad, la búsqueda desenfrenada del dinero, los placeres, los honores, etc.? ¿Estás listo para recibir la Palabra de Dios, la Palabra de vida, como lo hizo san Juan Bautista? ¿Quieres cambiar tu vida para ser un católico auténtico y un ciudadano fiel? ¿Qué haces con las gracias bautismales que has recibido y que te hacen un hombre nuevo o una mujer nueva? ¿Estás listo para salir a anunciar con alegría y amor la Buena Nueva por todas las calles de West Valley City?
¿Quieres prestar tu voz al Señor para que la use para proclamar sus maravillas: paz, justicia, perdón, misericordia, esperanza, etc.?
En la primera lectura, el profeta Baruc (Bar 5, 1-9) nos ofrece un mensaje de esperanza y confianza. Hermano y hermana, tú que atraviesas momentos difíciles por problemas de salud mental, espiritual, física o emocional, por tu trabajo o por tu situación migratoria, Dios está contigo y cuida de ti y de tu situación.
«La vida y la felicidad siguen siendo posibles después de la amargura y la oscuridad». Te invita a «quitarte el manto de luto y miseria», a «vestirte para siempre con el esplendor de la gloria que viene de Dios», a «envolverte en el manto de la justicia de Dios» y a «llevar en la cabeza la mitra».
La conversión, o el regreso a Dios, es la segunda forma de prepararnos para la venida de Jesucristo.
San Lucas (Lc 3:1-6),
en el
Evangelio, presenta el contexto político y religioso en el que Juan Bautista llevará a cabo su
misión itinerante. Recibe la
Palabra de Dios y se convierte en un gran evangelizador:
«Una voz clama en el desierto: “Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”».
En su mensaje, nos invita a la conversión, a un cambio radical, a volver a Dios. Este regreso,
por medio del bautismo, que nos incorpora a Jesucristo, fortalece nuestra fe y nos da fuerzas para convertirnos en la voz que clama en el desierto, en verdaderos y auténticos evangelizadores.
El amor, la alegría, la comunión, el afecto por los demás y la oración son los frutos que genera este regreso a Dios.
San Pablo (Flp 1, 4-6.8-11), en su carta a los filipenses, nos habla de ello.
Estos son elementos importantes de las actividades misioneras.
Junto con Jesucristo, tenemos la misión de construir una nueva humanidad basada en la fraternidad, la misericordia, el perdón, la justicia y la paz.
Nuestra Señora de Loreto y de Guadalupe, San Juan de la Cruz y Santa Lucía, rueguen por nosotros
para que cambiemos nuestra vida y nos convirtamos en verdaderos colaboradores de Cristo en la transformación de la historia de nuestra humanidad.
West Valley City, 8 de diciembre de 2024
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
Adviento: estar siempre vigilantes y orar
Queridos hermanos y hermanas:
En este domingo, 1 de diciembre, primer día del mes, primer día de la semana, primer día del tiempo de Adviento y primer día del año litúrgico C, entramos de lleno en uno de los momentos culminantes de la Iglesia católica.
Este
tiempo litúrgico de Adviento es un
tiempo de oración, meditación, nuevos comienzos, esperanza, reflexión, comunión íntima con Dios y preparación para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
La Palabra de Dios de este domingo nos habla de las tres venidas del Hijo del hombre. Cristo
vino a Belén, como habían anunciado los profetas;
viene cada día a tu vida, como a la de los tesalonicenses, y
volverá un día.
¿Estás listo para recibirlo? ¿Hay espacio en tu corazón y en tu vida para acogerlo? ¿Estás vigilante y orando para que Jesús no pase de largo ante la «puerta» de tu corazón sin entrar? ¿Cómo nos prepararemos personalmente, como familia y como comunidad parroquial, para la venida del Mesías? En este mundo sacudido por
conflictos, guerras, cambio climático, epidemias y una pobreza cada vez mayor, ¿qué esperanza puede traernos Jesús?
Un tiempo de esperanza y un nuevo comienzo. Ante la creciente inseguridad en Jerusalén, el poder dominante de Babilonia, el cansancio y el sufrimiento del pueblo de Dios, llega, por boca del
profeta Jeremías (Jer 33:14-16), un
mensaje de esperanza para este pueblo. De las cenizas de su templo y las ruinas de su ciudad,
un Rey de la familia de David viene a liberar al pueblo de Dios. Su
nombre es «El Señor es nuestra justicia» y su
misión es ejercer
el derecho y la justicia. Hoy más que nunca, nuestra comunidad parroquial, nuestro país y el mundo entero necesitan escuchar este mensaje y acoger al Rey.
«Maranatha», ven, Señor Jesús, Rey de reyes, para iniciar contigo una nueva historia y construir un mundo más justo, que ame la paz y respete los derechos y la dignidad de cada persona.
Un tiempo de espera, liberación, oración y acción. San Pablo (1 Tes 3, 12 – 4, 2), en la segunda lectura, y san Lucas (Lc 21, 25-28.34-36), en el Evangelio, nos hablan de la venida de Cristo. San Pablo nos enseña cuál es la actitud adecuada durante la espera: «Que aumente y rebose su amor… fortalezcan sus corazones para que sean irreprochables en santidad… para agradar a Dios… háganlo aún más». San Lucas nos aconseja: «Que sus corazones no se emboten por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida… Estén siempre vigilantes y oren».
Hermano y hermana, Jesús viene cada día, en cada acontecimiento de tu vida: cuando lo recibes en la Eucaristía o cuando estás en oración. Hemos comprendido que necesita nuestras manos y nuestros pies para construir una nueva historia, un nuevo mundo de paz y justicia.
Por eso, durante este tiempo de espera, te invito
a vivir intensamente tu vida cristiana en comunión con Jesús mediante la oración (personal, familiar o comunitaria) y los sacramentos; a discernir para comprender la voluntad de Dios para ti; a optar preferencialmente por los pobres; a tomar decisiones éticas en la vida cotidiana; y a comprometerte cada día con las cuestiones sociales, la justicia, la paz y el cuidado de la tierra.
San Nicolás, san Ambrosio y san Francisco Javier, rueguen por nosotros para que, durante estas cuatro semanas que se acercan, no tengamos la atención puesta en las compras navideñas ni en lo superficial de las ofertas de estas fiestas.
Que siempre estemos vigilantes, en la oración y en la acción, para recibir a nuestro Salvador, Jesucristo.
West Valley City, 1 de diciembre de 2024