Cuaresma de 2026

El camino parroquial diario de la Cuaresma 2026

Jueves después del Miércoles de Ceniza

“Cuaresma: elige la vida, toma tu cruz cada día y sígueme”.

La Cuaresma comienza con una verdad simple pero profunda: nuestras vidas están marcadas por las decisiones que tomamos.

En la primera lectura, Moisés presenta al pueblo una invitación contundente: elijan la vida. No simplemente la existencia, ni la comodidad, sino la vida que proviene de amar a Dios, escuchar su voz y caminar en sus caminos. Es un recordatorio de que la fe no es pasiva; es una decisión diaria de volverse hacia Aquel que da la vida.

El salmo profundiza esta imagen con un hermoso contraste. Quienes se arraigan en la palabra de Dios son como un árbol plantado cerca de agua corriente: firme, nutrido y fructífero. Quienes se alejan se vuelven como paja, arrastrados por cualquier adversidad. La Cuaresma nos invita a preguntarnos: ¿Dónde estoy arraigado? ¿De dónde obtengo mi fuerza?

Las palabras de Jesús en el Evangelio ponen de relieve esta invitación. Habla de su propio camino —un camino de sufrimiento, entrega y, finalmente, resurrección— y luego se dirige a nosotros: «Toma tu cruz cada día y sígueme». La Cuaresma no se trata de gestos dramáticos, sino de la disposición serena y constante a dejar que Dios transforme nuestros corazones día a día.

Esta temporada es una oportunidad para elegir la vida de nuevo, no con grandes resoluciones, sino con pequeños actos de amor, momentos de honestidad y una renovada confianza en la misericordia de Dios. Al iniciar este camino, arraigémonos profundamente en el Señor, confiando en que Él camina con nosotros y nos guía hacia la verdadera vida.


Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

West Valley City, 19 de febrero de 2026


Viernes después del Miércoles de Ceniza

El corazón del verdadero ayuno

Al adentrarnos en la Cuaresma, el viernes después del Miércoles de Ceniza nos invita a detenernos y reflexionar sobre el verdadero significado del ayuno. Las palabras del profeta Isaías resuenan: Dios desea más que un ritual; busca corazones movidos a la compasión y la justicia. El ayuno no se trata solo de abstenerse de comer o de inclinar la cabeza en señal de tristeza; se trata de abrir nuestras vidas a los demás, compartir el pan con los hambrientos, dar refugio a los sin techo y romper las cadenas de la injusticia.

El Salmo 51 nos recuerda que Dios no se complace en sacrificios vacíos, sino en un espíritu contrito y humilde. Cuando reconocemos nuestras faltas y nos volvemos a Dios con sinceridad, encontramos misericordia y renovación. «Un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo despreciarás». Este es el espíritu que transforma nuestro ayuno en una oración viva.

El Evangelio nos plantea un desafío sutil: Jesús nos dice que hay tiempo de ayuno y tiempo de alegría. Cuando estamos cerca de Cristo, nuestros corazones se llenan de gozo, pero habrá momentos en que se nos llame a una reflexión más profunda y al sacrificio. La Cuaresma es uno de esos momentos: una época para buscar el bien, apartarnos del mal y dejar que la presencia de Dios nos guíe.

Llamada a la acción: Apoye las misiones para personas negras e indígenas.

En esta Cuaresma, vayamos más allá de lo superficial y abracemos el ayuno que Dios realmente desea.

  • Ayuda a quienes lo necesitan: Este fin de semana, nuestra parroquia realizará la colecta del Fondo de Solidaridad Pastoral para las Misiones Afroamericanas e Indígenas. Tu generosa contribución apoya la formación de líderes laicos y catequistas, los programas de evangelización y alcance comunitario, el ministerio juvenil y de jóvenes adultos, y las crecientes necesidades pastorales y espirituales en todo el país. Te invitamos a considerar en oración la posibilidad de contribuir a esta colecta. Al apoyar las Misiones Afroamericanas e Indígenas, nos solidarizamos con un pueblo vibrante y fiel, contribuyendo a edificar el Cuerpo de Cristo.
  • Practica el perdón: Repara una relación rota u ofrece una palabra amable a alguien que la necesite.
  • Ora con sinceridad: Dedica unos minutos cada día a orar por un corazón humilde y contrito.
  • Hagamos de este tiempo una época de verdadera transformación, donde nuestro ayuno se traduzca en acción, nuestras oraciones en compasión y nuestros corazones se asemejen más al de Cristo. Juntos, como familia parroquial, seamos luz para nuestra comunidad y signo del amor de Dios en el mundo.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 20 de febrero de 2026


    Sábado después del Miércoles de Ceniza

    Llamados a la compasión y la renovación

    Al continuar la Cuaresma, las lecturas de hoy nos recuerdan que el llamado de Dios es para todos, especialmente para aquellos que se sienten alejados de Él. En Isaías 58:9b-14, Dios promete luz y renovación a quienes se apartan de la opresión y el egoísmo, y en cambio cuidan de los afligidos y honran el sábado. Cuando actuamos con compasión y justicia, nos convertimos en «reparadores de la brecha» y «restauradores de hogares destruidos», trayendo esperanza y sanación a nuestras comunidades.

    El salmo (Salmo 86:1-6) es una oración pidiendo misericordia y guía, que nos recuerda que Dios siempre está dispuesto a perdonar y ayudarnos a caminar en su verdad.

    En Ezequiel 33:11, Dios declara que desea la conversión de los pecadores, no su destrucción. Jesús reitera esto en Lucas 5:27-32, llamando a Leví el recaudador de impuestos y asegurándonos que vino a llamar a los pecadores al arrepentimiento, no a los justos.

    Reflexión de la semana:

    ¿Cómo podemos responder al llamado de Dios a la conversión en nuestras vidas? ¿Hay maneras de mostrar mayor compasión o buscar la reconciliación? La Cuaresma es un tiempo para alejarnos de lo que nos separa de Dios y de los demás, y para acoger la sanación y la renovación que Cristo nos ofrece. Que podamos llevar esperanza y restauración a nuestras familias, parroquia y comunidad.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 21 de febrero de 2026



    Primer domingo de Cuaresma

    Viaje de la Creación a la Redención: Una invitación a la Cuaresma

    Al comenzar la Cuaresma, las lecturas de este domingo nos invitan a reflexionar profundamente sobre la historia de la humanidad, desde nuestra creación, pasando por nuestras luchas, hasta la esperanza que nos ofrece Cristo.

    En el Génesis, presenciamos el acto amoroso de Dios al formar a la humanidad de la tierra e infundirnos vida. Se nos recuerda que nuestra existencia es un don, arraigado en el amor creador de Dios. Sin embargo, la historia pronto aborda la realidad de la tentación y el pecado. El encuentro con la serpiente revela cuán fácilmente podemos desviarnos del camino de Dios, buscando sabiduría y plenitud al margen de su voluntad. El resultado no es solo la desobediencia, sino también un sentimiento de vergüenza y separación.

    El clamor del salmista en el Salmo 51 refleja nuestra propia necesidad de misericordia: «Ten misericordia, Señor, porque hemos pecado». La Cuaresma es un tiempo para reconocer nuestras faltas, buscar el perdón y confiar en la compasión de Dios. El salmo nos asegura que Dios desea purificar nuestro corazón y renovar nuestro espíritu.

    Las palabras de Pablo en Romanos nos recuerdan que el pecado entró en el mundo por medio de una sola persona, pero también la gracia y la redención por medio de Jesucristo. Donde la desobediencia de Adán trajo condenación, la obediencia de Cristo trae absolución y vida nueva. Este es el núcleo de nuestro camino cuaresmal: pasar de la realidad del pecado a la promesa de salvación.

    Finalmente, en el Evangelio de Mateo, Jesús enfrenta la tentación en el desierto. A diferencia de Adán y Eva, Jesús se mantiene firme, confiando en la palabra de Dios y negándose a dejarse influenciar por el diablo. Su victoria sobre la tentación es un ejemplo para nosotros, mostrándonos que, con la ayuda de Dios, también podemos superar los desafíos que enfrentamos. Al comenzar la Cuaresma, recordemos: fuimos creados a imagen de Dios y llamados a vivir en comunión con el Creador. La tentación y el pecado son reales, pero también lo es la misericordia de Dios. Mediante el arrepentimiento, nos abrimos a la gracia renovadora de Dios. La victoria de Jesús sobre la tentación nos da esperanza y fortaleza para nuestro propio camino.

    Que esta temporada sea un tiempo de renovación, reflexión y crecimiento mientras caminamos juntos hacia la Pascua.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 22 de febrero de 2026


    Lunes de la primera semana de Cuaresma

    La santidad se vive en las acciones cotidianas.

    «Sed santos, porque yo, el SEÑOR, vuestro Dios, soy santo». Estas palabras del Levítico (Levítico 19:1-2, 11-18) marcan la pauta de estas lecturas, invitándonos a una vida que refleje la santidad de Dios a través de nuestras acciones y relaciones. El pasaje nos recuerda que la santidad no es un concepto abstracto, sino que se vive en las decisiones cotidianas que tomamos: ser honestos, justos, compasivos y amorosos con nuestro prójimo. Se nos desafía no solo a evitar el mal —como robar, mentir o guardar rencor—, sino también a buscar activamente el bien de los demás, especialmente de los más vulnerables.

    El salmo responsorial (Salmo 19:8, 9, 10, 15) se hace eco de este llamado, celebrando la ley del Señor como «perfecta, que reconforta el alma» y «da sabiduría a los sencillos». Los mandamientos de Dios no son una carga, sino que buscan traer alegría, claridad y justicia a nuestras vidas. Cuando permitimos que la palabra de Dios moldee nuestros corazones, nuestras palabras y acciones se convierten en fuente de vida para quienes nos rodean.

    San Pablo (2 Corintios 6:2b), en su carta a los Corintios, nos exhorta a reconocer que «ahora es un tiempo muy propicio; he aquí, ahora es el día de salvación». Se nos invita a no demorar nuestra respuesta al llamado de Dios, sino a acogerlo hoy mismo, en este preciso instante.

    El Evangelio de Mateo (Mateo 25:31-46) ofrece una vívida imagen del juicio final, donde el Hijo del Hombre separa a las personas como un pastor separa las ovejas de las cabras. Los criterios son sorprendentemente sencillos y prácticos: ¿Damos de comer al hambriento, de beber al sediento, acogimos al forastero, vestimos al desnudo, cuidamos a los enfermos y visitamos a los presos? Jesús se identifica con «los más pequeños» entre nosotros, enseñándonos que todo lo que hacemos —o dejamos de hacer— por los demás, lo hacemos por él.

    Esta semana, reflexionemos sobre cómo podemos manifestar la santidad de Dios en nuestra vida diaria. ¿Hay oportunidades para mostrar bondad, buscar justicia o perdonar? Recordemos que la santidad se encuentra no solo en la oración, sino en cada acto de amor y misericordia. Que podamos escuchar las palabras de Cristo con renovada atención y responder con generosidad, sabiendo que al servir a los demás, servimos al Señor mismo.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 23 de febrero de 2026


    Martes de la primera semana de Cuaresma

    Semillas de confianza y misericordia

    En esta Cuaresma, Isaías (Isaías 55:10-11) nos recuerda que la Palabra de Dios es como la lluvia que da vida: siempre fructífera, siempre cumpliendo su propósito.

    El salmo (Salmo 34:4-5, 6-7, 16-17, 18-19) nos asegura que el Señor escucha el clamor de los pobres y se acerca a los quebrantados de corazón, rescatando a todos los que se vuelven a Él.

    Jesús nos enseña en el Padrenuestro a orar (Mateo 6:7-15) con sencillez, confianza y un corazón abierto al perdón, invitándonos a soltar lo que nos agobia y a extender la misericordia tal como la hemos recibido.

    Que esta Cuaresma nos lleve a una mayor confianza, a una oración más silenciosa y a un espíritu renovado de perdón.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 24 de febrero de 2026




    Miércoles de la primera semana de Cuaresma

    “Un corazón vuelto hacia Dios”

    Estas lecturas nos invitan a adentrarnos en el profundo y transformador misterio del arrepentimiento: un cambio que no nace del miedo, sino de la gracia.

    En el libro de Jonás (Jonás 3:1-10), presenciamos una de las conversiones más extraordinarias de las Escrituras. Ante la sencilla proclamación de Jonás, el pueblo de Nínive —grandes y pequeños, incluso su rey— responde de inmediato. Ayunan, se visten de cilicio y abandonan sus caminos violentos. Su humildad conmueve el corazón de Dios, quien prefiere la misericordia al castigo. El mensaje es claro: nadie está más allá de la redención cuando el corazón está dispuesto a cambiar.

    Nuestro Salmo Responsorial (Salmo 51:3-4, 12-13, 18-19) se hace eco de esta verdad: «Un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo despreciarás». A Dios no le impresionan los sacrificios vacíos ni las demostraciones externas de piedad; Él desea un corazón sincero, abierto a la renovación. La Cuaresma es el tiempo en que permitimos que Dios nos purifique, nos restaure e infunda en nosotros un espíritu firme.

    El Evangelio (Lucas 11:29-32) continúa con este tema cuando Jesús habla de «la señal de Jonás». Así como Jonás fue una llamada de atención para Nínive, Jesús mismo es la señal definitiva: una invitación viva a la conversión. Pero advierte que las señales por sí solas no pueden cambiar un corazón; la apertura y la humildad deben seguirlas. Los habitantes de Nínive respondieron a Jonás con arrepentimiento, mientras que muchos en tiempos de Jesús se resistieron incluso cuando «algo mayor que Jonás» se presentó ante ellos.

    En nuestro camino a través de la Cuaresma, estas lecturas nos recuerdan que la conversión siempre es posible, siempre bienvenida y siempre recibida con misericordia. Dios no se cansa de llamarnos de vuelta. Incluso ahora, nos invita: «Vuelvan a mí de todo corazón».

    Que esta temporada sea un tiempo de reflexión sincera, fe renovada y regreso gozoso al Dios que nunca deja de buscarnos.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 25 de febrero de 2026


    Jueves de la primera semana de Cuaresma

    Confiar en Dios con confianza

    Las lecturas de hoy nos invitan a confiar en Dios con renovada seguridad. La reina Ester (Ester C:12, 14-16, 23-25), ante el peligro y sintiéndose completamente sola, se vuelve al Señor con total confianza, pidiéndole la fuerza y las palabras que necesita. Su oración demuestra que la valentía comienza cuando entregamos nuestros miedos a Dios.

    El salmo (Salmo 138:1-2ab, 2cde-3, 7c-8) refleja esta confianza: «Señor, el día que clamé por ayuda, me respondiste». Dios nos escucha, nos fortalece y completa la buena obra que comienza en nosotros.

    Jesús reafirma esta promesa en el Evangelio (Mateo 7:7-12): «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis». Dios se complace en dar buenos dones a sus hijos y nos llama a compartir esa misma generosidad y compasión con los demás.

    A medida que avanzamos en esta temporada, que podamos orar con la honestidad de Ester, confiar con la seguridad del salmista y vivir el llamado de Jesús a buscarlo y a amar a los demás como Él nos ama.

    Señor Dios, tú que nos escuchas cuando te clamamos, fortalece nuestra confianza en tu bondad. Danos el valor de Ester, la confianza del salmista y la perseverancia para buscarte en todo. Pon tus palabras en nuestros corazones y en nuestros labios, para que podamos llevar tu esperanza y tu misericordia a los demás. Guíanos hoy y siempre.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 26 de febrero de 2026


    Viernes de la primera semana de Cuaresma

    Nuevo corazón, nuevo comienzo

    Queridos hermanos y hermanas,

    Mientras transitamos por la serena gracia de la Cuaresma, las lecturas de hoy nos recuerdan algo que todos necesitamos escuchar de vez en cuando: el corazón de Dios siempre está inclinado hacia la misericordia.

    A través del profeta Ezequiel (Ezequiel 18:21-28), el Señor nos dice que no se complace en la caída de nadie, sino que se regocija cuando una persona se vuelve a Él y elige la vida. Cuando damos ese giro —sin importar cuánto tiempo hayamos estado desviados— Dios nos recibe con perdón y esperanza. Cada paso hacia el bien es honrado; cada retorno sincero es bienvenido. La Cuaresma, entonces, no se trata de vergüenza, sino de la posibilidad de empezar de nuevo.

    El Salmo (Salmo 130:1-2, 3-4, 5-7a, 7bc-8) da voz a la oración de un corazón que reconoce su propia debilidad. Es un clamor «desde lo más profundo», pero también está lleno de confianza. El salmista nos recuerda que ninguno de nosotros podría subsistir si Dios llevara un registro estricto de nuestros pecados; pero Dios elige el perdón. Su bondad y redención son más profundas que nuestras faltas, y nos invita a descansar en esa misericordia.

    En el Evangelio (Mateo 5:20-26), Jesús nos llama con dulzura pero con firmeza a la introspección. No basta con evitar las faltas externas; el verdadero discipulado comienza en el corazón. La ira, el resentimiento, las palabras hirientes y las relaciones rotas pueden pesar mucho en nuestra vida espiritual. Jesús nos insta a buscar la reconciliación —incluso antes de presentar nuestras ofrendas en el altar— porque sanar nuestras relaciones es parte de nuestra adoración a Dios. Esta es su invitación pastoral: deja que la paz eche raíces en tu corazón y que la misericordia guíe tus pasos.

    Mientras avanzamos en la Cuaresma, tal vez cada uno de nosotros pueda detenerse y preguntarse: ¿Dónde me invita Dios a regresar a Él? ¿A quién necesito acudir con perdón o comprensión? ¿Qué cargas llevo "desde lo más profundo" que Dios quiere aliviar de mi corazón?

    Que esta temporada sea un reencuentro apacible: un regreso a Dios, un regreso a los demás y un regreso a la paz que anhelamos. Que el Señor cree en nosotros el «corazón nuevo y el espíritu nuevo» que promete a todos los que se abren a su gracia.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 27 de febrero de 2026



    Sábado de la primera semana de Cuaresma: Recorriendo el camino del verdadero discipulado.

    Queridos hermanos y hermanas,

    Al continuar nuestro camino cuaresmal, las lecturas de hoy nos invitan a una mayor comprensión de la relación sagrada que Dios desea con cada uno de nosotros. En Deuteronomio (26:16-19), Moisés recuerda al pueblo que Dios los ha elegido —nos ha elegido— para ser «un pueblo suyo», llamándonos a seguir sus caminos con todo nuestro corazón y alma. La Cuaresma se convierte en un tiempo para renovar esta alianza, no por obligación, sino por amor. Dios anhela levantarnos, sanarnos y restaurarnos por completo.

    El Salmo responsorial (Salmo 119:1-2, 4-5, 7-8) refleja este anhelo: «Bienaventurados los que siguen la ley del Señor». Estas no son meras reglas; son caminos hacia la libertad. Cuando alineamos nuestro corazón con la voluntad de Dios, descubrimos la paz, la claridad y la alegría que solo Él puede dar.

    En el Evangelio (Mateo 5:43-48), Jesús profundiza aún más en este llamado: «Amen a sus enemigos… oren por quienes los persiguen». Estas palabras desafiantes nos recuerdan que la santidad no se mide simplemente por cómo tratamos a quienes nos tratan bien, sino por cómo respondemos cuando el amor se vuelve difícil. El amor de Dios es generoso: ilumina tanto a los buenos como a los malos. Cuando elegimos amar más allá de la comodidad, la conveniencia o la reciprocidad, reflejamos el corazón mismo de nuestro Padre Celestial.

    La Cuaresma es un tiempo de transformación. Las Escrituras de hoy nos invitan a preguntarnos: ¿Dónde me llama Dios a renovar mi compromiso con Él? ¿Quién en mi vida necesita perdón, paciencia o una oración, especialmente en los momentos difíciles? ¿Cómo puedo crecer hacia la santidad que Jesús describe: no la perfección como ausencia de defectos, sino la perfección como plenitud de amor?

    Que esta semana de Cuaresma nos acerque aún más al pacto de misericordia de Dios. Que caminemos en sus caminos con renovada confianza y apertura. Y que nuestros corazones se vuelvan más semejantes al suyo: firmes, compasivos y rebosantes de amor. Señor Jesús, guía nuestros pasos mientras te seguimos en esta Cuaresma. Fortalécenos en el amor, ablanda nuestros corazones con el perdón y ayúdanos a crecer como verdaderos discípulos. Que tu gracia nos acerque más a ti cada día.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 28 de febrero de 2026



    Segundo domingo de Cuaresma

    Fe: Salir de nuestra zona de confort

    Las lecturas de hoy nos recuerdan que la fe implica salir de nuestra zona de confort, tal como lo hizo Abraham (Génesis 12:1-4a), confiando en la promesa de Dios de ser una bendición para los demás. Cuando la vida parezca incierta, pongamos nuestra esperanza en la misericordia de Dios (Salmo 33:4-5, 18-19, 20, 22), sabiendo que la bondad nos rodea incluso en las dificultades.

    San Pablo (2 Timoteo 1:8b-10) nos anima a confiar en la fuerza de Dios, no en la nuestra, al afrontar los desafíos por causa del Evangelio. Y en el Evangelio (Mateo 17:1-9), Jesús nos da ánimos: «Levántense y no teman». Escuchémosle, encontremos valor y compartamos su amor con quienes nos rodean.

    El reto de esta semana: Acércate a alguien que lo necesite, ofrécele palabras de aliento y confía en que las promesas de Dios son para ti y para aquellos a quienes bendices.

    Que esta semana sea un tiempo para renovar nuestra confianza en Dios, para escuchar más atentamente a Jesús y para avanzar con fe, sabiendo que las promesas de Dios son seguras y que su misericordia nunca falla.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 1 de marzo de 2026



    Lunes de la segunda semana de Cuaresma

    Sé misericordioso

    Las lecturas de hoy nos recuerdan que la misericordia de Dios siempre supera nuestras faltas. La oración de Daniel (Daniel 9:4b-10) reconoce los pecados del pueblo, pero confía en la compasión y el perdón de Dios. El salmo (Salmo 79:8, 9, 11 y 13) se hace eco de esta confianza: «Señor, no nos trates conforme a nuestros pecados».

    En el Evangelio (Lucas 6:36-38), Jesús nos llama a imitar la misericordia del Padre. La Cuaresma no se trata solo de renunciar a cosas, sino de brindar misericordia libremente. Se nos invita a perdonar, a abstenernos de juzgar y a ofrecer generosidad sin medida.

    Que esta semana nos acerque más al amor sanador de Dios y que nuestros actos de misericordia reflejen la gracia que nosotros mismos recibimos de Dios.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 2 de marzo de 2026



    Martes de la segunda semana de Cuaresma

    Un nuevo corazón, un camino humilde

    Las lecturas de hoy nos adentran en la esencia de la Cuaresma: el llamado a un auténtico cambio interior.

    En la primera lectura (Isaías 1:10, 16-20), Isaías nos exhorta: «Lávense y purifíquense… aprendan a hacer el bien». Dios no busca personas perfectas, sino personas dispuestas a empezar de nuevo, a dejar que Él renueve su corazón. Aunque nuestros pecados sean tan rojos como la grana, Él promete dejarlos «blancos como la nieve». La Cuaresma es la invitación de Dios a la transformación: real, práctica y compasiva.

    El Salmo (Salmo 50:8-9, 16bc-17, 21 y 23) nos recuerda que Dios desea más la sinceridad que las apariencias. La fe no se mide solo por las acciones externas, sino por si nuestros corazones están alineados con la verdad, la justicia y la misericordia. Dios anhela una adoración que se refleje en la forma en que tratamos a los demás.

    En el Evangelio (Mateo 23:1-12), Jesús advierte contra las apariencias religiosas. Los escribas y fariseos enseñan bien, pero no viven de acuerdo con lo que enseñan. Su fe se centra en las apariencias: en ser vistos, honrados y admirados. Jesús transforma esta perspectiva. Su definición de grandeza es sencilla: «El mayor entre vosotros debe ser vuestro servidor». La humildad, el servicio y la integridad —no los títulos— son lo que distingue a un verdadero discípulo.

    Así pues, la Cuaresma nos invita a un examen sencillo y sincero: ¿Dónde necesito purificarme y empezar de nuevo? ¿Cómo puedo practicar la justicia y la misericordia de forma concreta esta semana? ¿Hay aspectos en los que me preocupo más por las apariencias que por la sinceridad? ¿Cómo puedo aliviar mis cargas en lugar de añadir más? Si permitimos que Dios toque nuestros corazones, la Cuaresma se convierte no en un tiempo de presión, sino en un tiempo de gracia, un tiempo en el que el Señor, con dulzura, «pone las cosas en orden en nuestro interior» y nos guía a una mayor profundidad en el humilde camino de Cristo.

    Que estas semanas renueven nuestros corazones, profundicen nuestra sinceridad y nos acerquen a Aquel que nos transforma con misericordia.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 3 de marzo de 2026



    Miércoles de la segunda semana de Cuaresma

    La verdadera grandeza a través del servicio.

    En la primera lectura (Jeremías 18:18-20), escuchamos el desgarrador clamor de Jeremías, traicionado por el mismo pueblo al que servía. Conspiran contra él, tergiversan sus palabras y le pagan su bondad con maldad. Jeremías se dirige a Dios y le pregunta: «¿Acaso el bien debe pagarse con maldad?».

    Este momento nos invita a reflexionar sobre nuestro propio discipulado. A veces, hacer lo correcto —decir la verdad, llamar a otros a la conversión— conlleva malentendidos, críticas o incluso rechazo. Jeremías nos recuerda que la fidelidad no se mide por cómo nos tratan, sino por cómo permanecemos firmes en Dios incluso en la adversidad.

    El salmo responsorial (Salmo 31:5-6, 14, 15-16) se convierte en la oración perfecta para la situación de Jeremías, y también para la nuestra. «Sálvame, Señor, por tu misericordia». Este no es un grito de derrota, sino una afirmación de confianza. Aun cuando la gente murmura, critica o conspira, el salmista proclama: «En ti confío, Señor… En tus manos está mi destino». La fe a veces significa depositar nuestros miedos, nuestras heridas y nuestras incertidumbres en las manos de Dios, creyendo que Él nos sostiene con más seguridad que cualquier poder terrenal.

    Jesús (Mateo 20:17-28) predice abiertamente su pasión: rechazo, sufrimiento, crucifixión y resurrección. Y justo después de esta solemne revelación, la madre de Santiago y Juan pide posiciones de honor en su reino. Jesús corrige con gentileza el malentendido:

    «¿Podrás beber del cáliz que yo voy a beber?» Su cáliz es de amor abnegado, no de gloria terrenal. Luego enseña la esencia del liderazgo y el discipulado cristianos: «El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor… el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir».

    Esto invierte los valores del mundo. La verdadera grandeza en el reino de Dios no proviene del poder, el estatus ni el reconocimiento, sino de la humildad, el servicio y el amor sacrificial.



    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 4 de marzo de 2026




    Jueves de la segunda semana de Cuaresma


    Enraizados en Dios, abiertos a los demás.


    Hermanos y hermanas, las lecturas de hoy nos invitan a examinar dónde depositamos nuestra confianza, cómo damos forma a nuestras vidas y a qué nos llevan finalmente nuestras decisiones.

    1. Confiar en Dios vs. Confiar en nosotros mismos

    Jeremías (Jeremías 17:5-10) establece un marcado contraste entre la persona que deposita su confianza únicamente en la fuerza humana —descrita como “un arbusto estéril en el desierto… en una tierra salada y vacía”— y la que deposita su confianza en el Señor, como “un árbol plantado junto a las aguas… cuyas hojas permanecen verdes”.

    Esta imagen nos invita a preguntarnos: ¿Confío únicamente en mí mismo, en mis planes, mis habilidades, mis recursos? ¿O permito que Dios nutra mi vida desde sus raíces?

    Jeremías también nos recuerda que el corazón humano es complejo —«más tortuoso que cualquier otra cosa»— y que solo Dios conoce nuestras verdaderas motivaciones. La Cuaresma es un tiempo sagrado para que Dios «escudriñe y ponga a prueba nuestro corazón» y así nos guíe hacia una conversión más profunda.

    2. El camino de los justos florece

    El Salmo responsorial (Salmo 1:1-2, 3, 4 y 6) continúa con el mismo tema: quien se deleita en la ley de Dios es «como un árbol plantado junto a corrientes de agua… cuyas hojas nunca se marchitan», un eco de la promesa de Jeremías. El salmo nos recuerda que la fidelidad nos da estabilidad, la oración y la reflexión nos reconfortan, y la estabilidad y la fecundidad no provienen del éxito, sino de estar arraigados en Dios. Mientras tanto, los impíos son «como la paja que el viento se lleva», una advertencia de que una vida sin fundamento espiritual, en última instancia, carece de peso y sustancia.

    3. Ver o no ver a nuestro prójimo

    En el Evangelio de Lucas (Lucas 16:19-31), Jesús presenta una parábola poderosa e inquietante. Un hombre rico vive cómodamente mientras Lázaro, un hombre que sufre, yace a su puerta, anhelando migajas. Tras la muerte, sus fortunas se invierten drásticamente: Lázaro encuentra consuelo y el rico sufre tormento. El pecado del rico no es la crueldad, sino la indiferencia. Ignoró a Lázaro a diario y no lo reconoció como un hermano. La Cuaresma nos pregunta: ¿quién está «a nuestra puerta»? ¿Quién en nuestra familia, parroquia o comunidad necesita ser visto, escuchado o alimentado, espiritual o físicamente? ¿En qué situaciones hemos permitido que la comodidad o las ocupaciones nos cieguen? Las últimas palabras de Abraham son impactantes: ni siquiera una señal milagrosa —«alguien que resucita de entre los muertos»— convencería a quienes ignoran la palabra de Dios. Es un recordatorio de que la conversión comienza con escuchar, con abrir nuestros corazones a las Escrituras y con permitir que la Palabra de Dios transforme nuestras vidas.

    En conclusión, las lecturas de hoy nos animan a una transformación cuaresmal tanto interna como externa: Conversión interna (examinar dónde depositamos nuestra confianza y permitir que Dios sane y moldee nuestros corazones) - Conversión externa (observar a las personas que Dios pone en nuestro camino y responder con misericordia, generosidad y compasión). En definitiva, las lecturas nos aseguran que una vida arraigada en Dios —como un árbol plantado junto al agua— puede resistir la sequía, dar fruto y brillar como una bendición para los demás.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 5 de marzo de 2026



    Viernes de la segunda semana de Cuaresma


    Dios saca algo bueno del rechazo.


    José y sus hermanos

    En la primera lectura (Génesis 37:3-28), presenciamos el dramático punto de inflexión en la vida de José. El profundo afecto de su padre Israel y el regalo de la túnica especial provocan celos y resentimiento en sus hermanos. Su envidia crece tanto que conspiran para matarlo y, finalmente, venderlo como esclavo. Esta escena nos recuerda lo destructivos que pueden ser los celos cuando no se controlan. Lo que comienza como un resentimiento silencioso rápidamente se convierte en violencia y traición. Sin embargo, incluso en esta tragedia, Dios está obrando. El salmo nos recuerda que Dios «envió delante de ellos a un hombre, José, vendido como esclavo», para que más tarde pudiera salvar a su pueblo durante la hambruna. Quizás no conspiremos para hacer daño como los hermanos de José, pero la envidia puede envenenar nuestras relaciones y cegarnos ante las bendiciones de Dios en nuestras vidas. La historia de José nos anima a confiar en que, incluso cuando las circunstancias parecen injustas, Dios está obrando silenciosamente para redimirnos.

    Dios obra a través del sufrimiento

    El salmo responsorial (Salmo 105:16-17, 18-19, 20-21) interpreta el sufrimiento de José a la luz de la fidelidad de Dios. Aunque José fue encadenado y humillado, «la palabra del Señor demostró su fidelidad» y Dios finalmente lo exaltó a una posición de gran responsabilidad. Nuestras pruebas pueden parecernos sin sentido en el momento, pero Dios tiene una visión completa. Lo que hoy padecemos podría convertirse mañana en la salvación de alguien más.

    Dios convierte el pecado humano en el camino mismo de la salvación.

    En el Evangelio (Mateo 21:33-46), Jesús narra la parábola de un terrateniente cuyos arrendatarios de confianza rechazan violentamente a cada siervo que envía y, finalmente, matan a su propio hijo para robarle la herencia. Los sumos sacerdotes y los ancianos comprenden que Jesús se refiere directamente a ellos, revelando su rechazo a los mensajeros de Dios y al mismo Jesús. Al igual que José en la primera lectura, el Hijo es traicionado, no por sus malas acciones, sino por los celos y el afán de control de los demás. Sin embargo, Jesús nos recuerda que «la piedra que desecharon los constructores se ha convertido en la piedra angular». Dios transforma el pecado humano en el camino de la salvación. Esta parábola nos invita a reflexionar sobre cómo resistimos las invitaciones de Dios. ¿Hay «mensajeros» en nuestra vida (las Escrituras, la conciencia, los pobres, la Iglesia) a quienes silenciamos o ignoramos porque nos interpelan? ¿Aceptamos al Hijo cuando viene a nosotros, o lo rechazamos para preservar nuestra comodidad?

    Hermanos y hermanas, Dios puede transformar los celos, el rechazo y el sufrimiento humanos en instrumentos de salvación. José, rechazado por sus hermanos, se convierte en su salvador. Jesús, rechazado por su propio pueblo, se convierte en la piedra angular del Reino de Dios. Lo que parece ser el final suele ser el comienzo de la obra más grandiosa de Dios. Ven, Señor, y transforma todo aquello en nuestras vidas que se sienta como traición, pérdida o incomprensión.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 6 de marzo de 2026



    Sábado de la segunda semana de Cuaresma

    Una fiesta de la misericordia en el corazón de la Cuaresma


    Hermanos y hermanas, la Cuaresma a menudo nos enfrenta a nuestra necesidad de misericordia, y las lecturas de hoy arrojan una luz suave pero inequívoca sobre el corazón de Dios, un corazón que nunca se cansa de perdonar.

    Miqueas (Miqueas 7:14-15, 18-20) habla de un Dios que «arroja nuestros pecados a las profundidades del mar» y no se deleita en la ira, sino en la compasión. Es una imagen impactante: Dios no solo pasa por alto nuestros errores, sino que los elimina activamente, eligiendo la misericordia sobre el juicio una y otra vez. Este es el Dios que pastorea a su pueblo, que restaura lo que se ha perdido, que recuerda sus promesas incluso cuando nosotros olvidamos las nuestras.

    El Evangelio (Lucas 15:1-3, 11-32) plasma esta misericordia en una de las parábolas más queridas de Jesús. La historia del hijo menor resulta dolorosamente familiar: inquietud, malas decisiones, el lento desmoronamiento de una vida alejada del Padre. Pero el punto de inflexión no reside en su miseria, sino en su recuerdo: «¡Cuántos obreros de mi Padre tienen más que suficiente…!» Recuerda la bondad que conoció, y ese recuerdo se convierte en la puerta al arrepentimiento.

    Lo que nos sorprende no es el regreso del hijo, sino la respuesta del padre. Actúa de una manera que ningún patriarca digno haría. Lo abraza antes de que termine de disculparse. Lo reconcilia antes de que el hijo pueda negociar su lugar. La misericordia es más rápida que el pecado.

    Y luego está el hijo mayor, cuyo resentimiento refleja nuestros propios momentos de mezquindad espiritual. Ha hecho todo «bien», pero su corazón se ha endurecido. Las palabras del padre son tan tiernas como las que se le dicen al hijo pródigo: «Todo lo que tengo es tuyo». La misericordia no es un recurso limitado; es una herencia familiar.

    La Cuaresma nos invita a ponernos en el lugar de ambos hijos, a volver a casa cuando nos hemos extraviado, a alegrarnos cuando otros regresan, a dejar que la misericordia de Dios transforme nuestros corazones para que podamos extenderla libremente.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 7 de marzo de 2026




    Tercer domingo de Cuaresma: Agua viva para el camino de la fe.

    Queridos hermanos y hermanas,

    Este domingo, las lecturas nos recuerdan la profunda sed que llevamos en el corazón: sed de esperanza, de sentido y de la presencia fiel de Dios. Al igual que el pueblo de Israel en el desierto en la primera lectura (Éxodo 17:3-7), nosotros también afrontamos momentos de duda, pero Dios permanece cerca y siempre provee.

    El Salmo (Salmo 95:1-2, 6-7, 8-9) nos invita a escuchar la voz del Señor con el corazón abierto, mientras que San Pablo (Romanos 5:1-2, 5-8) nos asegura que la fe en Cristo nos trae paz y un amor que nunca falla.

    En el Evangelio (Juan 4:5-42), Jesús le ofrece a la mujer samaritana el don del agua viva, recordándonos que solo Él puede satisfacer plenamente nuestras necesidades. Este encuentro nos recuerda que Dios nos busca, nos encuentra donde estamos y nos invita a adorarlo «en espíritu y en verdad». Al igual que la mujer samaritana, estamos llamados a compartir nuestras historias e invitar a otros a experimentar el amor transformador de Cristo.

    Por la intercesión de Santa Francisca de Roma, que esta semana sea para nuestra comunidad un tiempo de renovación espiritual y confianza en la gracia de Dios. Los invitamos, hermanos y hermanas, a vivir esta semana con el corazón abierto: busquen momentos de silencio para escuchar la voz de Dios, den gracias con alegría por sus dones y compartan su luz con quienes necesitan esperanza. Caminemos juntos hacia la fuente de agua viva, que es Cristo.

    ¡Feliz Día Internacional de la Mujer a todas las mujeres de nuestra parroquia! Felicitaciones a Arline Ramírez, nuestra Mujer del Año 2026.



    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 8 de marzo de 2026




    Lunes de la tercera semana de Cuaresma

    Cuando la sanación fluye como aguas tranquilas

    Queridos hermanos y hermanas,

    Las lecturas de hoy nos recuerdan que Dios a menudo obra a través de medios sencillos e inesperados.

    Naamán (2 Reyes 5:1-15ab) buscaba un milagro espectacular, pero su sanación llegó mediante un acto humilde: lavarse en el Jordán. Su historia nos invita a dejar de lado el orgullo y confiar en Dios, incluso cuando sus caminos parecen ordinarios.

    El salmo (Salmo 42:2, 3; 43:3, 4) revela una profunda verdad: nuestras almas anhelan al Dios vivo. Este anhelo es la silenciosa invitación de Dios, que nos acerca a Él.

    En el Evangelio (Lucas 4:24-30), Jesús sufre el rechazo de su propia gente porque no podían ver la obra de Dios en alguien tan conocido. Al igual que ellos, podemos pasar por alto las maneras en que Dios nos habla a través de personas y momentos cotidianos.

    Esta semana, como comunidad parroquial, permanezcamos abiertos a las suaves inspiraciones de Dios y reconozcamos su gracia en los momentos sencillos e inesperados de nuestra vida. Señor Dios, abre nuestros corazones a tus silenciosas invitaciones. Danos la humildad para seguirte adondequiera que nos guíes y la capacidad de ver tu gracia en los momentos cotidianos. Sana lo herido, fortalece lo débil y acércanos cada vez más a ti, el Dios vivo que anhelamos.



    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 9 de marzo de 2026



    Martes de la tercera semana de Cuaresma

    El viaje del corazón de regreso a la gracia

    Queridos hermanos y hermanas,

    En las lecturas de hoy, Dios nos invita a una experiencia más profunda de su misericordia, una que nos acompaña en nuestras luchas, nos guía con humildad y nos llama a perdonar de corazón.

    Caminando a través del fuego

    En la primera lectura (Daniel 3:25, 34-43), Azarías ora en medio de las llamas, reconociendo los pecados de su pueblo y suplicando: «No retires de nosotros tu misericordia… estamos abatidos… por nuestros pecados». No tiene ofrendas que dar, solo un corazón contrito y un espíritu humilde. Este se convierte en el verdadero sacrificio que Dios desea. Al igual que Azarías, nosotros también enfrentamos nuestras propias pruebas en la vida. Sin embargo, Dios nos acompaña en ellas, y nuestras tribulaciones pueden convertirse en momentos de gracia cuando le abrimos el corazón.

    Recuerda Tu misericordia

    El salmista (Salmo 25:4-5ab, 6 y 7bc, 8-9) nos enseña a orar: «Señor, muéstrame tus caminos… Guíame en tu verdad». Antes de pedir cualquier otra cosa, pide a Dios la guía, la verdad y la misericordia. En esta Cuaresma, este es también nuestro camino, permitiendo que Dios nos enseñe los caminos de la humildad, la justicia y la compasión.

    Regresa a mí

    El llamado de Dios es tierno (Joel 2:12-13): «Vuelvan a mí de todo corazón… porque soy clemente y misericordioso». Dios no busca la perfección; busca nuestros corazones. Cada paso que damos hacia Él se encuentra con su misericordia, que ya corre hacia nosotros.

    Perdonar sin contar

    Pedro (Mateo 18:21-35) le pregunta a Jesús con qué frecuencia debemos perdonar: «¿Hasta siete veces?». Jesús responde: «No siete… sino setenta y siete veces». Luego narra la parábola de un siervo al que se le perdonó una deuda enorme, pero que se niega a perdonar una pequeña. Esta historia refleja nuestras propias vidas. Dios nos ha mostrado una misericordia inmensa; estamos llamados a extender esa misma misericordia a los demás. Jesús nos recuerda que el perdón debe nacer «del corazón».

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 10 de marzo de 2026



    Miércoles de la tercera semana de Cuaresma

    Fe en acción

    Las lecturas de hoy nos invitan a redescubrir la belleza, la sabiduría y la cercanía de la ley de Dios, no como una carga, sino como un don.

    Una ley que da vida

    En Deuteronomio (Deuteronomio 4:1, 5-9), Moisés recuerda al pueblo que los mandamientos de Dios tienen como propósito ayudarlos a vivir y prosperar. Dios no es distante ni indiferente; es un Dios que camina cerca de su pueblo, guiándolos con amorosas enseñanzas. Moisés exhorta a Israel no solo a recordar estas enseñanzas, sino también a transmitirlas, porque la fe está hecha para ser vivida y compartida.

    Un Dios que habla y sustenta

    El salmo (Salmo 147:12-13, 15-16, 19-20) continúa con este tema, alabando a un Dios cuya palabra es lo suficientemente poderosa como para moldear la creación, enviar nieve, formar escarcha, fortalecer una ciudad y bendecir familias. La palabra de Dios no es abstracta; es activa, sustentadora y profundamente presente en la vida cotidiana.

    Jesús cumple la ley con amor.

    En el Evangelio (Mateo 5:17-19), Jesús deja claro que no vino a abolir la ley, sino a cumplirla. Profundiza en su significado, mostrando que los mandamientos nos guían no solo a la obediencia, sino también a la santidad y a una relación con Dios. La fidelidad en las pequeñas cosas importa. Cada decisión que tomamos para vivir según la voluntad de Dios se convierte en una luz para los demás.

    Estas lecturas nos recuerdan que la guía de Dios es un don, no una restricción. Nuestra fe debe ser recordada, vivida y transmitida en nuestros hogares, lugares de trabajo y comunidades. Jesús nos llama a cada uno a una vida de integridad, donde nuestras acciones concuerden con la fe que profesamos. Incluso nuestros actos más pequeños de fidelidad, bondad, honestidad y perdón contribuyen a construir el Reino de Dios.

    Que nosotros, como familia parroquial, acojamos la palabra de Dios con corazones agradecidos, la vivamos con alegría y la transmitamos a la próxima generación con amor.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 11 de marzo de 2026




    Jueves de la tercera semana de Cuaresma

    Fortaleciendo nuestra parroquia en unidad y misión.

    Las Escrituras nos recuerdan que Dios llama continuamente a su pueblo a escucharlo y a regresar a Él con un corazón sincero.

    Jeremías (Jeremías 7:23-28) lamenta que muchos le hayan dado la espalda a Dios, pero el Señor permanece paciente y misericordioso, invitándonos siempre a regresar.

    En esta Cuaresma, renovemos nuestra apertura a la voz de Dios (Salmo 95:1-2, 6-7, 8-9) a través de la oración, el silencio y la participación en la vida parroquial.

    El Evangelio (Lucas 11:14-23) enseña que un corazón dividido no puede subsistir. La unidad en nuestras familias, ministerios y comunidad parroquial es esencial para que el Reino de Dios florezca entre nosotros. ¿Existen divisiones en nuestras familias? ¿En nuestros ministerios parroquiales? ¿En nuestros propios corazones?

    Algunas aplicaciones pastorales para nuestra parroquia hoy: fortalecer nuestra escucha como comunidad (renovar la atención en: Escritura, Liturgia, los unos a los otros, las necesidades de los pobres y las iniciativas pastorales parroquiales (retiros, cursos bíblicos, pequeñas comunidades, etc.) – Sanar la división y construir la paz inspirados por los temas pastorales mensuales de nuestra parroquia que llaman al diálogo, la paz y la compasión (por ejemplo, Que cada ministerio se convierta en una escuela de reconciliación) - Reconocer el dedo de Dios obrando (en la vida parroquial, el “dedo de Dios” se manifiesta en pequeños actos: un voluntario sirviendo en silencio, un catequista animando a un niño, una familia que regresa a la confesión, un feligrés que participa en oportunidades de reflexión) - Compromiso con el discipulado misionero (tenemos una identidad misionera vibrante, especialmente en la visión del Centro Misionero de formar discípulos misioneros). Esta es, hermanos y hermanas, una expresión viva del Evangelio de hoy: “El que no recoge conmigo, desparrama”. Reunamos, no desparramemos, a través del servicio, la evangelización y el testimonio gozoso.

    Que podamos acoger la gracia de Dios, buscar la reconciliación y caminar juntos en la fe como discípulos misioneros comprometidos con la paz, la compasión y el servicio.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 12 de marzo de 2026




    Viernes de la tercera semana de Cuaresma

    Regreso al amor

    Las lecturas de hoy nos llevan a un tema único y poderoso: Dios nos llama a regresar a una vida marcada por el amor.

    En Oseas, el Señor invita a su pueblo a regresar para que Él pueda sanarlos, renovarlos y amarlos libremente. La misericordia de Dios no es reacia, sino restauradora, vivificante y siempre dispuesta a recibirnos en casa.

    El Salmo refleja este anhelo cuando Dios suplica: «Escucha mi voz». Él no desea agobiarnos, sino guiarnos, nutrirnos y bendecirnos, si tan solo le escuchamos.

    En el Evangelio, Jesús revela la esencia del discipulado: amar a Dios incondicionalmente y amar al prójimo generosamente. Estos dos mandamientos son el camino al Reino y la medida de toda vida de fidelidad.

    Mientras continuamos nuestro camino cuaresmal, que volvamos al amor, recibiendo la misericordia de Dios, escuchando su voz y eligiendo el amor en todo lo que hacemos.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 13 de marzo de 2026




    Sábado de la tercera semana de Cuaresma

    Regresa al Señor con un corazón humilde.

    Las lecturas de este sábado nos recuerdan el verdadero espíritu de la Cuaresma: volver al Señor con humildad y sinceridad.

    En la primera lectura (Oseas 6:1-6), el profeta Oseas nos presenta a un Dios que no abandona a su pueblo, sino que lo invita a regresar a la vida: «Nos ha herido, pero nos sanará; nos ha golpeado, pero vendará nuestras heridas». Sin embargo, Dios también rechaza un amor ligero, efímero, como el rocío de la mañana. Por eso afirma con firmeza: «Misericordia quiero, y no sacrificios». Dios desea un corazón que ame de verdad, no prácticas religiosas vacías.

    El salmista (Salmo 51:3-4, 18-19, 20-21ab) se hace eco de este mismo espíritu y lo convierte en oración: lo que agrada al Señor es un corazón contrito y humillado, un corazón que reconoce su fragilidad y se abre al perdón.

    En el Evangelio (Lucas 18:9-14), Jesús nos muestra dos actitudes muy diferentes ante Dios: el fariseo, confiado en sí mismo, se compara con los demás y se jacta de sus obras. Su oración está llena de orgullo. El publicano, en cambio, sabe que necesita misericordia y solo puede decir: «Señor, ten misericordia de mí, pecador». Jesús concluye que solo este último regresa a casa justificado, porque Dios mira la verdad del corazón, no las apariencias.

    Este mensaje es especialmente valioso para nuestra vida comunitaria: la fe no se mide por comparaciones ni apariencias, sino por un corazón que reconoce su necesidad de Dios y está dispuesto a amar a los demás.

    Que esta Cuaresma sea un tiempo para volver al Señor, dejando de lado el orgullo, la autosuficiencia y el juicio, y recibiendo la misericordia que Él siempre está dispuesto a darnos.



    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 14 de marzo de 2026




    Cuarto domingo de Cuaresma

    De ver a creer: El camino del ciego hacia la fe

    En este cuarto domingo de Cuaresma, llamado Domingo de Laetare («Alegraos»), la Iglesia nos invita a hacer una pausa en nuestro camino cuaresmal y permitir que la alegría que viene de Dios entre en nuestros corazones. Es un domingo que ilumina nuestras sombras y nos recuerda que el Señor ya está obrando en lo más profundo de nuestro ser.

    En primer lugar, se nos muestra (1 Samuel 16:1b, 6-7, 10-13a) que Dios no se fija en las apariencias, sino en lo que mora en el interior de cada persona. Así como escogió a David —pequeño a los ojos del mundo, pero grande a los ojos del Señor—, así también mira nuestros corazones con ternura y verdad.

    El Salmo (Salmo 23:1–3a, 3b–4, 5, 6) nos asegura que no caminamos solos: incluso en los momentos más oscuros, el Buen Pastor nos sostiene y nos guía. Este día es una invitación a respirar profundamente y a confiar una vez más en su fiel presencia.

    San Pablo (Efesios 5:8-14) nos recuerda que no solo recibimos la luz de Cristo, sino que estamos llamados a reflejarla. Vivir como hijos de la luz significa permitir que Él ilumine nuestras decisiones y sane aquellas áreas donde aún persisten las sombras.

    El Evangelio (Juan 9:1-41) del hombre que nació ciego nos muestra que la fe es un camino de encuentro progresivo con Jesús: verlo primero como hombre, luego como profeta, hasta finalmente reconocerlo como Señor. La verdadera ceguera no está en los ojos, sino en un corazón que se cierra a sí mismo.

    Finalmente, Jesús nos hace una pregunta sencilla y profunda: "¿Quieren ver?". Ver nuestras propias fragilidades sin temor, ver a los demás con misericordia, ver a Dios obrando en las pequeñas cosas de cada día. Permitir que Cristo nos abra los ojos es permitir que nazca en nuestro interior una alegría auténtica.



    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 15 de marzo de 2026



    Lunes de la cuarta semana de Cuaresma

    Una novedad nacida en la fe

    Las lecturas de hoy nos recuerdan el deseo de Dios de renovar nuestras vidas y llenarnos de esperanza.

    Isaías (Isaías 65:17-21) promete “cielos nuevos y tierra nueva”, donde la tristeza y el temor darán paso a la alegría y la plenitud de la vida.

    El Salmo (Salmo 30:2 y 4, 5-6, 11-12a y 13b) refleja esta esperanza: Dios nos rescata de la oscuridad y transforma nuestro luto en alegría. Se nos invita a reconocer su mano salvadora en nuestras luchas diarias.

    Amós nos invita a seguir un camino sencillo pero poderoso: «Buscad el bien y no el mal, para que viváis». Elegir la bondad —la paciencia, la amabilidad, el perdón— permite que la presencia de Dios florezca en nuestra parroquia.

    Finalmente, en el Evangelio (Juan 4:43-54), el funcionario real demuestra una fe que le permite creer en la palabra de Jesús incluso antes de presenciar el milagro. Su confianza trae consigo la sanación y lleva a toda su familia a creer.

    Que estas lecturas nos animen a confiar más profundamente, a buscar el bien y a acoger la novedad que Dios quiere crear en nuestra comunidad.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 16 de marzo de 2026



    Martes de la cuarta semana de Cuaresma

    Que el Señor inunde tu vida con su amor.


    La visión de Ezequiel (Ezequiel 47:1-9, 12) muestra cómo la gracia de Dios comienza como un pequeño arroyo que crece hasta convertirse en un río que trae vida. Dios obra de la misma manera en nosotros: silenciosamente al principio, y luego con poder cuando abrimos nuestros corazones.

    El Salmo (Salmo 46:2-3, 5-6, 8-9) nos recuerda que Dios es nuestro refugio seguro, incluso cuando la vida parece tambalearse.

    En el Evangelio (Juan 5:1-16), Jesús pregunta: "¿Quieren estar bien?". Su invitación no es solo para sanar, sino para renovar la esperanza.

    Hoy, el Señor se acerca a nuestras heridas y cansancio y con dulzura nos dice: “Levántate y anda. Yo estoy contigo”.

    ¡Feliz Día de San Patricio!

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 17 de marzo de 2026




    Miércoles de la cuarta semana de Cuaresma

    La misericordia inagotable de Dios

    Las lecturas de hoy nos invitan a contemplar el tierno y fiel amor de Dios.

    El profeta Isaías (Isaías 49:8-15) proclama que el Señor jamás olvida a su pueblo; incluso cuando todo parece perdido, nos asegura: «Aunque una madre te olvide, yo jamás te olvidaré». Esta promesa fortalece el corazón en tiempos de prueba.

    El salmo (Salmo 145:8-9, 13cd-14, 17-18) responde con un cántico de confianza: el Señor es compasivo, misericordioso y cercano a todos los que lo invocan. Su amor no se cansa; su bondad levanta a los caídos y alivia a los afligidos.

    En el Evangelio (Juan 5:17-30), Jesús revela que el Padre siempre está obrando para darnos vida, y que el Hijo actúa con esa misma misericordia. Su voz nos llama a salir de nuestras tinieblas y nos invita a pasar de la muerte a la vida.

    Que esta certeza renueve nuestra esperanza y fortalezca nuestra fe, ayudándonos a reconocer la obra constante de Dios en nuestra historia y a proclamarla con alegría. San Cirilo de Jerusalén, ruega por nosotros.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 18 de marzo de 2026




    Solemnidad de San José, esposo de la Santísima Virgen María.

    Enraizados en la fidelidad de Dios

    Hoy recordamos que Dios es quien construye: nuestros hogares, nuestro futuro y los cimientos mismos de nuestra fe.

    En la primera lectura (2 Samuel 7:4-5a, 12-14a, 16), Dios le promete a David un reino que perdurará para siempre, no por la fuerza humana sino por la fidelidad infalible de Dios.

    El salmo (Salmo 89:2-3, 4-5, 27 y 29) refleja este amor constante, alabando a Dios cuya bondad es eterna. Cuando la vida parece incierta, podemos confiar en promesas que permanecen inmutables.

    San Pablo (Romanos 4:13, 16-18, 22) nos remite a Abraham, quien esperó «contra toda esperanza» y creyó incluso cuando la promesa parecía imposible. Su fe nos anima a confiar en Dios cuando las circunstancias ponen a prueba nuestra paz.

    En el Evangelio (Lucas 2:41-51a), encontramos a Jesús en la casa de su Padre, escuchando y haciendo preguntas, creciendo en sabiduría y arraigado en el amor de Dios. Al igual que María y José, a veces buscamos con ansiedad, pero Dios siempre está obrando, a menudo de maneras silenciosas y discretas.

    Confiemos en la fidelidad de Dios, mantengamos la esperanza, alabemos a Dios por sus promesas y ayudémonos mutuamente a crecer en la fe y el amor.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 19 de marzo de 2026




    Viernes de la cuarta semana de Cuaresma

    Gracia que fortalece el corazón

    Caminando con el único

    Las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre la tensión entre los caminos de Dios y los caminos del mundo.

    La primera lectura del Libro de la Sabiduría (Sabiduría 2:1a, 12-22) describe cómo quienes rechazan a Dios se sienten amenazados por la vida de una persona justa. El simple hecho de ver a alguien que vive con integridad los desafía, por lo que responden con hostilidad. Esto prefigura a Cristo mismo, el inocente cuya bondad expone la oscuridad, pero cuya paciencia y mansedumbre permanecen.

    El Señor está cerca de los quebrantados de corazón.

    El Salmo responsorial (Salmo 34:17-18, 19-20, 21 y 23) nos asegura que Dios escucha el clamor de los que sufren y salva a los desanimados. Incluso cuando la vida se siente pesada o injusta, Dios no abandona a su pueblo. Como parroquia, estamos invitados a reflejar esta ternura para acompañar a los que sufren, escuchar a los desanimados y ofrecer esperanza a quienes llevan cargas ocultas.

    Su hora aún no había llegado.

    En el Evangelio (Juan 7:1-2, 10, 25-30), Jesús actúa con cautela porque su vida corre peligro, pero aun así asiste al banquete y enseña abiertamente. La gente está confundida; reconocen su autoridad, pero dudan porque «saben de dónde viene». Jesús revela la verdad más profunda: viene del Padre. Aunque algunos intentan arrestarlo, no pueden, porque su hora aún no ha llegado. El plan de Dios se desarrolla en el tiempo de Dios.

    Un mensaje para nuestra comunidad

    Estas lecturas nos invitan a preguntarnos: ¿vivimos nuestra fe con valentía y mansedumbre? ¿Permanecemos fieles incluso cuando somos incomprendidos? ¿Confiamos en que Dios nos acompaña en el sufrimiento? ¿Podemos entregarnos al tiempo de Dios en lugar del nuestro? Como parroquia, que seamos un lugar donde la justicia, la compasión y la esperanza se vivan a diario.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 20 de marzo de 2026




    Sábado de la cuarta semana de Cuaresma

    Fe en tiempos de desafío: confianza y unidad


    Las lecturas de hoy nos recuerdan que la fidelidad a Dios a veces puede dar lugar a malentendidos u oposición.

    Al igual que Jeremías (Jeremías 11:18-20), que sufrió una traición, estamos llamados a encomendar nuestras luchas al Señor, sabiendo que Él escudriña los corazones y defiende a los justos.

    El salmo (Salmo 7:2-3, 9bc-10, 11-12) refleja esta confianza: «Oh Señor, Dios mío, en ti me refugio». Como parroquia, estamos invitados a ser una comunidad donde las personas encuentren refugio, donde la compasión, la escucha y el apoyo reflejen la protección de Dios.

    En el Evangelio (Juan 7:40-53), las palabras de Jesús provocan división, pero incluso los guardias reconocen la singularidad de su mensaje. Nicodemo demuestra valentía al defender lo correcto, aun cuando es impopular. Nosotros también estamos llamados a defender la verdad con humildad y apertura.

    A medida que avanzamos en la Cuaresma, que podamos profundizar nuestra confianza en Dios, responder a los desafíos con gracia y cultivar una comunidad parroquial donde crezcan la comprensión y la unidad.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 21 de marzo de 2026




    Quinto domingo de Cuaresma

    Caminando hacia una nueva vida en Cristo


    Queridos hermanos y hermanas,

    En este quinto domingo de Cuaresma, nos acercamos al misterio de la Resurrección. Oramos especialmente por nuestros hermanos y hermanas de la OCIA al celebrar su tercer escrutinio.

    Ezequiel (Ezequiel 37:12-14) nos recuerda que el Espíritu de Dios trae vida donde todo parece seco o roto, renovando a su pueblo y llamándolo de nuevo a Él.

    San Pablo (Romanos 8:8-11) afirma que este mismo Espíritu ya habita en nosotros, dándonos fuerza, libertad y guía mientras caminamos por la fe.

    En el Evangelio de hoy (Juan 11:1-45), Jesús muestra tanto su humanidad como su divinidad, compartiendo el dolor de Marta y María, y luego llamando a Lázaro de la tumba. Su declaración: «Yo soy la resurrección y la vida», es una invitación para que cada uno de nosotros renazca a una nueva vida.

    Mediante el bautismo, estamos llamados a desprendernos del viejo yo y a vivir como un pueblo renovado, marcado por la paz, el amor, la misericordia, la alegría y la justicia.

    Que esta Cuaresma abra nuestros corazones al poder transformador del Espíritu.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 22 de marzo de 2026






    Lunes de la quinta semana de Cuaresma

    Recorriendo el camino de la misericordia


    Las Escrituras de hoy nos invitan a reflexionar sobre la justicia, la misericordia y el Dios que verdaderamente ve el corazón.

    En la historia de Susana (Daniel 13:1-9, 15-17, 19-30, 33-62 o 13:41c-62), una mujer inocente es víctima de las mentiras de hombres poderosos. Ella elige la fidelidad por encima de la transigencia, confiando en que Dios conoce la verdad incluso cuando otros la ignoran. Y Dios interviene, levantando a Daniel para que destape la injusticia. Dios defiende a los inocentes y saca a la luz lo oculto.

    En el Evangelio (Juan 8:1-11), una mujer sorprendida en pecado es llevada ante Jesús. Sus acusadores buscan castigo, no conversión. Pero Jesús los interpela: «El que de vosotros esté libre de pecado, que arroje la primera piedra». Una a una, las piedras caen. Solo Jesús, el inocente, no ofrece condenación, sino un nuevo comienzo: «Yo tampoco te condeno. Vete y no peques más». Mientras que Susana es vindicada en su inocencia, la mujer del Evangelio es restaurada en su pecado. Ambas reciben la misericordia de Dios: una mediante la justicia, la otra mediante el perdón.

    Mientras continuamos nuestro camino cuaresmal, estas lecturas nos invitan a preguntarnos: ¿Confiamos en Dios cuando somos juzgados injustamente? ¿Ofrecemos a los demás la misma misericordia que esperamos recibir? ¿Creemos en el poder de Dios para darnos una nueva oportunidad?

    Que nuestros corazones crezcan en valentía y compasión, reflejando al Dios que nos ve plenamente y nos ama completamente.


    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 23 de marzo de 2026





    Martes de la quinta semana de Cuaresma

    Esperanza en la Cruz


    En el desierto (Números 21:4-9), los israelitas se cansaron y se quejaron; sin embargo, al volverse a Dios, Él les ofreció sanación mediante la serpiente de bronce. De la misma manera, Cristo, elevado en la cruz, se convierte en nuestra fuente de misericordia, renovación y esperanza.

    El Salmo (Salmo 102:2-3, 16-18, 19-21) nos recuerda: «Oh Señor, escucha mi oración». Dios escucha el clamor de cada corazón, de cada familia, de cada parroquia que busca su ayuda.

    Jesús nos dice en el Evangelio (Juan 8:21-30): «Cuando levanten al Hijo del Hombre, comprenderán que yo soy». Mirar a Cristo nos lleva del desaliento a la fe, del miedo a la confianza.

    Que esta semana sea un tiempo para elevar nuestra mirada a la Cruz y permitir que Dios renueve nuestra comunidad parroquial. Mi hermano y mi hermana dedican un momento cada día de esta semana a detenerse, contemplar la Cruz y orar por la renovación de nuestra parroquia.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 24 de marzo de 2026

     



    Solemnidad de la Anunciación del Señor

    Con María, Dios está con nosotros.

    Las lecturas de hoy nos recuerdan la presencia inquebrantable de Dios y nuestro llamado a confiar en su plan.

    Isaías (Isaías 7:10-14; 8:10) anuncia la señal de Emmanuel —Dios con nosotros—, una promesa que se cumple en el humilde «sí» de María. A través de su apertura, Cristo entra en el mundo como aquel que viene «a hacer la voluntad del Padre».

    La Carta a los Hebreos (Hebreos 10:4-10) nos muestra que la obediencia de Jesús, y no el sacrificio, trae la verdadera redención.

    Al igual que María (Lucas 1:26-38), estamos invitados a responder con fe, incluso cuando el llamado de Dios parezca inesperado o desafiante.

    Que nuestra oración diaria haga eco del salmista: “Aquí estoy, Señor; vengo a hacer tu voluntad”.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 25 de marzo de 2026




    Jueves de la quinta semana de Cuaresma

    Pueblo del Pacto: Llamados a confiar, recordar y seguir


    Las lecturas de hoy nos recuerdan la inquebrantable fidelidad de Dios.

    En Génesis (Génesis 17:3-9), Dios renueva su pacto con Abraham, dándole un nuevo nombre y una nueva misión. Este mismo Dios fiel continúa acompañándonos, invitándonos a una relación viva basada en la confianza.

    El salmo (Salmo 105:4-5, 6-7, 8-9) repite el mensaje que a menudo necesitamos escuchar: «El Señor recuerda su pacto para siempre». Incluso cuando luchamos o lo olvidamos, Dios permanece firme y fiel.

    En el Evangelio (Juan 8:51-59), Jesús revela su identidad divina: «Antes de que Abraham existiera, yo soy». Él no solo cumple las promesas de Dios, sino que es la presencia misma de Dios entre nosotros. Al acercarnos a la Semana Santa, se nos invita a renovar nuestra fe en Aquel que nos ofrece la vida eterna.

    Que recordemos la fidelidad de Dios y guardemos su palabra con corazones abiertos y confiados.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 26 de marzo de 2026





    Viernes de la quinta semana de Cuaresma

    Confía en el Señor en tiempos de prueba.

    Al acercarse el final de la Cuaresma, las lecturas de hoy nos recuerdan que la fe a menudo se pone a prueba en momentos de adversidad.

    Jeremías (Jeremías 20:10-13) se enfrenta a la traición y a las amenazas, pero proclama con confianza: «El Señor está conmigo, como un poderoso campeón».

    El salmo responsorial (Salmo 18:2-3a, 3bc-4, 5-6, 7) se hace eco de esta confianza, asegurándonos que Dios escucha nuestros clamores y sigue siendo nuestro refugio en toda dificultad.

    En el Evangelio (Juan 10:31-42), Jesús afronta la hostilidad con serena verdad. Acusado de blasfemia, señala sus obras como prueba de la presencia del Padre en su interior. Aun en medio del rechazo, Jesús continúa su misión de revelar el amor de Dios.

    En conjunto, estas lecturas nos animan a confiar en Dios cuando nos sentimos incomprendidos, criticados o temerosos. Al entrar en los últimos días de Cuaresma, que busquemos el valor para permanecer fieles y responder a las dificultades con la paz y la fortaleza que provienen de Cristo.

    Al acercarnos a la Pasión del Señor, se nos invita a preguntarnos: ¿Dónde experimento miedo, críticas o incomprensión? ¿Cómo me llama Dios a confiar más profundamente en Él? ¿Cómo puedo dar testimonio del amor de Cristo incluso en los momentos difíciles?

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 27 de marzo de 2026





    Sábado de la quinta semana de Cuaresma

    Reunidos en uno solo


    La promesa de Dios a lo largo de las lecturas de hoy es clara: desea reunir a su pueblo, sanar lo que está dividido y habitar entre ellos. A través del profeta Ezequiel, el Señor promete un solo pastor, un solo pueblo y un pacto de paz duradero.

    El salmo responsorial evoca esta tierna imagen de Dios como pastor. Incluso después de la dispersión causada por el pecado y el sufrimiento, el Señor no abandona a su rebaño. Al contrario, lo protege, lo redime, lo consuela y transforma el luto en alegría. Esto nos recuerda que la restauración no es solo comunitaria, sino también personal: Dios acoge con cariño a cada corazón herido.

    En el Evangelio, esta promesa se cumple en Jesús, quien da su vida para reunir a los hijos de Dios dispersos en una sola familia.

    Como comunidad parroquial, estas lecturas nos invitan a preguntarnos: ¿Permitimos que Cristo nos reúna más profundamente como un solo cuerpo? ¿Existen divisiones, resentimientos o temores que nos mantienen separados? El sacrificio de Cristo no es solo para el mundo entero, sino también para nuestras familias, nuestra parroquia y nuestros propios corazones.

    Al acercarnos a la Semana Santa, recordamos que el plan de Dios para la unidad pasa por la Cruz. Pero no termina ahí. La promesa permanece: «Mi morada estará con ellos; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo». En Cristo, Dios ya nos está reuniendo, si estamos dispuestos a seguir a nuestro Pastor.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 28 de marzo de 2026





    Domingo de Ramos de la Pasión del Señor

    La esperanza renace en las manos de un Dios amoroso.


    Queridos hermanos y hermanas,

    Al comenzar la Semana Santa, caminamos con Cristo hacia el misterio de su Pasión.

    Isaías (Isaías 50:4-7) nos muestra al siervo que no se aparta del sufrimiento.

    El Salmo (Salmo 22:8-9, 17-18, 19-20, 23-24) da voz a un clamor que resuena desde la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

    Jesús abraza libremente la humildad y la obediencia (Filipenses 2:6-11), incluso hasta la muerte, confiando completamente en el Padre.

    En la Pasión (Mateo 26:14—27:66), vemos revelados tanto la debilidad humana como el amor divino.

    Que esta semana nos acerque más a Cristo, que endurece su rostro como el pedernal y nos conduce a través de la cruz hacia la resurrección.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 29 de marzo de 2026






    Lunes de Semana Santa

    Discipulado a través del servicio silencioso y el amor.


    Las lecturas de hoy nos invitan a la fidelidad silenciosa, la confianza y el amor generoso.

    Isaías (Isaías 42:1-7) nos muestra a un siervo que trae justicia con gentileza, sanando lo frágil y convirtiéndose en una luz para las naciones.

    El salmo (Salmo 27:1, 2, 3, 13-14) nos recuerda que el Señor es nuestra luz y salvación, incluso en tiempos de temor.

    En el Evangelio (Juan 12:1-11), María de Betania derrama un costoso perfume a los pies de Jesús, ofreciendo un acto de amor que es incomprendido pero profundamente fiel.

    En conjunto, estas lecturas nos invitan a servir con compasión, a confiar en Dios con valentía y a entregarnos libremente por amor.

    Como comunidad parroquial, estamos llamados a ser luz los unos para los otros y para el mundo: protegiendo lo frágil, manteniéndonos firmes en la esperanza y ofreciendo a Cristo nuestra devoción sincera. Que sepamos reconocer los momentos en que debemos derramar nuestro amor libremente, y que nuestras vidas, como la ofrenda de María, se conviertan en una fragancia que llene la casa de Dios.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 30 de marzo de 2026





    Martes de Semana Santa

    Llamados a ser luz


    Las lecturas de hoy nos recuerdan que Dios nos llama a cada uno de nosotros con un propósito, incluso cuando nos sentimos débiles o indignos.

    Isaías (Isaías 49:1-6) nos dice que el plan de Dios va más allá de nuestros fracasos, convirtiéndonos en una luz para los demás.

    El Salmo responsorial (Salmo 71:1-2, 3-4a, 5ab-6ab, 15 y 17) refleja esta confianza. El salmista proclama su fe en Dios desde la juventud hasta la vejez, declarando: «En ti confío desde que nací; desde el vientre de mi madre eres mi fortaleza». Incluso en medio del peligro y la incertidumbre, la respuesta permanece constante: «Cantaré tu salvación». Este estribillo se convierte en un modelo para nuestra propia oración, eligiendo la alabanza y la esperanza incluso cuando las circunstancias nos tientan al miedo o al desaliento.

    En el Evangelio (Juan 13:21-33, 36-38), vemos traición y negación, sin embargo, Jesús continúa caminando por el camino del amor y la gloria.

    Como parroquia, confiamos en que la misericordia de Dios es mayor que nuestros errores y nos invita a seguir a Cristo con esperanza.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 31 de marzo de 2026




    Miércoles de Semana Santa

    Amor fiel frente a la traición


    Las lecturas de hoy nos recuerdan que seguir a Dios fielmente no siempre es fácil.

    Isaías (Isaías 50:4-9a) muestra al siervo que escucha a Dios y soporta el sufrimiento con confianza.

    El Salmo (Salmo 69:8-10, 21-22, 31 y 33-34) da voz al dolor, pero se aferra a la esperanza en el amor de Dios.

    En el Evangelio (Mateo 26:14-25), Jesús afronta la traición con serena obediencia y amor abnegado.

    Estas lecturas nos invitan a examinar nuestra propia fidelidad y a permanecer cerca de Cristo, especialmente en los momentos de prueba. Señor Jesús, danos corazones que escuchen, confíen y permanezcan fieles incluso en el sufrimiento. Fortalécenos para seguirte con valentía y amor.

     

    Padre Sébastien SASA, PhD, MPA

    Párroco de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo

    West Valley City, 1 de abril de 2026